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El Mercurio, La Tercera: los mayores portavoces del poder económico

por Paul Walder (Punto Final)
El Mercurio controla la mitad de la venta de periódicos en el país, absorbe el 80 por ciento de la publicidad y posee casi toda la prensa regional. También es el gran articulador de la agenda política y económica. Pero hoy, como en algunos otros momentos de la historia, algo se le va de las manos.
Las masivas y frecuentes protestas que se han sucedido desde inicios de mayo por todo Chile, nos recuerdan el clima ciudadano de hace unos treinta años, en un período en que El Mercurio y La Tercera eran los mayores portavoces en la prensa escrita del poder económico amparado por la dictadura. Hoy, ante una creciente y similar ebullición social, este duopolio, este doble espejo de los intereses corporativos, continúa como el gran amplificador del discurso del sector privado.
La prensa corporativa del duopolio, íntimamente ligada a todas las variantes del gran empresariado, refuerza día a día sus intereses, los que se han enmascarado como la identidad del Estado chileno. Lo que es bueno para Chile, lo que representa a la “patria” es, finalmente, una extensión de los más esenciales intereses comerciales, industriales o financieros.
La gran maquinaria mediática es para este caso el instrumento especializado en crear esa ilusión de país soberano e inclusivo, producto propagandístico que si bien ha formateado el imaginario colectivo de varias generaciones de chilenos, hoy, lo mismo que durante los años más gélidos de la dictadura, comienza a dar señales de error.

Así como los sucesivos gobiernos desde 1990, los partidos políticos y el mismo Estado han transparentado de forma más o menos desembozada su vinculación con los intereses de las grandes corporaciones, estos consorcios, encabezados por El Mercurio, son observados y señalados por la ciudadanía como el altavoz que amplifica aquellas voluntades.
Hoy, como en aquellos otros escasos momentos históricos, germina un nuevo estado de conciencia ciudadana, capaz de destapar a las corrientes del pensamiento dominante canalizadas a través de la gran prensa y de comprender todo el proceso de elaboración de los productos informativos. Hoy una ciudadanía reflexiva puede leer aquella prensa como un relato más cercano a la publicidad de los intereses corporativos que a la información.
Pero aquella sociedad civil ha afinado y profundizado su pensamiento crítico desde las protestas de la década de los ochenta. Si en esos años esta prensa representaba a la oligarquía y la derecha política y económica, hoy encarna, ante los ojos de las mayorías, también a todo el aparato institucional gestado desde la dictadura y robustecido durante los largos años de la transición. Tal vez el regreso de la derecha al poder ha significado el cierre de un ciclo y la evidencia de la consolidación de un modelo de sociedad caracterizada por la desigualdad respecto a sus beneficios. El objetivo de las denuncias de estas mayorías empoderadas en las calles está hoy tanto en la derecha como en la Concertación.
Hablar de El Mercurio y La Tercera no es simplemente referirse a los dos únicos consorcios informativos chilenos, sino que es aludir a una compleja red de intereses, cuyo oscuro entramado, además de haber delineado la historia pasada y reciente, está empeñado en reproducir, en consolidar aquella historia -que es la estructura del poder- en el presente y replicarla hacia el futuro. En este proceso de reproducción no hay nada más conservador que la apariencia liberal con que se maquillan estos medios. La superficie de modernidad, tecnología, globalización comercial, oculta tras sí las telarañas de una estructura oligárquica enlazada con los mismos poderes que, en el caso de El Mercurio, lo sostenían hace más de un siglo. Todas estas condiciones, levantadas como atributos simbólicos y publicitarios, son interpretadas y desarmadas por una sociedad civil cada vez más informada y reflexiva.
Es este estado y esta rutina lo que hoy otra vez comienza a fracturarse. Los procesos sociales y políticos de cambio que se desarrollan en ésta y otras latitudes, colocan a la prensa del duopolio en su lugar natural: la extrema derecha, y sus productos, como una entelequia torcida. La simulación de realidad se rompe, se caen los andamiajes de la objetividad y aparece la intolerancia más reaccionaria con todas sus telarañas. Aparece la prensa como gran muralla conservadora y máquina de confusión y mentira.
Indígnate es el título del pequeño libro que ha inspirado a los manifestantes en las plazas españolas. El texto fue escrito por Stéphane Hessel, un veterano de la resistencia francesa que llama a los jóvenes a indignarse y resistir a las políticas neoliberales y las políticas totalitarias maquilladas de democracia. En esta resistencia y llamado a la insurrección hay un objeto principal: los medios de comunicación. “Convoquemos a una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas”, exclama Hessel.
¿Por qué los medios? Allí se esconden las mil máscaras de la humillación, la sumisión y la ignorancia
Extraido de Punto Final
Título Original: “Los medios, en el centro de la batalla”

Salario mínimo debería aumentar al menos a $205.000

por Equipo Fundación Sol
En el contexto de la actual discusión para definir el salario mínimo, la Fundación SOL entregó un documento que se respalda en las contundentes cifras económicas difundidas recientemente por el Ejecutivo, acorde al crecimiento del país, sumado a la meta de superar la línea de la pobreza estadística fijada por MIDEPLAN. El estudio, además, cuestiona los argumentos que hablan de un aumento del desempleo y la inflación, de producirse un alza en el salario mínimo, principales amenazas utilizadas por las autoridades para mantenerlo en torno a los $180.000.
Centrándose en la necesidad de generar un Plan de Reajuste del Salario Mínimo a mediano plazo, la Fundación Sol presentó tres escenarios de aumento salarial de aquí a 2017, dentro de los cuales la cifra para 2011 debería superar los $205.000. “Es necesario que el Gobierno genere una política de mediano plazo que permita la fijación de un salario mínimo acorde no sólo a las proyecciones de crecimiento, sino también al Umbral de Satisfacción Mínimo de las personas”, explicó Marco Kremerman, director de la entidad. Este sistema, además, debería basarse en la participación ciudadana y en la negociación colectiva. “De otra forma, se pone en duda nuestro sistema democrático, teniendo en cuenta que la fijación del actual salario mínimo se realiza a puertas cerradas” agregó el Economista.
Respecto a las amenazas del desempleo y de las presiones inflacionarias colocadas por las autoridades frente a un eventual aumento del salario mínimo, el estudio fundamenta que no existe evidencia empírica nacional e internacional, que demuestre esto de manera contundente. Sólo puede ocurrir cuando se realizan reajustes considerables en momentos de contracción económica y cuando los empresarios trasladan el aumento salarial a sus precios de venta, para mantener sus niveles de utilidades.
Para la Fundación SOL, el monto actual del salario mínimo es absolutamente insuficiente, considerando incluso que la línea de la pobreza debería ser actualizada, tal como lo ha propuesto el propio Felipe Larraín, en el año 2008, antes de ser Ministro de Hacienda. En las condiciones actuales, el salario mínimo no alcanza para satisfacer las necesidades más básicas de una familia y compromete seriamente la reproducción material que cualquier persona necesita para desplegar sus potencialidades. “Sin duda, esta es una tremenda deuda para un país que acaba de ingresar al grupo de los países más avanzados de la OCDE, teniendo en cuenta además que hoy en Chile más de 1 millón de personas ganan un salario mínimo o menos” (considerando el pago de gratificaciones), señaló Kremerman.

Agrega, además, que es necesario asegurar un Umbral de Satisfacción Mínimo que incorpore gastos en alimentación, vivienda y servicios básicos, equipamiento de la vivienda, vestuario, transporte, salud, cultura y recreación, lo que hoy está lejos de ser garantizado para gran parte de la población.
Según el investigador de la Fundación SOL, un gran acuerdo político o cualquier llamado a la unidad nacional, debería considerar como piedra angular colocar al trabajo al centro de la estrategia de desarrollo y por ello resulta necesario elaborar un plan nacional de reajuste del salario mínimo para acercarnos a los países de la OCDE de la mitad inferior, como Portugal y Eslovaquia (que tienen un PIB per cápita en torno a los 20 mil dólares).
RESPALDO DE LOS TRABAJADORES y ESTUDIANTES
En representación de los trabajadores, el dirigente sindical Cristián Cuevas planteó que “nos sumaremos a esta iniciativa con un movimiento tendiente a generar que se permita cambiar la relación de cómo se discute y se resuelve el tema del salario mínimo nacional, porque aquí hay un gran ausente que somos nosotros: los trabajadores.”
A su vez, señaló que aunque la discusión esté avanzada se llamará a movilizarse en el corto y mediano plazo: “por lo menos lo que está en la discusión, de lo que es el reajuste de salario mínimo a nivel nacional en Chile en este minuto, creemos que la suerte está echada, pero necesitamos generar efectivamente un movimiento de articulación social en que los trabajadores juguemos un rol: los movimientos sociales, los ciudadanos y las distintas instituciones sindicales que permita efectivamente dar una discusión de país.”
Representando a los estudiantes universitarios, Francisco Figueroa, Vicepresidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh), señaló que las propuestas de salario mínimo hasta el momento han sido inconsistentes, tanto en la forma como en el fondo y que “Las discusiones fundamentales sobre la estrategia de desarrollo y por lo tanto el tipo de educación que tenemos y la revalorización que hay que tener del trabajo, está secuestrada por la clase política y es monopolio de su tecnocracia. Por esto los estudiantes valoramos esta propuesta y nos haremos parte del proceso de abrirla y convocar a otros actores sociales para llevarla adelante.”
Además señaló que los políticos se jactan de la masiva entrada de jóvenes a la educación superior, pero sin tocar el tema de las extremas desigualdades de ingresos de las familias, ni lo que esto significa: “lo que no dicen es que la mayoría de los estudiantes de la educación superior lo que se llevan es una mochila de deudas, teniendo una cantidad importante de familias que viven con salarios paupérrimos que pagan los empresarios y que no alcanzan ni siquiera para sobrevivir.”
“La propuesta que aquí trae SOL, en concordancia con lo que estamos planteando otros actores sociales como los estudiantes de la educación superior, tiene que ver con sacar esta discusión de los salones de la tecnocracia para situarla como una discusión ciudadana” Dijo Francisco al finalizar.
TRES ESCENARIOS
El estudio de la Fundación SOL propone tres escenarios para fijar un Plan de Salario Mínimo de aquí a 2017.
El primer escenario o escenario conservador, supone que en el año 2017 el salario mínimo podría cubrir el 100% de la línea de la pobreza familiar que se utiliza actualmente, para ello se requieren reajustes anuales cercanos a los $30 mil, lo que significa que este año, al menos se debería alcanzar un salario mínimo de $205 mil, para llegar el 2017 a un valor de $379 mil. Esto implicaría que la razón entre salario mínimo y PIB per cápita avanzaría de 0,34 a 0,44, situándose en un valor intermedio del rango recomendado internacionalmente (entre 0,30 y 0,60).
El segundo escenario denominado intermedio o Larraín, utiliza una línea de la pobreza ajustada de acuerdo a las recomendaciones planteadas por el actual ministro de Hacienda. Bajo este esquema, el año 2017 el salario mínimo cubriría el 90% de la línea de la pobreza familiar y sería de $433 mil, lo que significa que este año, al menos se debería alcanzar un salario mínimo de $215 mil, con reajustes anuales cercanos a los $40 mil. Esto implicaría que la razón entre salario mínimo y PIB per cápita avanzaría de 0,34 a 0,50, situándose en un valor intermedio superior del rango recomendado internacionalmente.
El tercer escenario o mejor escenario, utiliza el Umbral de Satisfacción Mínimo para una familia de 4 personas como línea de la pobreza. Bajo este esquema, el año 2017 el salario mínimo cubriría el 60% de la línea de la pobreza familiar y sería de $505 mil, lo que significa que este año, al menos se debería alcanzar un salario mínimo de $225 mil, con reajustes anuales cercanos a los $50 mil. Esto implicaría que la razón entre salario mínimo y PIB per cápita avanzaría de 0,34 a 0,58, situándose en un valor superior del rango recomendado internacionalmente.
Como complemento se propone un set de políticas para ayudar a que las empresas pequeñas menos productivas puedan pagar un salario mínimo más alto en el mediano plazo.
Finalmente, en la investigación se menciona que la política de fijar un salario mínimo que permita al menos cubrir la línea de la pobreza para una familia de 4 personas, fue planteada hace algunos años por el obispo Alejandro Goic a través de un llamado nacional por un Salario Ético equivalente a $250 mil. El actual gobierno ha tomado parte de esta propuesta, pero la transformó en un Ingreso Ético Familiar, que en vez de asegurar un pago mínimo adecuado por el trabajo, delega en el Estado la responsabilidad.
Para descargar el documento completo haga clic aquí Política de reajuste del Sueldo Mínimo: una meta para avanzar al Desarrollo
Para descargar el resumen ejecutivo haga clic aquí Política de reajuste del Salario Mínimo. Resumen Ejecutivo
Extraido de Fundación Sol

P. Krugman: fundamentalistas de mercado se han equivocado en todo

por Paul Krugman

Cuando los historiadores miren atrás, a los años 2008 al 2010, lo que más les intrigará, yo creo, es el extraño triunfo de las ideas fallidas. Los fundamentalistas del libre mercado se han equivocado en todo, y, no obstante, ahora dominan a fondo la escena política como nunca antes.

 
¿Cómo pasó eso? ¿Cómo, después de que bancos fuera de control pusieron de rodillas a la economía, terminamos con Ron Paul, quien dice: “No creo que necesitemos reguladores”, a punto de encargarse de un panel clave de la Cámara de Representante que vigila a la Reserva Federal? ¿Cómo, después de las experiencias de los gobiernos de Clinton y Bush –el primero aumentó los impuestos y presidió un espectacular crecimiento en el empleo; y el segundo redujo los impuestos y presidió un crecimiento anémico incluso antes de la crisis–, terminamos con un acuerdo bipartidista para aún más recortes fiscales?
La respuesta de la derecha es que las fallas económicas del gobierno de Obama muestran que las políticas del gran gobierno no funcionan. Sin embargo, la respuesta debería ser: ¿cuáles políticas del gran gobierno?
Ya que el hecho es que el estímulo de Obama –que en sí mismo consistió de casi 40% de reducciones fiscales– fue excesivamente cauteloso como para cambiar a la economía. Y no se trata de necesitar anteojos para ver el pasado: muchos economistas, yo mismo incluido, advirtieron desde el principio que el plan era extremadamente inadecuado. Se puede expresar así: una política bajo la cual el empleo gubernamental cayó en realidad, bajo la cual el gasto gubernamental en bienes y servicios creció con más lentitud que durante los años de Bush, apenas si constituye una prueba de economía keynesiana.
Bien, quizá no era posible que el presidente Barack Obama obtuviera más de cara al escepticismo congresual sobre el gobierno. Sin embargo, aun si eso es cierto, solo demuestra el control persistente de una doctrina fallida sobre nuestra política.
También vale la pena señalar que todo lo que dijo la derecha sobre por qué la obamanomía fracasaría está equivocado. Durante dos años, se nos ha informado que los préstamos gubernamentales harían que las tasas de interés subieran hasta el cielo; de hecho, las tasas han fluctuado según el optimismo o el pesimismo hacia la recuperación, pero han permanecido sistemáticamente bajas según estándares históricos. Durante dos años se nos ha advertido que la inflación, incluso una hiperinflación, estaba a la vuelta de la esquina; en cambio, ha continuado la deflación, y la inflación central –que excluye los volátiles precios de alimentos y energía– está ahora en un punto bajo de medio siglo.
Los fundamentalistas del libre mercado han estado tan equivocados sobre los acontecimientos en ultramar como en los de Estados Unidos –y padecido, por igual, pocas consecuencias–. En 2006, George Osborne declaró que “Irlanda es un ejemplo reluciente del arte de lo posible en el diseño de políticas económicas a largo plazo”. Uups. Sin embargo, Osborne es hoy el principal funcionario de economía de Gran Bretaña.
Y en su nuevo cargo, se dispone a emular las políticas de austeridad que implementó Irlanda después que reventó su burbuja. Después de todo, los conservadores en ambos lados del Atlántico pasaron gran parte del año anterior elogiando la austeridad irlandesa como un éxito rotundo. “El enfoque irlandés funcionó en 1987 a 1989, y está funcionando ahora”, declaró Alan Reynolds del Instituto Cato en junio pasado. Uups, de nuevo.
Sin embargo, tales fracasos no parecen importar. Para tomar prestado el título de un libro reciente del economista australiano John Quiggin sobre las doctrinas que la crisis debió eliminar, pero que no fue así, aún nos rige –quizá más que nunca antes– la “economía zombi”. ¿Por qué?
Parte de la respuesta, sin duda, es que en lugar de que las personas que deberían haber estado tratando de aniquilar las ideas zombis, han tratado de comprometerse con ellas. Y esto es especialmente, aunque no exclusivamente, cierto sobre el Presidente.
La gente tiende a olvidar que Ronald Reagan a menudo cedió terreno en cuestiones políticas fundamentales, en forma más notable, terminó promulgando múltiples incrementos a los impuestos. Sin embargo, nunca titubeó en las ideas, nunca cedió en su posición de que su ideología era la correcta y la de sus oponentes, la equivocada.
En contraste, Obama ha tratado sistemáticamente de acercarse a los oponentes brindando cobertura a los mitos de la derecha. Ha elogiado a Reagan por restaurar el dinamismo estadounidense (¿cuándo fue la última vez que se escuchó a un republicano elogiar a Franklin Delano Roosevelt?), adoptó la retórica del partido Republicano sobre la necesidad de que el gobierno se apretara el cinturón, aun de cara a la recesión, y ofreció congelamientos simbólicos en el gasto y los salarios federales.
Nada de esto detuvo a la derecha para no seguirlo calificando de socialista. Sin embargo, ayudó a darle poder a las malas ideas en formas que pueden hacer un daño bastante inmediato. En este momento, Obama aclama el pacto de la reducción fiscal como un estímulo para la economía –pero los republicanos ya hablan de recortes en el gasto que contrarrestarían cualquier efecto positivo del pacto–. ¿Y cuán efectivamente nos podemos oponer a estas demandas, cuando él mismo ha abrazado la retórica de apretarse el cinturón?
Sí, la política es el arte de lo posible. Todos entendemos la necesidad de lidiar con nuestros enemigos políticos. Sin embargo, una cosa es hacer pactos para hacer avanzar los objetivos, y otra, abrirle la puerta a las ideas zombis. Cuando se hace eso, las zombis terminan comiéndose el cerebro, y, muy posiblemente, también a la economía.

© 2010 The New York Times News Service.

Extraido de CIENCIAS SOCIALES HOY

Acreditación universitaria por carrera: la cuenta pendiente de las privadas

 Por Trinidad Noguera
Sólo 1 de cada 4 carreras que se imparte en los planteles particulares más grandes está acreditada. ¿Deficiencia del sistema o falta de calidad? Aquí el diagnóstico.

Desde hoy la suerte está jugada para los 289 mil 181 estudiantes que rindieron la PSU el lunes y martes. Ahora sólo les queda esperar los resultados y postular a la universidad deseada.  Pero ¿cuál es la calidad de las carreras que los esperan? 
En Chile, recién en 2006 se creó la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), única institución nacional encargada de certificar las acreditaciones universitarias. Con anterioridad, no había índice alguno de la calidad de la educación superior. El proceso es voluntario, por tanto, es una iniciativa de cada universidad certificarse o no. Hoy, la CNA acredita tanto a las instituciones como a las carreras profesionales, independientes entre sí. Es decir, una universidad puede estar acreditada como institución y no así sus carreras. Salvo el caso de las Pedagogías y Medicina, que por la Ley 20.129, deben estar certificadas.
Cuando una universidad se acredita como institución, se certifica en dos áreas mínimas: gestión institucional y docencia de pregrado; y también pueden optar a tres adicionales, como docencia de postgrado, inveatigación y vinculación con el medio. Eugenio Díaz, presidente (s) de la CNA-Chile, cuenta que en estos casos, “se considera el cumplimiento de la misión institucional junto con la evaluación de sus políticas y mecanismos para la autorregulación y mejoramiento de la calidad”.
Cuando lo que se busca es acreditar los programas de pregrado, se aplica un proceso más profundo que certifica la calidad de todos los elementos asociados al diseño curricular, recursos comprometidos y resultados del proceso enseñanza-aprendizaje. Esto, basándose en la “consistencia entre el perfil de egreso y el plan de estudios, la disponibilidad adecuada de recursos humanos, económicos y materiales y capacidad de autorregulación”, explica Díaz. Tanto la acreditación de la institución como de las carreras, demoran cerca de un año, luego de que se realice una evaluación interna, evaluación externa y juicio de acreditación. En otras palabras, el proceso que realmente refleja la calidad de los estudios particulares a los que se opta es la acreditación por programa, por lo tanto conocer el mapa de estas evaluaciones es indispensable a la hora de hablar de calidad universitaria. 
De hecho, es el propio presidente (s) de CNA-Chile, Eugenio Díaz quien explica a El Dínamo que  la CNA certifica, finalmente, “la calidad de aquellas instituciones y programas que han sido capaces de demostrar estándares apropiados y un nivel académico sólido, promoviendo permanentemente la introducción de buenas prácticas y el mejoramiento de los indicadores de productividad y excelencia académica”.
Con el propósito de dimensionar esta realidad, decidimos ver el nivel de acreditación por carrera de las universidades privadas en Santiago y nos encontramos con la sorpresa de que sólo una de cada cuatro carreras de las universidades que más captan alumnos, está acreditada. Una situación muy distinta a la de universidades tradicionales como la Católica de Chile, en la que 29 de sus 42 carreras cuenta con la certificación. O la Universidad de Chile donde cerca de la mitad de su oferta muestra el distintivo. Claramente, por tanto, la tendencia de las privadas autónomas no se orienta hacia los instrumentos de calidad dispuestos por la CNA.
¿Cuál es la razón? Quienes conocen el sistema, apuntan a dos: falta de calidad de los programas o carencia de voluntad de las instituciones para someterse a un sistema aún nuevo. En este último punto, para Educación 2020, hay que considerar, por un lado, que son las propias universidades las que deben costear monetariamente todo el procesos, y por otro la falta de difusión del propio sistema que conspira contra su éxito.  
“La Comisión Nacional de Acreditación y el Ministerio de Educación ha hecho un pésimo trabajo informándole a la ciudadanía de la existencia de la acreditación y de sus resultados. La mayoría de los alumnos ni sabe que existe, y extraer información de su sitio web, es casi infernal. Eso derrota todo el objetivo de la CNA: proveer información a los estudiantes sobre la calidad de la oferta”, explica Mario Waissbluth de Eduación 2020. 
Y agrega que finalmente una universidad opte por no acreditar sus carreras resulta preocupante. “La explicación benigna sería que quieren creer que tienen un modelo educativo suficientemente ad hoc como para no enmarcarse en los criterios de la acreditación. La menos benigna, bueno… es fácil imaginársela”, sostiene Waissbluth. De hecho, se produce la curiosa situación que varias casas de estudios optan primero por acreditarse antes en instituciones extranjeras que nacionales.
Ese es el caso, entre otros, de la Universidad Adolfo Ibáñez que sólo tiene acreditada, entre su amplia oferta, Ingeniería Civil, pero no así su carrera estrella: Ingeniería Comercial. Fernanda Macintosh, directora de gestión y análisis institucional, explicó a El Dínamo que cuando comenzó este tema en Chile, la UAI ya contaba con la acreditación internacional de la AACBS en Comercial. “El proceso (en Chile) aún está en pañales, pero no descartamos a futuro, incluir más carreras”, sentencia Macintosh, dejando en evidencia una realidad para nada aislada.
Si uno analiza las ocho universidades privadas con más de 10 mil alumnos (*), siguiendo el Ranking de las Mejores Universidades 2010 de América Economía, se llega a la conclusión que sólo el 26% de sus carreras están acreditadas ante la CNA. Esto equivale a cerca de 9 programas de estudio entre los 40 que en promedio ofrece una institución de esas características. En contraste, todas esas casas de estudio sí presentan acreditación por institución.  

Los casos más llamativos de la lista son los de la Universidad del Desarrollo, con sólo tres de sus 44 carreras acreditadas, o el de la Universidad de las Américas, con sólo nueve programas de estudios certificados de los 60 que ofrece. En el otro extremo de la lista, en tanto, la Universidad Diego Portales y la Universidad Central muestran el mayor porcentaje de acreditación con un 47 y 41%, respectivamente. 
Si la cantidad de carreras certificadas en las universidades privadas autónomas llama la atención, los años de acreditación son aún más sorprendentes. Siendo siete años el máximo que se puede recibir, la mayoría de las universidades anteriormente seleccionadas, cuentan con programas con dos o cuatro años de vigencia. Son la excepción las que cuentan con el rango máximo. Y nuevamente la brecha entre las privadas autónomas y la Católica y la Chile resulta evidente. Estas últimas promedian los 6 y 7 años en sus carreras acreditadas.
Un problema significativo es la laxitud con que la Comision otorga la acreditación a partir de los informes. En otras palabras, basta con leer los informes de carreras o universidades acreditadas por dos años, para preguntarse cómo es posible que los hayan acreditado”, sentencia Waissbluth.
Para la Comisión Nacional de Acreditación, la acreditación en un buen instrumento de mejoramiento continuo para las instituciones y sus programas, estableciendo fortalezas y debilidades. Sin embargo, el proceso aún está muy reciente y claramente no ha llegado a cumplir sus objetivos a cabalidad. Aún falta por avanzar, y por sobre todo, incrementar el número de instituciones y carreras acreditadas por cinco años o más. Eugenio Díaz lo admite y agrega: “aún hay desafíos pendientes, principalmente en la dirección de revertir la baja eficiencia de los procesos de formación y de fortalecer la capacidad de las instituciones de desarrollar sus proyectos educativos con mayores niveles de responsabilidad social y perspectiva estratégica”.
(*) Universidad Mayor, Universidad de las Américas, Universidad Santo Tomás, Universidad San Sebastián, Universidad Central, Universidad Diego Portales, Universidad Andrés Bello y Universidad del Desarrollo.
Extraido de EL DINAMO

O mandamos a los banqueros a la cárcel o la economía no se recuperará

Por Joseph Stiglitz (*)

Como no se han cansado de repetir el economista James Galbraith y el economista y penalista William Black, no podemos resolver la crisis económica a menos que metamos en la cárcel a los delincuentes que han cometido actos fraudulentos.

Y el ganador del premio Nobel de economía George Akerlof ha demostrado que la negligencia en punto a castigar a los delincuentes de guante blanco, y a fortiori, el rescatarlos, crea incentivos para que se cometan más delitos económicos y se proceda a una ulterior destrucción de la economía en el futuro. El premio Nobel de economía Joseph Stiglitz acaba de expresar la misma idea. El pasado 20 de noviembre declaró lo que sigue a Yahoo s Daily Finance:
Es un asunto realmente importante y nuestra sociedad debe comprender cabalmente. Se supone que el sistema jurídico es la codificación de nuestras normas y de nuestras creencias, de lo que tenemos que hacer para que nuestro sistema funcione. Si se percibe un carácter explotador en nuestro sistema jurídico, entonces la confianza en todo nuestro sistema comienza a erosionarse. Y ese es realmente el problema que tenemos ahora.

Una muchedumbre de prácticas predatorias están en vías de continuar como si nada en los créditos para la compra de automóviles. ¿Por qué están bien los malos préstamos en el sector automovilístico y no en el mercado hipotecario? ¿Hay alguna razón de principio? Todos sabemos la respuesta: no. No hay razones de principio, hay razones de dinero. Son las contribuciones a las campañas electorales, el cabildeo, las puertas giratorias entre la política y los negocios, todas esas cosas.

El sistema está ahora mismo diseñado para estimular ese tipo de prácticas, aun a pesar de las multas [en referencia al antiguo ejecutivo de Countrywide, Angelo Mozillo, que acaba de pagar 10 millones de dólares de multa, una ínfima parte de lo que ganó fraudulentamente, porque ganó centenares de millones de dólares].

Conozco mucha gente que dice: es un escándalo que tuviéramos más supervisión, control y rendición de cuentas en los 80, cuando se dio la crisis de las cajas de crédito y ahorro, que ahora. Sí, les multamos, ¿y cuál es la gran lección que se saca de eso? Compórtate mal, y el gobierno de quitará un 5% o un 10% de los beneficios malhabidos, que estarás muy tranquilo en casita con varios centenares de millones de dólares que aún te quedarán luego de pagar unas multas que parecen enormes, pero que son en realidad muy pequeñas en relación con la cantidad de dinero que has conseguido embolsarte.

El sistema está configurado de tal modo, que aun si te pillan, el castigo es sólo una ñinfima parte de lo que te llevas a casita. La multa es sólo un coste más del negocio. Es como una multa de estacionamiento. A veces decides estacionar mal sabiendo que te caerá una multa, porque empezar a dar vueltas en busca de estacionamiento lleva mucho tiempo.

Yo creo que deberíamos hacer lo que hicimos en los 80 con la crisis de las cajas de crédito y ahorro, y meter en la cárcel a un buen número de estos tipos. Lo creo absolutamente. No son sólo delitos de guante blanco o pequeños incidentes. Hay víctimas reales. Ese es el asunto. Hubo víctimas en el mundo entero.

¿O es que confiamos en que estos tipos que nos metieron en el lío actual han cambiado realmente de actitud? Todo lo contrario. He oído alguno discursos que decían: En realidad, no se hizo nada realmente mal. No hicimos las cosas demasiado bien. Pero nuestra comprensión de estos asuntos es bastante razonable . Si de verdad piensan eso, estamos en un lío verdaderamente tremendo.

[En la disuasión del delito] hay distintos aspectos. Los economistas se centran por entero en la idea de los incentivos. A veces, la gente tiene incentivos para comportarse mal, porque pueden ganar más dinero si estafan o se meten en actividades fraudulentas. Si queremos que nuestro sistema económico funcione, tenemos que asegurarnos de que lo ganan cuando defraudan quede anulado por el sistema de castigos y multas.

Por eso, pongamos por caso, en nuestra legislación anti-oligopólica a menudo no detenemos a la gente cuando se comporta mal, sino cuando lo hace y podemos decir que hay daños constatables. Entonces pagan tres veces el daño que han causado. Es una forma muy radical de disuasión. Desgraciadamente, lo que estamos haciendo ahora en el caso de estos delitos financieros recientes son multas por fracciones –¡fracciones! del daño directo causado, y una fracción aún más pequeña del daño social total. Es decir: el sector financiero llevó realmente al desplome de la economía global, y si incluyes todos los daños colaterales, estamos hablando ya realmente de billones de dólares.

Pero se puede hablar en un sentido aún más amplio de daño colateral y al que no se le ha prestado atención. Y es la confianza en nuestro sistema jurídico, en el imperio de la ley y el Estado de Derecho, en nuestro sistema de justicia. Cuando se hace el Juramento de Lealtad [constitucional en EEUU], se dice justicia para todos . Pues bien; la gente no está segura de que tengamos justicia para todos. Algunos son detenidos por algún delito menor de droga, y dan con sus huesos en la cárcel por mucho tiempo; pero cuando se trata de esos llamados delitos de guante blanco, que no dejan de tener víctimas, casi ninguno de los gachós que los perpetran acaba entre rejas.


Se me permitirá otro ejemplo que ilustra hasta qué punto nuestro sistema jurídico ha descarrilado, contribuyendo a la crisis financiera.

En 2005 aprobamos una reforma del proceso de quiebra. Fue una reforma pretendida por los bancos. Estaba concebida para permitir legalmente el préstamo el mal préstamo a gentes que no entendían de qué iba el asunto, y básicamente destinada a estrangularlas. A expoliarlas. Y podríamos haberla llamado con justicia la nueva ley de servidumbre permanente . Porque es lo que en realidad era.

Se me permitirá que cuente brevemente lo mala que era. No creo que los norteamericanos entiendan hsta qué punto era mala. Hace realmente muy difícil que las personas puedan librarse de la deuda. El principio básico en los EEUU del pasado era la gente tenía derecho a comenzar bien. La gente comete errores. Especialmente cuando son presa de expolio. Y entonces tienes derecho a volver a empezar bien. Borrón y cuenta nueva. Paga lo que puedas, y vuelve a empezar. Ahora, si lo haces una y otra vez, entonces es distinto. Pero al menos, cuando andan sueltos estos prestamistas predadores, deberías conservar el derecho a volver a empezar sin cargas.

Pero los bancos dicen: No, no y no; no puedes librarte de la deuda , o no puedes librarte de ella tan fácilmente.

Eso es servidumbre permanente. Y criticamos a otros países por permitir ese tipo de servidumbre duradera, trabajo esclavo. Pero en Norteamérica lo hemos instituido en 2005 sin apenas debate público sobre las consecuencias. Lo que hizo esa ley fue animar a los bancos a realizar préstamos todavía peores.

Los bancos pretenden que creamos que no hicieron malos préstamos. Se niegan a aceptar la realidad. Es un hecho de alteraron los criterios contables, de modo que los préstamos dañados por la incapacidad de los prestatarios para devolver lo que deben se contabilizan igual que las hipotecas que se pagan a buen ritmo y sin mora.

De modo que toda la estrategia de los bancos ha consistido en esconder las pérdidas, seguir enredando y conseguir que el gobierno mantenga los tipos de interés realmente bajos.

Resultado: si toleramos esa estrategia, tendrá que pasar mucho tiempo antes de que la economía se recupere.

(*) Economista, Premio Nobel de Economía en 2001. Estados Unidos. En “Bitácora” de Uruguay
Extraido de OTHER NEWS

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