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Izquierda Institucional o la Izquierda del Capitalismo

por Marcos Roitman Rosenmann
No cabe duda, la obligación de adjetivar las conductas de los partidos socialdemócratas y progresistas como pertenecientes a la izquierda trae consigo ejercicios teórico-ideológicos propios de un malabarismo intelectual. Es común hablar de la existencia de una izquierda institucional, sobre todo cuando nos referimos a organizaciones políticas cuyas bases doctrinales no cuestionan el capitalismo, factor suficiente para negarles el calificativo de izquierdas. 
No debemos olvidar que la socialdemocracia y los llamados reformistas no compartían las premisas del capitalismo. La estrategia cuestionada era la forma de enfrentarlo, la transición al socialismo. El dilema se expresaba dualmente: reforma o revolución. Ahora, el problema es otro. Quienes se autodefinen pertenecientes a la izquierda institucional comparten y aceptan las reglas del juego de la economía de mercado. El hacerlo trae consigo consecuencias inmediatas. Su decisión conlleva avalar el proceso de concentración y centralización del capital como mecanismo para la creación de riqueza. Por consiguiente, dentro de sus programas desaparece la crítica de fondo a las relaciones sociales de explotación sobre las cuales, el capitalismo, construye y ejerce el poder político. 
Los militantes de esta nueva izquierda institucional, parecen sentirse cómodos navegando en las aguas del capital. Eso sí, para justificar el abandono de la lucha anticapitalista, la izquierda institucional y la socialdemocracia utilizan argumentos maniqueos y pedestres. Su lógica consiste en negar la lucha de clases y la división social del trabajo basada en la propiedad privada de los medios de producción. De su lenguaje han desaparecido, por arte de magia, los capitalistas y con ello la dualidad explotados-explotadores. Asumen, sin cuestionar, una visión del mundo donde el imperialismo y los intereses depredadores de las trasnacionales se esfuman en pro de la ideología de la globalización. Sin explicación coherente enfatizan el sentido armónico de la globalización, promoviendo una gestión de la crisis con rostro humano. Según ellos, todos somos responsables y debemos compartir costos. Así sugieren un pacto estratégico entre trabajadores y empresarios, considerándolos parte de un mismo equipo con las mismas metas. De esta manera, nadie quedaría excluido de los beneficios de un trabajo solidario. Ni ganadores ni perdedores. Si actuamos con tino, nadie se verá perjudicado. Es el dilema del prisionero extrapolado ante las relaciones sociales de explotación. Si se coopera se consiguen los objetivos, todos obtienen beneficios. Los trabajadores mantienen su empleo, aunque sea en peores condiciones, y los empresarios, ya nunca más capitalistas, verán aumentar sus ganancias y con ello invertirán, incrementándose el producto interno bruto. Un verdadero pacto de caballeros. Puestos en esta lógica, el quid del capitalismo cambia de eje, no se encontraría en las relaciones de explotación. Su sitio se ubicaría, a partir de ahora, en la fuerza autorregulada de la economía de mercado para satisfacer las necesidades de los consumidores.
Para la nueva izquierda institucional y la socialdemocracia, el capitalismo debe redefinirse como un sistema político destinado a generalizar los beneficios de la economía de mercado. Con ello, lo importante es consumir, no importa qué, cómo y cuándo. Se trata de garantizar el acceso al mercado y formar parte de un ejército de consumidores diferenciados por la calidad y la cantidad de los productos que adquiere. Unos comerán angulas, caviar, beberán champagne, conducirán Lambordinis, Mercedes Benz , irán de vacaciones en yates y viajarán en primera clase; otros, en cambio, deberán conformarse con sucedáneos, imaginarse unas vacaciones virtuales, utilizar el transporte público, consumir gaseosas o tomar agua no contaminada, en el mejor de los casos. Pero tampoco se olvidan de los menos agraciados, quienes sobreviven con menos de un dólar al día o simplemente no tienen ni eso. Para este sector social les aplican el criterio de políticas para pobres. Podrán comer, tendrán un trabajo precario, y se verán avocados a la miseria, la exclusión y la marginalidad. Pero siempre tendrán una opción de salir adelante, en sí son capital humano y ese es su máximo activo. El mercado está siempre atento para recibirlos con las manos abiertas.
En otro orden de cosas, la izquierda institucional traslada el debate de la ciudadanía plena y la centralidad de la política a la esfera de la eficiencia y la racionalidad económica para lograr un mejor funcionamiento del mercado. No tienen empacho en señalar que están actuando en beneficio de todos y en favor del progreso de la humanidad. Muy a su pesar, sólo les queda constatar la pérdida de los derechos laborales, sindicales y políticos en beneficio de la comunidad del mercado. Cómplices del secuestro de la democracia, se manifiestan en pro de los tratados de libre mercado, las trasnacionales y los grandes capitalistas. Asimilados a los postulados del capitalismo se han transformados en sus cancerberos. Adoptan la función del policía bueno. Mientras critican las maneras políticas de la derecha neoliberal y conservadora, ellos encarnan, dicen, el bien común y la moral pública. Pero ambos son la cara y cruz de una misma moneda y comparten un mismo objeto, doblegar la voluntad de las clases populares. Para ellos no hay alternativa al sistema, es mejor someterse y vivir de acuerdo a las leyes del mercado. Luchar contra el capitalismo es un suicidio, porque éste siempre gana.
No hay por donde equivocarse, gracias a la izquierda institucional y la socialdemocracia, el capitalismo se reinventa y queda absuelto de ser un orden de violencia, deshumanizante, asentado en la desigualdad, la explotación y la injusticia social. Por consiguiente, es mejor llamar las cosas por su nombre y quitarle la máscara a esta nueva izquierda y sus aliados socialdemócratas. Es más apropiado llamarla izquierda del capitalismo, concepto apegado a sus prácticas y claudicaciones estratégicas de lucha anticapitalista. Por este motivo, démosle la bienvenida, poniendo al descubierto sus espurios intereses que consisten en mantener inalteradas las estructuras de explotación inherentes al modo de producción capitalista.
Extraido de La Jornada
 Título Original: “La izquierda del capitalismo”

Exclusión Aérea, el Confuso Nombre de la Guerra Libia

por Tarak Barkawi (*)
Los fantasmas balcánicos de la década de 1990 están de regreso: zonas de exclusión de vuelos, la guerra humanitaria de Washington, Europa y la ONU, las garantías de que no se desplegarán tropas estadounidenses y una ofensiva aérea que por sí sola no puede alterar lo que pasa a ras del suelo.
Con los términos leguleyos con los cuales la comunidad internacional reconoce con repugnancia que una guerra está en marcha, la ONU (Organización de las Naciones Unidas) resolvió proteger a los civiles y crear un “cordón sanitario” en torno del país apestado, en este caso Libia.

Pero hay demasiados ecos de las terribles guerras de la partición de Yugoslavia, cuando se instauró la idea de que se podía bombardear una población con fines humanitarios.

El lenguaje de la guerra liberal puede fluir tan suavemente como el crudo ligero de los yacimientos libios, pero esta vez incluso los más creyentes parecen haberse quedado sin gasolina.

Pocos críticos se han molestado siquiera en señalar la selectividad obvia de la medida tomada contra Libia.

Cuando el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dijo que la comunidad internacional no podía permanecer pasiva ante el brutal ataque de un tirano contra su pueblo, se refería específicamente a uno, el líder libio Muammar Gadafi.

Y el Consejo de Seguridad de la ONU ofreció su beatífica protección sólo a algunos civiles libios, pero no a los sirios, yemeníes, palestinos ni bahreiníes. Mucho menos a los que sufren violencia en Costa de Marfil, Zimbabwe o en tantos otros lugares.

La idea de la guerra liberal –la del uso de la fuerza con fines humanitarios—continúa confundiendo a la opinión pública, sustentando los términos oficiales del debate en los foros internacionales, especialmente en Europa occidental, y delineando las operaciones militares extranjeras en Libia.

Negar la guerra: el arte del eufemismo

La guerra liberal es útil, sobre todo para los “buenos europeos”, porque desmiente que se trate de una guerra. Es una zona de exclusión de vuelos para proteger los derechos humanos.

Si bien resulta obvio que los comandantes de la coalición occidental se han sumado a los rebeldes libios en su guerra contra el régimen de Gadafi, se ven obligados a simular que no es así. Con modales educados, informan a las fuerzas de Gadafi dónde deben reagruparse para evitar ser destruidas.

En esencia, aunque sin decirlo, el mensaje a Gadafi es que debe dejar de defenderse de quienes quieren derrocarlo. Pero permítasenos preguntar por qué no es posible hablar con más franqueza. ¿Por qué hay que hablar de la guerra con eufemismos liberales?

La guerra liberal tiene una contradicción central entre la gran retórica –la humanidad, la inocencia, la maldad— y la limitada responsabilidad que se expresa en la ausencia de tropas terrestres y las patéticas legiones de fuerzas de paz de la ONU.

En las guerras justificadas primordialmente por fines altruistas, los líderes elegidos de las democracias occidentales invierten sabiamente –si les conviene—la sangre, o los dólares, de sus ciudadanos.

El arma elegida es el poderío aéreo y el costo es la incoherencia estratégica. Ante la ausencia de una política sobre el terreno, las fuerzas aéreas se limitan a explotar cosas, revisar los resultados y dar vueltas por ahí. Si otros factores no se modifican, el resultado más probable es un callejón sin salida.

Pero lo más pernicioso es la forma en que la guerra liberal determina el entendimiento de los conflictos, mediante una prestidigitación digna de admirarse.

Una obra dramática

En esta obra, hay espacio para dos actores protagónicos: el interventor humanitario –casi siempre la comunidad internacional conducida por Occidente—y el perpetrador bárbaro, un reparto cambiante y selecto de líderes, regímenes y grupos étnicos.

Así, como por arte de magia, países y pueblos reales con historias imbricadas se convierten en personajes de una pieza moralizante, estereotipos básicos cuya conducta obedece a características innatas.

El melodrama viene en varios sabores, y de ningún modo Occidente termina siempre bien al final. Pero sus términos se establecen de un modo fascinante: intereses e ideales, tragedia y política, parálisis burocrática y carisma.

La memoria histórica es una baja tan inmediata que nadie la nota. Estados Unidos peleó en 1801 su primera guerra en lo que hoy es Libia contra los reinos berberiscos de Marruecos y Trípoli, entonces vasallos del Imperio Otomano, también con la justificación de razones humanitarias, bien asentadas en intereses comerciales.

Cegados una y otra vez por los cuentos de los occidentales bienintencionados y los nativos violentos, nos resulta imposible ver las historias compartidas y conexas que condujeron al actual conflicto y en las cuales se sitúan los libios, los occidentales y otros pueblos.

Libia obtuvo su independencia como reino hace sólo 60 años, teniendo a Estados Unidos y Gran Bretaña como patrones que le suministraban dinero y armas a cambio de petróleo y estabilidad.

Como en otros lugares, entonces y ahora, esa combinación generó el resentimiento popular y suministró el caldo de cultivo para que surgieran alternativas políticas que Gadafi supo aprovechar.

La feria de atracciones

Gadafi, en el poder desde 1969, funciona muy bien como personaje de una feria de atracciones, pero sus orígenes se encuentran en las historias compartidas de Occidente con el resto del mundo.

En los últimos años, la guardia costera y la policía fronteriza de Gadafi, entrenadas y apoyadas por la Unión Europea, eran muy valoradas por los “buenos europeos” pues ayudaban a mantener lejos a los inmigrantes africanos.

El último servicio de la guerra liberal es colocar la fuente de la violencia en los nativos, en los pueblos atrasados del mundo no europeo, y no en los occidentales que los explotan, los invaden, los ocupan y los bombardean.

Si nos guiamos por la retórica oficial, el problema de Iraq y de Afganistán tiene que ver con prejuicios religiosos y étnicos de poblaciones que siguen matándose irracionalmente entre sí, mientras los soldados occidentales intentan amablemente modernizarlas.

El gran costo de la guerra liberal es la claridad. Occidente corre el riesgo de crear una situación en la que no puede derrocar a Gadafi por sí mismo, pero tampoco permite ni habilita a que lo hagan los rebeldes.

Para llevar adelante su lucha, Gadafi puede apelar a escuadrones de la muerte y a francotiradores. Pero, como en Bosnia-Herzogovina y Kosovo, suministrar armas o permitir el ingreso de combatientes voluntarios árabes violaría la supuesta neutralidad de la intervención humanitaria.

La guerra no es un cuento moralizante, sino un violento abrazo mutuo. Una reflexión seria debe comenzar por admitir que Occidente es una de las partes combatientes, y la ética de la responsabilidad exige ver más allá de las seducciones del liberalismo.

(*): Profesor de estudios internacionales de la Universidad de Cambridge, especializado en la guerra, las fuerzas armadas y la sociedad, así como en el conflicto entre Occidente y el Sur global. Publicado en acuerdo con Al Jazeera.
 
Extraido de IPS

Biocombustibles: Una carrera hacia el hambre

por Bjørn Lomborg (*)

Los espectadores de Daytona 500 de febrero en Florida recibieron banderas verdes para agitar en celebración de la noticia de que los autos estándares de la carrera ahora usan gasolina con un 15% de etanol a base de maíz. Fue el inicio de una campaña de marketing televisiva que durará toda una temporada para venderles las ventajas de los biocombustibles a los norteamericanos.

En la superficie, el autoproclamado “enverdecimiento de NASCAR” (Asociación Nacional de Autos Estándares de Carrera) es simplemente un ejercicio transparente (y, uno sospecha, desafortunado) en una forma medioambiental de blanqueo para el deporte –llamémoslo “un baño verde”-. Pero la sociedad entre un pasatiempo adorado por los estadounidenses y el lobby de los biocombustibles también marca el último intento por inclinar a la opinión pública a favor de una política verdaderamente irresponsable.
Estados Unidos gasta unos 6.000 millones de dólares por año en respaldo federal a la producción de etanol a través de créditos impositivos, aranceles y otros programas. Gracias a esta asistencia financiera, una sexta parte de la oferta de maíz del mundo se quema en autos estadounidenses. Es suficiente maíz para alimentar a 350 millones de personas durante un año entero.
El respaldo del gobierno del rápido crecimiento de la producción de biocombustibles contribuyó a un desorden en la producción de alimentos. De hecho, como resultado de la política oficial de Estados Unidos y Europa, que incluye metas de producción agresivas, el biocombustible consumió más del 6,5% de la producción global de granos y el 8% del aceite vegetal del mundo en 2010, con respecto al 2% del suministro de granos y prácticamente ningún combustible vegetal en 2004.
Este año, después de una temporada de siembra particularmente mala, vemos los resultados. Los precios globales de los alimentos son los más altos desde que Naciones Unidas comenzó a llevar un registro en 1990, impulsados en gran medida por los aumentos en el costo del maíz. A pesar de las medidas que se tomaron recientemente contra la desnutrición, serán más millones de personas las que estarán mal alimentadas de las que habría habido en ausencia del respaldo oficial a los biocombustibles.
Ya hemos pasado por esto antes. En 2007 y 2008, el rápido aumento de la producción de biocombustibles causó una crisis de alimentos que incitó la inestabilidad política y fomentó la desnutrición. Los países desarrollados no aprendieron la lección. Desde 2008, la producción de etanol aumentó el 33%.
Los biocombustibles inicialmente fueron defendidos por los activistas medioambientales como una solución inmediata contra el calentamiento global. Empezaron a cambiar de opinión cuando una corriente de investigación demostró que los biocombustibles obtenidos a partir de la mayoría de los cultivos de alimentos no reducían significativamente las emisiones de gases de tipo invernadero –y, en muchos casos, causaban la destrucción de bosques para sembrar más alimentos, creando más emisiones netas de dióxido de carbono que los combustibles fósiles.
Algunos activistas verdes respaldaron los mandatos a favor de los biocombustibles, con la esperanza de que abrirían el camino para el etanol de próxima generación, que utilizaría plantas no alimenticias. Esto no sucedió.
Hoy, es difícil encontrar un solo ambientalista que siga respaldando la política. Hasta el ex vicepresidente de Estados Unidos y premio Nobel Al Gore –que alguna vez hizo alarde de haber emitido el voto decisivo para el respaldo del etanol- dice que la política es “un error”. Ahora admite que la respaldó porque “tenía cierta afición por los productores de maíz del estado de Iowa” –que, no por casualidad, eran cruciales para su candidatura presidencial de 2000.
Es reconfortante que Gore ahora haya cambiado de opinión en vista de la evidencia. Pero existe una lección más amplia. Un coro de voces de la izquierda y la derecha se pronuncian en contra de un respaldo continuo del gobierno a los biocombustibles. El problema, como ha dicho Gore, es que “resulta difícil, una vez que se implementa un programa de esta naturaleza, lidiar con los lobbies que lo mantienen en pie”.
Los políticos no pueden frenar este tipo de comportamiento ávido de rentas. Lo que pueden hacer es diseñar políticas razonadas que maximicen el bienestar social. Desafortunadamente, cuando se trata de políticas a las que se vende como un freno al calentamiento global, una protección del medio ambiente o una generación de “empleos verdes”, tenemos una tendencia a tomar decisiones apresuradas que no pasan la prueba.
El respaldo del gobierno a los biocombustibles es sólo un ejemplo de una política “verde” de reacción automática que crea oportunidades lucrativas para un grupo de empresas que defiende sus propios intereses, pero hace muy poco para ayudar al planeta. Consideremos el respaldo financiero que se les brindó a las empresas de energía renovable de primera generación. Alemania estuvo a la cabeza del mundo a la hora de instalar paneles solares, financiados por 75.000 millones de dólares en subsidios. ¿El resultado? Una tecnología solar ineficiente y poco competitiva instalada en los techos de un país que suele estar bastante nublado, que proporcionó un irrisorio 0,1% de la oferta total de energía de Alemania y que pospuso siete horas los efectos del calentamiento global en 2010.
Dadas las apuestas financieras, no sorprende que las empresas de energía alternativa, las firmas de inversión “verde” y los productores de biocombustibles estén haciendo un fuerte lobby a favor de una mayor generosidad gubernamental, y que estén llevando su causa directamente a la población al resaltar sus supuestos beneficios para el medio ambiente, la seguridad energética y hasta el empleo –ninguno de los cuales resiste un escrutinio-. “El acuerdo con NASCAR llevará el etanol estadounidense a la estratósfera”, declaró Tom Buis, máximo responsable ejecutivo de Growth Energy, la asociación de comercio de etanol.
Al menos un grupo ya está vendido: los contendientes presidenciales. En Iowa el mes pasado, el posible candidato republicano Newt Gingrich se mofó de los “ataques de las grandes ciudades” a los subsidios al etanol. Y, en lo que debe ser música para los oídos de la industria, un funcionario de la administración Obama declaró que, incluso en medio de los precios más altos de los alimentos que el mundo haya visto hasta la fecha, “no existe ninguna razón para levantar el pie del acelerador” en cuanto a los biocombustibles.
En realidad, existes millones de razones –que sufren innecesariamente- por quienes se deberían aplicar los frenos.
(*): Autor de The Skeptical Environmentalist y Cool It, director del Centro de Consenso de Copenhague y profesor adjunto en la Escuela de Negocios de Copenhague.
Extraido de Prodavinci
Título Original: “Una carrera hacia el hambre, por Bjørn Lomborg”

Escuela La Greda: Los Valores y la Ética en la nueva forma de Gobernar

por Vô danh
Iba como todos los días rumbo a mi trabajo, escuchando mi radio favorita de noticias, cuando muy someramente, dentro de los titulares, anuncian el cierre de una escuela en Puchuncaví  por las emanaciones tóxicas desde una Planta de Codelco.
La resolución tomada por la Seremi de Salud y el Ministerio de Educación fue el cierre de la escuela.
Me preocupa esta campaña de las autoridades, de disfrazar lo correcto, a través del uso de los valores y la ética a su conveniencia, haciéndonos creer que están tomando una medida que muestra preocupación por la población.
¿Por qué no cerraron la Planta?
Porque la Planta genera ingresos, la escuela es gasto. Seguramente se preguntaron, en su fuero interno, ninguno de estos niños va a ir a estudiar a la Chile o a la Católica, ninguno es pariente de autoridad, seguramente la mitad de las niñas tendrá su primer hijo ante de los 20. ¡Qué falta de respeto a la sociedad¡
En un país desarrollado no pasan estas cosas y mientras no cambiemos nuestra manera de respetarnos aunque alcancemos los índices macroeconómicos, jamás lo seremos.
Me sigue costando aceptar que lo económico tenga mayor peso relativo que lo correcto.
Codelco ha tenido utilidades millonarias para el Estado (US$M 5.800 en 2010), pero resignado inversiones para cumplir con un compromiso básico medioambiental, el derecho a respetar el entorno y sobre todo el de los vecinos.
Si hago una fiesta en mi departamento y molesto a mis vecinos, con toda seguridad me multarán. En el caso de la escuela, haciendo la analogía con mis vecinos molestos, es como si les dijeran jódanse, tápense los oídos o cámbiense de domicilio.
Retomando el juicio del manejo de los valores, nos hacen creer que existe preocupación, conciencia social por el desvalido, montan un show con el desalojo de los afectados, con la promesa de atenderlos y que el “gobierno” está preocupado de su situación. Mientras tanto, la Planta sigue con sus emanaciones tóxicas.
Reubicar a la población del sector ¿resulta más económico que colocar dentro de estándar la planta?
Las empresas que tienen una política de desarrollo sustentable han sacado sus cuentas, y para que el negocio siga siendo negocio en el tiempo, saben que deben invertir si quieren tener una “licencia para operar”, o sea, que las comunidades aledañas lo acepten como un buen vecino y parte de su propia comunidad. Esto es una conducta ética.
Desde el punto de vista del negocio, el Gobierno ¿estaría propiciando una libre competencia entre estas empresas?, colijo que no, por lo tanto, la empresa privada a través de sus grupos colegiados, debiera exigir igualdad de condiciones para operar, esto es, si resignan utilidades por tener esta “licencia para operar” por qué la empresa del Estado no. Competencia desleal.

Los que en los ’60 le gritaban un “Go Home” ahora lo reciben con sus brazos abiertos

por krok

Gracias a La Momia Roja

Mr. Barak Obama

He escuchado atentamente su discurso señor Premio Nobel de la Paz. Y sepa que la invitación la extendió nuestro presidente, por lo que su llegada a este país, donde queda mi hogar, no me parece confortable, sabemos – por que se han encargado de contarnos – que justo en este instante, usted juega con sus soldados a invadir un lejano pueblo, tal como lo ha hecho su nación durante muchas décadas con mentiras y engaños.
Si, inevitablemente Sr. Obama, llego al mismo país que se utilizó como conejillo de indias por parte de su Imperio, al mismo que inoculó su lacerante y espesa cicuta llamada neoliberalismo, hoy un lastre para muchos y una salvación para pocos.
Si, señor Emperador, fue precisamente aquí donde se pudo encontrar el terreno fértil para engendrar su modelo. Es también cierto que su invasión silenciosa y cultural la hizo en un momento frágil, donde el miedo acechaba y las circunstancias conseguían a un sumiso pueblo. También fue cierto que nos ayudo a instalar a un tirano senescal que por largos años nos procuró bloquear los sueños a costa de la muerte, transformando las esperanzas en consumo. No contento con ello, permítale contarle – que nos dimos cuenta – que cuando ya sus servicios no eran pertinentes, simplemente lo desecho pues el mundo ya era otro, y su estrategia había mejorado.
A esta altura señor emperador bailábamos la música elegida por su nación ya no con botas y fusiles, sino con aquellos renovados hombres cuya ideología desteñida llenó a un pueblo de expectativas y bríos de un cambio que terminó de improviso, colapsado por la cobardía de los mismos hombres.
Deberá señor Obama darle un poco de risa que los que en los 60’ le gritaban un “Go Home” ahora lo reciben con sus brazos abiertos, clamando por un espacio para que no los olvide y que sean considerados en vuestros designios. Si, ellos son los mismos, los mismos que administraron su modelo y al parecer lo han hecho bien, pues señor presidente usted no ha cesado de alabarlos.
Sepa señor presidente que por más que han intentado borrar la memoria de los pueblos y ahora por qué no decirlo, de un mundo globalizado, no estoy de acuerdo con sus medios y desconfío de la igualdad planteada en su trivial discurso. Sabemos que la regla del libre mercado es una regla solo interpuesta por su nación y reconocemos en usted al recaudador de impuestos enviado por el Sistema Monetario Internacional. Permítame decirle, mi impertinente visita, que la riqueza como nunca seguirá llamando más riqueza, que las naciones con materias primas seguirán siendo invadidas y que terminaremos a ese paso destruyendo el planeta que nos alimenta.
Los hombres y mujeres necesitamos un descanso, un nuevo orden y una revolución cultural, asunto que por supuesto no es parte de vuestro interés.
Obama Go Home.

Un Muro para Obama

Publicado por La Momia Roja

Dada  la visita del presisente de EEUU tan esperada por algunos pero por otros no, descarguese, opine y deje su comentario:

La Moraleja Nuclear del Japón: ¿Cómo están los países Desarrollados?

por Brahma Chellaney (*)
Fukushima nos recuerda las debilidades y amenazas de las centrales nucleares en el mundo. 
Los problemas de la central nuclear de Fukushima –y de otros reactores– en el noroeste del Japón han asestado un duro golpe a la industria nuclear mundial, poderoso cártel de menos de una docena de importantes empresas de propiedad u orientación estatal que han estado pregonando un renacimiento de la energía nuclear.
Pero ya se conocen perfectamente los riesgos que corren los reactores costeros, como el de Fukushima, a consecuencia de desastres naturales. De hecho, resultaron evidentes hace seis años, cuando el maremoto habido en el océano Índico en diciembre de 2004 inundó el segundo complejo nuclear en importancia de la India, con lo que quedó desconectada la central eléctrica de Madrás.
Muchas centrales nucleares están situadas a lo largo de las costas, porque en ellas se utiliza una gran cantidad de agua. Sin embargo, desastres naturales como las tormentas, los huracanes y los maremotos están resultando más frecuentes a causa del cambio climático, que también causará una elevación del nivel de los océanos, con lo que los reactores costeros resultarán aún más vulnerables.
Por ejemplo, muchas centrales nucleares situadas a lo largo de la costa británica están a tan sólo unos metros por encima del nivel del mar. En 1992, el huracán Andrew causó importantes daños en la central nuclear de Turkey Point, en la bahía de Biscayne (Florida), pero no así, por fortuna, a ninguno de los sistemas decisivos para su funcionamiento.
Todos los generadores de energía, incluidas las centrales alimentadas con carbón o gas, requieren grandes cantidades de recursos hídricos, pero la energía

nuclear más aún. Los reactores de agua ligera, como los de Fukushima, que utilizan el agua como refrigerante primordial, son los que producen la mayor parte de la energía nuclear. Las enormes cantidades de agua local que dichos reactores consumen para sus operaciones pasan a ser corrientes de agua caliente, que se bombean a los ríos, los lagos y los océanos.

Como los reactores situados en zonas del interior ejercen una grave presión sobre los recursos de agua dulce, incluidos daños mayores a la vida vegetal y a los peces, los países que tienen litoral y padecen escasez de agua procuran buscar emplazamientos costeros adecuados, pero, ya tengan o no litoral, la energía nuclear es vulnerable a los probables efectos del cambio climático.
A medida que el calentamiento planetario provoque un aumento de las temperaturas medias y del nivel de los océanos, los reactores situados en el interior contribuirán cada vez mas a la escasez de agua y resultarán afectados por ella. Durante la ola de calor sin precedentes de 2003 en Francia, hubo que reducir o detener las operaciones en 17 reactores nucleares comerciales a causa del rápido aumento de las temperaturas de los ríos y los lagos. En julio de 2006, hubo que desconectar el reactor de Santa María de Garoña (España) durante una semana, después de que se registraran altas temperaturas en el río Ebro.
Así, pues, las propias condiciones que en 2003 y 2006 impidieron a la industria nuclear suministrar toda la energía necesaria en Europa fueron, paradójicamente, las que crearon una demanda máxima de electricidad a causa de un aumento de la utilización del aire acondicionado.
De hecho, durante la ola de calor de 2003, Électricité de France, que tiene 58 reactores en funcionamiento –la mayoría de ellos en ríos ecológicamente delicados, como el Loira– se vio obligada a comprar electricidad a los países vecinos en el mercado europeo al contado. EDF, empresa de propiedad estatal que normalmente exporta electricidad, acabó pagándola a un precio diez veces mayor, con un costo financiero de 300 millones de euros.
Asimismo, aunque la ola de calor europea de 2006 fue menos intensa, los problemas de agua y calor obligaron a España, Alemania y Francia a desconectar algunas centrales nucleares y reducir las operaciones de otras. En 2006 las empresas propietarias de centrales nucleares de Europa occidental consiguieron también exenciones para incumplir la reglamentación que les habría impedido descargar agua recalentada en los ecosistemas naturales, lo que afectó a la pesca.
Francia gusta de exhibir su industria de energía nuclear, que suministra el 78 por ciento de la electricidad del país, pero la intensidad del consumo de agua de dicha industria es tal, que EDF retira todos los años 19.000 millones de metros cúbicos de agua de los ríos y lagos, es decir, la mitad, aproximadamente, del consumo total de agua dulce de Francia. La escasez de agua dulce es una amenaza internacional cada vez mayor y la inmensa mayoría de los países no están en condiciones de aprobar el emplazamiento en el interior de semejantes sistemas energéticos que hacen un consumo tan elevado de agua.
Las centrales nucleares situadas junto al mar no afrontan problemas similares en situaciones de calor, porque el agua de los océanos no se calienta ni mucho menos con la misma rapidez que la de los ríos o los lagos y, al contar con el agua del mar, no provocan escasez de agua dulce, pero, como han demostrado los reactores del Japón, las centrales nucleares costeras afrontan peligros más graves.
Cuando el núcleo del reactor de Madrás resultó afectado por el maremoto del océano Índico, se pudo mantenerlo a salvo desconectado, porque se había tenido la previsión de instalar los sistemas eléctricos en un terreno más alto que la propia central y, a diferencia de lo ocurrido en Fukushima, que recibió un impacto directo, la central de Madrás estaba alejada del epicentro del terremoto que desencadenó el maremoto.
El dilema fundamental de la energía nuclear en un mundo cada vez más afectado por la escasez de agua es el de que necesita enormes cantidades de agua y, sin embargo, es vulnerable ante el agua y, decenios después de que Lewis L. Strauss, el Presidente del Organismo de Energía Atómica de los Estados Unidos, afirmara que la energía nuclear llegaría a ser “demasiado barata para medirla con contador”, la industria nuclear sigue subsistiendo en todas partes gracias a muníficas subvenciones estatales.
Aunque el atractivo de la energía nuclear ha disminuido considerablemente en Occidente, ha aumentado entre los llamados “recién llegados nucleares”, con el acompañamiento de nuevas amenazas, incluida la preocupación por la proliferación de armas nucleares. Además, cuando casi dos quintas partes de la población mundial viven a menos de 100 kilómetros de una costa, ya no resulta fácil encontrar emplazamientos costeros adecuados para iniciar o ampliar un programa de energía nuclear.
Es probable que lo sucedido en Fukushima afecte irremisiblemente a la energía nuclear de forma similar al accidente en la central de Three Mile Island en Pensilvania en 1979, por no hablar de la fusión, mucho más grave, del reactor de Chernóbil en 1986. Sin embargo, a juzgar por lo sucedido después de aquellos accidentes, los defensores de la energía nuclear acabarán volviendo a la carga.
(*) Brahma Chellaney, profesor de Estudios Estratégicos en el Centro de Investigaciones Políticas de Nueva Delhi, es autor, entre otros libros, de Asian Juggernaut: The Rise of China, India and Japon (“El coloso asiático. El ascenso de China, la India y el Japón”), publicado por Harpers Paperbacks en 2010, y Water: Asia’s New Battlefield (“El agua, nuevo campo de batalla de Asia”), publicado por la Georgetown University Press en 2011.
Extraido de ProDaVinci 
Título Original: Moraleja nuclear del Japón, por Brahma Chellaney

Carta abierta de Roger Waters, fundador de Pink Floyd sobre el Racismo Israeli a Palestinos

En 1980, una canción que escribí, Another Brick in the Wall Part 2, fue prohibida por el gobierno de África del Sur porque era usada por los niños negros sudafricanos para reivindicar su derecho a una educación igual. Ese gobierno del apartheid impuso un bloqueo cultural, por así decir, sobre algunas canciones, incluida la mía.
Veinticinco años más tarde, en 2005, niños palestinos que participaban de un festival en la Cisjordania usaron la canción para protestar contra el muro del apartheid israelí. Ellos y ellas cantaban: “¡No necesitamos la ocupación! ¡No necesitamos el muro racista!”  En ese tiempo, yo no había visto con mis propios ojos aquello sobre lo que ellos estaban cantando.
Un año más tarde, en 2006, fui contratado para actual en Tel Aviv.
Palestinos del movimiento de boicot académico y cultural a Israel me exhortaron a reconsiderarlo. Yo ya me había manifestado contra el muro, pero no creía que un boicot cultural fuese una vía correcta. Los palestinos defensores del boicot me pidieron que visitase el territorio palestino ocupado para ver el muro con mis ojos antes de tomar una decisión. Yo acepté.
Bajo la protección de las Naciones Unidas visité Jerusalén y Belén. Nada podía haberme preparado para aquello que vi ese día. El muro es un edificio repulsivo. Está custodiado por jóvenes soldados israelíes que me trataron, observador casual de otro mundo, con una agresión llena de desprecio. Si así fue conmigo, un extranjero, imaginen lo que debe ser con los palestinos, con los subproletarios, con los portadores de autorizaciones. Supe entonces que mi conciencia no me permitiría apartarme de ese muro, del destino de los palestinos que conocí, personas cuyas vidas son aplastadas diariamente de mil y una maneras por la ocupación de Israel. En solidaridad, y de alguna forma por impotencia, escribí en el muro, aquel día: “No necesitamos del control de las ideas”.
Considerando en ese momento que mi presencia en un escenario de Tel Aviv iba a legitimar involuntariamente la opresión que yo acababa de presenciar, cancelé mi concierto en un estadio de fútbol en Tel Aviv y lo cambié para Neve-Shalom, una comunidad agrícola dedicada a criar pollitos y también, admirablemente a la cooperación entre personas de creencias diferentes, donde musulmanes, cristianos y judíos viven y trabajan lada a lado en armonía.
Contra todas las expectativas, este acto se transformó en el mayor evento musical de la corta historia de Israel. Para asistir, unos 60 mil fans lucharon contra los embotellamientos del tránsito. Fue extraordinariamente conmovedor para mí y para la banda y, al finalizar el concierto, obligado a exhortar a los jóvenes presentes a exigir a su gobierno para alcanzar la paz con sus vecinos y para que respete los derechos civiles de los palestinos que viven en Israel.
Desgraciadamente, en los años que siguieron, el gobierno israelí no realizó ninguna tentativa de implementar una legislación que garantizara a los árabes israelíes derechos civiles iguales a los que tienen los judíos israelíes, y el muro creció inexorablemente, anexando cada vez más la franja occidental.
Aprendí en ese día de 2006, en Belén, algo de lo que significa vivir bajo la ocupación, encarcelado tras un muro. Significa que un agricultor palestino tiene que ver cómo se arrancan olivares centenarios. Significa que un estudiante palestino no puede ir a la escuela porque el paso de control está cerrado. Significa que una mujer puede dar a luz en un auto, porque el soldado no la dejará pasar hasta el hospital que está a diez minutos de ese lugar.  Significa que un artista palestino no puede viajar al extranjero para exhibir su trabajo o para mostrar un film en un festival internacional.
Para la población de Gaza, encerrada en una prisión virtual atrás del muro del bloqueo ilegal de Israel, significa otra serie de injusticias. Significa que los niños van a la cama con hambre, muchos de ellos desnutridos crónicamente. Significa que padres y madres, impedidos de trabajar en una economía diezmada, no tienen medios de sustentar a sus familias. Significa que estudiantes universitarios con becas para estudiar en el extranjero tienen que encontrar una oportunidad para escapar porque no son autorizados a viajar.
En mi opinión, el control repugnante y draconiano que ejerce Israel sobre los palestinos de Gaza cercados y los palestinos de la Cisjordania ocupada (incluyendo Jerusalén oriental), así como la negación del derecho de los refugiados de regresar a sus casas en Israel, exige que las personas con sentido de justicia en todo el mundo apoyen a los palestinos en su resistencia civil, no violenta.
Allá donde los gobiernos se niegan a actuar, las personas deben hacerlo, con los medios pacíficos que tuvieren a su disposición. Para algunos esto significó unirse a la Marcha de la Libertad de Gaza; para otros, esto significó unirse a la flotilla humanitaria que intentó llevar a Gaza la muy necesitada ayuda humanitaria.
Para mí eso significa declarar mi intención de mantenerme solidario, no sólo con el apoyo al pueblo de la Palestina, sino con muchos miles de israelíes que disienten con las políticas racistas y coloniales de su gobierno, uniéndome a la campaña del Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) contra Israel, hasta que otorgue los tres derechos humanos básicos exigidos por la ley internacional. 
1.- Poniendo fin a la ocupación y a la colonización de todas las tierras árabes (ocupadas desde 1967) y desmantelando el muro;
2.- Reconociendo los derechos fundamentales de los ciudadanos árabe-palestinos de Israel en plena igualdad; y
3.- Respetando, protegiendo y promoviendo los derechos de los refugiados palestinos de regresar a sus casas y propiedades como estipula la Resolución 194 de las Naciones Unidas.
Mi convicción nace de la idea de que todas las personas merecen derechos humanos básicos. Mi posición no es antisemita. Esto no es un ataque al pueblo de Israel. Esto es, por lo tanto, un llamado a mis colegas de la industria de la música y también a los artistas de otras áreas para que se unan al boicot cultural.
Los artistas tuvieron razón de negarse a actuar en Sun City, en África del Sur, hasta que cayó el apartheid, y hasta que blancos y negros gozasen de los mismos derechos. Y nosotros tenemos derechos a negarnos a actuar en Israel hasta que llegue el día –y ese día llegará seguramente– en que caiga el muro de la ocupación y los palestinos vivan a lado de los israelíes en paz, libertad, justicia y la dignidad que todos ellos merecen.
Extraido  y Traducido por Sin Permiso

Anthony Giddens: El vínculo Libio que involucró al autor de la Tercera Vía

por  Luis Concha
“Le gusta el concepto de ‘tercera vía’, pues su propia filosofía política, desarrollada a fines de los 60, fue una versión de esa idea”. Era agosto de 2006 y el mentor del ex primer ministro británico Tony Blair y ex director y académico de la London School of Economics (LSE), Anthony Giddens, regresaba de Trípoli y retrataba de esa forma en la revista británica The New Statesman la impresión que el dictador libio Muammar Gaddafi tenía sobre la corriente política de la que Giddens fue ideólogo.

Para entonces, el sociólogo, quien plasmó su “modernización del socialismo” en el libro La tercera vía a fines de los 90, estaba acostumbrado a hablar sobre su ideología y su implementación en charlas y cumbres en las que se daban cita diversos mandatarios y líderes mundiales que la habían adoptado, como Fernando Henrique Cardoso y Lula da Silva, en Brasil; Gerard Schroeder, en Alemania; Felipe González, en España; el ex Presidente argentino Néstor Kirchner y con la que incluso se identificaba al ex Presidente de EE.UU. Bill Clinton. En Chile, la corriente de Giddens adquirió notoriedad, porque fue adoptada por Ricardo Lagos al asumir su mandato en 2000.

Pero la cita del sociólogo británico con Gaddafi, que se repitió en 2007 y tras las cuales escribió elogiosos artículos sobre la situación política de Libia, que fueron replicados por medios de comunicación del Reino Unido, Italia y España, entre otros países, no fueron producto de la tercera vía, sino de las gestiones de Monitor Group. Esta empresa de EE.UU. fue contratada por US$ 3,2 millones por el gobierno libio -según revelaron documentos desclasificados por Wikileaks-, para realizar un proceso de “limpieza de imagen” del régimen en Occidente.

El plan de la empresa consistía en invitar a líderes de opinión y analistas de nivel mundial a conversar con Gaddafi, con el objetivo de “ampliar el diálogo” sobre la situación y conducción política del país y el líder libio. Entre los invitados hubo ex asesores del gobierno estadounidense, académicos de Harvard y de otras universidades de EE.UU., como Francis Fukuyama, Benjamin Barber o Joseph Nye.

Según publicó The Guardian, en 2006, Monitor Group envió una carta a Trípoli para informar: “Estamos encantados de que luego de varias conversaciones, Lord Giddens aceptó nuestra invitación para visitar Libia”. El destinatario fue Abdulah Senussi, encargado de “visar” la visita del sociólogo y a quien hoy los rebeldes califican como el número dos en su lista de criminales de guerra, inculpado de la muerte de rebeldes en Benghazi y responsabilizado de la masacre de 1.200 internos de la prisión de Abu Salim en 1996.

En sus columnas sobre Libia, Giddens no explicó el origen de su viaje -invitación de Monitor Group- y cuando The Guardian le consultó si recibió pagos, el sociólogo se negó a responder.

Cuando la semana pasada se recordaron en Inglaterra las reuniones de Giddens, aumentó la presión sobre el London School of Economics, pues el sociólogo es uno de los directores más recordados de la institución (1997 a 2003).

Desde fines de febrero, la institución reconocida como la tercera universidad en Ciencias Sociales del Reino Unido, tras Oxford y Cambridge -según el ranking Times de educación superior 2011-, estaba en el ojo de la crítica luego de que el periódico The Daily Mail reveló una serie de conexiones y vínculos de LSE con dictador libio.

Aunque el escándalo, que hoy remece a la LSE, se centró en las denuncias de plagio de la tesis del hijo de Gaddafi, Saif Al Islam, quien se doctoró en 2008 en la institución y que al año siguiente donó US$ 2,4 millones a la universidad, también hay cuestionamientos sobre los vínculos que LSE estableció con el régimen de Gaddafi y el rol que esos nexos cumplieron para el gobierno británico. La administración Blair descongeló sus relaciones con Libia en 2004.

El propio Sir Howard Davis, director de LSE que renunció la semana pasada a raíz de la crisis, lo especifica en su carta de dimisión, que fue difundida entre la comunidad universitaria y publicada en el sitio web de la LSE. Davis asume el tropiezo de aceptar la donación del hijo de Gaddafi, pero, además, dice haber tenido un error de juicio al responder afirmativamente a la solicitud del gobierno británico de actuar como “enviado económico” y asesorar al régimen libio en la emisión de fondos de inversión soberanos, por los que obtuvo US$ 50 mil, que fueron invertidos en becas de la LSE para estudiantes libios.

También se cuestiona la participación de Mark Allen, miembro del directorio de LSE Ideas, quien fue jefe de la sección de Medio Oriente del MI6 durante el gobierno de Blair y consejero de Monitor Group. Allen hizo de nexo entre Gaddafi y Blair, cuando en 2004 el gobierno británico se acercó a Libia. Otros puntos en conflicto para LSE son el contrato de US$ 3,5 millones que obtuvo de los libios para capacitar a 400 funcionarios del régimen y US$ 35 mil para costear viajes de académicos a ese país.

La donación de Saif Al Islam y las acusaciones de plagio de su tesis doctoral realizada en 2008 fueron el detonante de las denuncias sobre los vínculos entre la LSE y Libia. En ese mismo caso, también se reveló que David Held, uno de los tutores del hijo de Gaddafi en la universidad, asumió, cinco días después de la donación, un cargo en la Fundación Internacional Gaddafi para la Caridad y el Desarrollo, a través de la cual se regaló el dinero y que finalmente abandonó en octubre de 2008, a sugerencia del consejo directivo de la LSE.

“Con la renuncia del director, el clima interno bajó un poco”, dice el profesor de estudios latinos, Francisco Panizza. Aún así, todas estas son materias de la investigación interna encabezada por un ex juez de la Corte Suprema, que debe esclarecer cómo y por qué se aceptaron cerca de US$ 5,9 millones.

Así lo determinó el consejo directivo de la LSE, encabezado por Peter Sutherland, ex CEO de British Petroleum, empresa que en el marco del renacimiento de las relaciones y con Sutherland a la cabeza, firmó un contrato por US$ 870 millones con Libia. A Sutherland le correspondió aceptar la renuncia de Davis tras el escándalo y determinar las acciones a seguir en el caso. 
Extraido de La Tercera

Evelyn Cornejo: Canto que es Valiente Siempre Será Canción Nueva


Video: America Sí

 
Música de raíz folclórica es el telón de fondo donde se sustentan composiciones que abordan temáticamente las tristes historias -de siempre- de Chile y de América Latina. Por eso aparece abriendo el trabajo de Evelyn Cornejo seencuentra el tema “América si”, por eso se hace presente la creadora Violeta Parra a quien se versiona en “Versos por la niña muerta”, por eso tiene tanta gracia y vigencia la lograda interpretación y arreglo nuevo de “Carmela” la conocida canción de “La pérgola de las flores”, y por eso el músico Subverso aparece como arreglador y aporte en ciertas variaciones.
Pero no sólo priman las ideas y el sonido de las piezas, sino que también destaca la voz de Cornejo, algo que en “Sólo tú”, tema que “sólo” podría ser una canción de amor, muestra una dulzura, así como en la segunda parte de “Los ratones”, pero que en “La huelga” se hace bailable, y que en la mencionada “América si” se hace más dura, se pone a tono con la temática.
Extraido de El Ciudadano
Descarga su Disco Evelyn Cornejo o en http://www.evelyncornejo.blogspot.com/

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