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Teleton

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Cumplida la Meta: ¿Y quién hará la pega con la Teletón?

Por Hugo Arias V.
Ex Editor de Economía Diario 7

Ahora que ha bajado un poco la efervescencia teletonera luego de cumplida la meta, me parece necesario llamar al periodismo, a los medios, a hacer definitivamente la pega que hace rato nos llora con la Teletón. ¿Cuántos años llevamos llenos de rumores, de mitos urbanos, respecto de cómo se financia la campaña, cómo operan las empresas o qué beneficios tributarios existen para los donantes millonarios?
Y, por favor, no se entienda mal. No pido un reportaje donde se busque destruir a la Teletón. Pido nada más uno donde se aclaren una serie de cosas que, además, normalmente enredan el debate.
Es importante saber, por ejemplo, si hay descuentos tributarios para las empresas o personas que aparecen aportando sumas millonarias a la campaña. Y si hay descuento, cuántas lo aprovechan y por qué montos. Sobre todo porque normalmente quienes critican el evento suelen apelar a la responsabilidad del Estado para con estos niños; y si existen rebajas tributarias, al menos habrá que explicar que eso quiere decir que el Estado se está poniendo con una parte (seguramente relevante) de la plata que en el evento pareciera que la entregan las empresas u otras instituciones o personas.
Si se confirma el uso de franquicias tributarias habrá que discutir, además, si esta es la mejor manera de destinar recursos públicos a la salud o cuán justo es para otros tipos de enfermedades con menos prensa o con poblaciones afectadas más reducidas. O cuán transparente es que la donación tenga un beneficio para las empresas, pero sea producto de un mayor consumo de personas anónimas que no reciben ningún incentivo por su aporte.
Y habrá que aclarar, además, que lo que ocurre con las franquicias tributarias a las donaciones es que una plata que debía llegar a las arcas del Estado no llega a ellas y la decisión sobre dónde gastarla la toma el contribuyente de altos ingresos que se acoge a la franquicia (en lugar de lo que ocurre con los gastos del presupuesto, que son orientados y fiscalizados anualmente por los representantes de la ciudadanía en el gobierno y el Congreso).
Es cierto que, en principio, podría no haber mayores problemas con el destino de los recursos, pero es cosa de ver cómo funciona la franquicia para donaciones en las universidades para saber cómo se pueden dar distorsiones groseras: en el caso de las universidades, la élite económica del país (que es la que paga impuestos y, por ende, la que puede acogerse a la franquicia) termina traspasando dineros públicos a las universidades de la misma élite: las universidades de Los Andes, Católica y Del Desarrollo aparecen persistentemente entre las cinco primeras en recepción de donaciones. De las universidades públicas, sólo la U. de Chile compite entre las tres primeras.
En resumen, habrá que explicar que, en la lógica de las franquicias tributarias, que se conoce también como democracia tributaria, sólo pueden participar las personas que tienen ingresos anuales superiores, poro más o menos, a los 5 millones de pesos, que son las que están obligadas a pagar el impuesto a la renta en Chile. ¿Y sabe usted cuántas personas caen en esa categoría? Apenas 1 millón de chilenos, y sólo 940 mil personas declararon ingresos superiores a este monto en 2004. Esto equivale a un 18% de quienes declararon ingresos ese año y a un 9% de los chilenos (hombres y mujeres mayores de 18 años) que la Constitución define como ciudadanos con derecho a voto (porcentaje similar, curiosamente, al de los mayores de 21 años que tenía derecho a voto con el voto censitario).
Si no hay franquicias y cada empresa realmente dona lo que dice donar, bueno, todos felices; o no tanto, pero con menos espacio para la desconfianza. Porque críticas va a haber siempre, pero es distinto cuando está en juego le dinero de todos los chilenos, que se supone debe ir en beneficio de los más pobres, de los que más necesitan.
Extraido de OJO DEL MEDIO
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Teleton 2010 – El Padrino (SubVerso + Estigma)

 
A continuación aclaración del autor:
Viendo tantos comentarios y opiniones acerca del video, quiero aclarar algo para que siga el debate y quizás lleguemos a algo concreto

En ningún momento esto ha sido un ataque a la labor que realiza la Fundación Teletón, sino un cuestionamiento al modo de financiamiento y a los que realmente lucran cuando se hacen pasar por solidarios: las empresas y los profesionales de las comunicaciones (artistas, animadores, periodistas, etc.) que ven en esto, mas de una linda causa, un buen negocio.

Para los que piden PROPUESTAS CONCRETAS:

Si la clase empresarial y política quisiera cambiar esto, lo harían, pero no les interesa. Si fuera así, todo el esfuerzo, recursos invertidos, y legitimidad adquirida en 30 años serían suficientes para hacer algo muy sencillo: el próximo año, en vez de campaña y evento Teletón, hagamos una campaña nacional para lograr apoyo político transversal para legislar el tema.

Total, si 15 millones de chilenos apoyan este trabajo, debiera ser facilísimo lograr una mayoría aplastante con una sencilla formula…

Todos los que ganan arriba de $ 2.000.000 mensuales, que pongan automáticamente (por ley) un 1% de sus ganancias. No les dolería nada: son 20.000 al mes para alguien que gana 2 guatones, ¿acaso eso cambia su nivel de vida?

Y si sacan bien las matemáticas, con eso se termina no sólo el problema del financiamiento de la Teletón, sino de gran parte de la salud en Chile. Así de brígida es nuestra distribución de riqueza, y así de egoístas son los ricos.

Así que en vez de escuchar hablar hipócritamente a los millonarios de “humanidad y solidaridad”, mientras la gente pobre es la que pone el 80% de lo recaudado en cada Teletón, prefiero que hablemos de justicia social y derechos.

Si me equivoco, por favor expongan sus argumentos con seriedad, pero que no sean argumentos que defiendan el derecho de los ricos a ganar sus millones “porque se los merecen” o “se los han ganado”.

Y si no me equivoco, a poner todas las energías y voluntades que se juntan en la Teletón al servicio de una propuesta verdaderamente democrática, solidaria y humanitaria como ésta.

Subido a Youtube por  conspirazion

LA VIRGEN OBESA DE LA TEVE

por Pedro Lemebel
Redondeado por el sopor de la tarde, el mito burlón de Don Francisco recrea el lánguido fin de semana, el opaco fin de semana poblacional que por años solamente tubo el escape cultural de Sábados Gigantes, el día chillón del verano haragán, el polvo seco de la calle sin pavimentar y la tele prendida, donde el gordo meneaba la colita al ritmo de la pirula.
Desde los sesenta, el joven y espigado Mario, vislumbro el éxito en el tanto por cuanto de su negocio de patronato. Desde ese manoseo monetario del ahorro y la inversión, hizo pasar a todo un país por la treta parlanchina de su optimismo mercante. Es decir, reemplazo el mesón de la negocia por el trafico de la entretención televisiva, la hipnosis de la familia chilena, que cada sábado, a la hora de onces, espera al gordo
para reír sin ganas con su gruesa comicidad. Así Don Pancho, supo hacer el mejor negocio de su vida al ocupar la naciente televisión como tarima de su teatralidad corporal y fiestera. Con mucha habilidad, impuso su figura regordeta. Anti televisiva, en un medio visual que privilegia el cuerpo diet. Contrabandeando payasadas y traiciones del humor ladino, nos acostumbro a relacionar la tarde ociosa del sábado con su timbre de tony, con su cara enorme y su carcajada fome, que sin embargo hizo reír a varias generaciones en los peores momentos.
Quizás su talento como estrella de la animación, se debe a que supo entretener con el mismo cantito apolítico todas las épocas, Y por mas de veinte años, vimos brillar la sopaipilla burlesca de su bufonada, y Chile se vio representado en el San Francisco de la pantalla, la mano milagrosa que regalaba autos y televisores como si les tirara migas a las palomas. Manejando la felicidad consumista del pueblo, el santo de la tele hacia mofa de la audiencia pobladora ansiosa por agarrar una juguera-radio-encendedora-estufa, a costa de parar las patas, mover el queque, o aguantar las bromas picantes con que el gordo entretenía al país.
Tal vez, la permanencia de este clown del humor fácil en la pantalla, se debió a que fue cuidadoso en sus opiniones políticas, y supo atrincherarse en el canal católico, donde su programa siempre tuvo el apoyo de la derecha empresarial. Aun así, aunque Don Francisco nunca dijo nada sobre la violación de derechos humanos y se hizo el loco cuando el hijo de Contreras declaro que su papa almorzaba con el…  Aun así, aunque le hacia una venia a los sables, hay gestos suyos que pocos conocen y que harían más soportable su terapia populista. Se sabe que en los primeros días después del golpe, le compro un sanguche a un periodista que entonces era perseguido por los militares. Tal vez esto, haga mas digerible su insoportable cháchara, pero no basta para el Vía Crucis de la Teleton. Esa odiosa teleserie de minusválidos gateando para que la Coca Cola les tire unas sillas de ruedas. No basta la emoción colectiva, ni la honestidad de las cristianas intenciones, ni el sentimentalismo piadoso para justificar la humillación disfrazada de colecta solidaria. No basta la imagen del animador como virgen obesa con la guagua parapléjica en los brazos, haciéndole propaganda a la empresa privada con un problema de salud y rehabilitación que le pertenece al estado. Con este gran gesto teletonico, el país se conmueve, se abuena, se aguachan sus demandas rabiosas. Y el “Todos juntos”, funciona como el show reconciliador donde las ideologías políticas blanquean sus diferencias bailando cumbia y pasándose la mano por el lomo con la hipocresía de la compasión. Porque más allá de los hospitales que se construyen con el escudo de la niñez invalida, quien mas gana en popularidad es el patrono del evento. El sagrado Don Francisco, el hombre puro sentimiento, puro chicharrón de corazón, el apóstol televisivo cuya única ideología es la chilenidad y su norte la picardía cruel y la risotada criolla que patento como humor nacional.
 A lo mejor, en estos años de desengaño democrático, si había que exportar un producto típico chileno, que no fuera Condorito, pasado de moda por roto y resentido, ahí estaba Don Francis: sentimental, triunfador y chacotero. Si había que instalarlo en algún escenario, no cabía duda que el mejor era Miami y su audiencia sudaca. Al resto del show, sumarle el gusaneo cubano y su hibrides de hamburguesa gringa y salson trasplantado, allegado, paracaidistas de visita siempre, pero que se creen yanquis con sus pelos teñidos, sus grasas monumentales y su vida fofa del carro al mall, del mall al surfing, y del Beach al living room, con bolsas de papas fritas, pop corn, pollo Chicken y litro de Coca Cola, para ver al chileno gracioso, que cada tarde de sábado reparte carnaval  a la tele audiencia latina. En fin, dígase lo que se diga. Don Francisco equivale a la cordillera para los millones de telespectadores del continente que lo siguen, lo aman, le creen como a la virgen, y ven en la boca chistosa del gordo una propaganda optimista de país. Más bien, una larga carcajada neoliberal que limita en una mueca triste llamada Chile.

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