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Cristián Warnken: Soy un bien de consumo

por Cristián Warnken (blogs El Mercurio)
El Presidente dijo -hace dos días- en una ceremonia académica: “La educación es un bien de consumo”. El nuevo vocero de Gobierno salió inmediatamente a aclarar lo que el Presidente habría querido decir con sus palabras, pero su aclaración fue demasiado larga y poco clara como para convencer a nadie de que en realidad el Presidente no había dicho lo que había dicho. En este caso, no creo que estemos ante un lapsus o una frase sacada de contexto. Y si fue un lapsus, lo fue tal como lo entendían Freud y los psicoanalistas: como la irrupción de un contenido latente o reprimido. Lo que afirmó le salió de lo más hondo de su inconsciente, de su ser más profundo.
En su trayectoria empresarial y como inversionista, el Presidente ha tenido que ver la realidad y apropiarse de ella siempre en términos de ganancia o pérdida económicas. Esa manera de ver el mundo le dio muy buenos resultados en el ámbito de los negocios, donde esas categorías son pertinentes y necesarias. Pero en otras esferas esas mismas categorías pueden volverse no sólo inoperantes o distorsionadoras, sino aberrantes e insolentes, sobre todo en un país como este, que se ha construido desde una educación pensada por humanistas de la talla de Andrés Bello o del gran Jorge Millas. No todo puede ser reducido a variables puramente económicas. Hay dimensiones humanas en las que todavía impera la gratuidad y no campea el pensar calculante. Y digo todavía, porque los nuevos materialistas, los reduccionistas económicos, a estas alturas sienten que todo, absolutamente todo, puede ser un “bien de consumo”, un “insumo”, una “inversión” o un commodity .
Así como los marxistas de viejo cuño creyeron entender al hombre y la sociedad con las simplistas categorías de “lucha de clases”, “burguesía” y “proletariado”, este nuevo fundamentalismo económico nos va a llevar al despeñadero al que siempre terminan por llevar las teorías explicativas reductivistas, convertidas en verdades y aplicadas mecánicamente y con fervor mesiánico en todos los ámbitos del quehacer humano. Marx y Friedman fueron intelectuales brillantes de su tiempo, pero sus discípulos suelen ser peligrosísimos: coinciden en el mismo tipo de violencia teórica que le infligen a la realidad humana, al hacer calzar -a la fuerza y al costo que sea- todo, absolutamente todo, dentro de sus matrices interpretativas, convertidas en las nuevas tablas de la ley.
Lo que el Presidente dijo o no quiso decir me sumió en una honda perplejidad. Soy profesor hace varias décadas; e rgo -desde su punto de vista-, yo también soy un bien de consumo. ¿Y el amor al conocimiento, la pasión por enseñar que comparto con miles de profesores anónimos que han escogido esta profesión, son entonces una inversión o un commodity ?”. Entonces, Gabriela Mistral con su “La oración de la maestra”, y Aristóteles, Sócrates, Abelardo, Jesús y todos los grandes maestros de Occidente, ¿se equivocaron al pensar que estaban trabajando con almas, con seres y no con bienes transables en el mercado? ¿Fue una ilusa Gabriela Mistral cuando dijo: “Como los niños no son mercancías, es vergonzoso regatear el tiempo en la escuela; pertenecemos a la escuela en todo momento que ella nos necesite”? ¿Se dilapida, se pierde el tiempo en educación cuando se piensa así? ¿Cuánto vale “El sermón de la montaña”? ¿Y cuánto la “Apología de Sócrates”?
Los dichos del Presidente me hicieron recordar las aprensiones del poeta Ezra Pound, quien, alertado por el efecto devastador que puede tener la usura en nuestra civilización, dijo en su Cantar XLV: Con usura “ninguna pintura está hecha para durar o vivir en ella, sino sólo para venderse,/ venderse con avidez (…)./ Piero de la Francesca fue ajeno a la usura (…)./ La usura trae herrumbre al cincel,/ enmohece al artesano y su oficio,/ corroe el hilo del telar”. ¿Cuánto valen hoy estos lúcidos versos de Pound?
Extraido de Blogs El Mercurio
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La habitación de los espejos y la educación como consumo

por Jorge Inzunza H.(*)
Se entretuvo dentro de la habitación de los espejos con una moneda. Entre sus manos regordetas la moneda se deslizaba para jugar a distorsionar sus formas y tamaños. Cuando esta se hacía gigante sus ojos se hacían enormes y se dibujaba un anuncio de sonrisa en la comisura de sus labios. Puso la moneda sobre la uña de su pulgar derecho, y con fuerza la impulso para que girara. Brillaba en un giro en cámara lenta como dando latigazos al espacio oscuro. Crecía para luego hacerse pequeña. Si hubiera podido elegir la hubiera dejado inmóvil en la posición en que ella era gigante.

Había entrado con la sola intención de imaginar su moneda crecer. Al salir de aquella habitación podría pensar en el poder de compra real. Residente diría que tal vez podría comprar una bala, ya que son más baratas que los condones, mientras algún Presidente diría que podría comprar educación, porque es un bien de consumo. Tal vez el mismo Presidente diría que no sólo es un bien de consumo, sino que un bien de inversión, porque podría entregar esa moneda a un empresario que podría formar un negocio educacional para que otros compren los bienes que se producen allí.

Consumir. Quizás cuando las autoridades hablan de consumo se refieren a la segunda acepción de la Real Academia Española: “Utilizar comestibles u otros bienes para satisfacer necesidades o deseos”, sin embargo no se puede ignorar la potencia de la primera acepción: “Destruir, extinguir”. Cuando se consume algo se destruye, algo se extingue, y no sólo eso podemos deducir que podemos identificar a un agente que perpetra el acto de la destrucción o extinción.

Entonces ¿qué sería consumir educación? He aquí una contradicción, ya que las filosofías detrás de la educación han tendido a compartir que la educación es más bien la construcción, que puede darse a través del conflicto y la destrucción de estructuras cognitivas, pero es un acto creativo en esencia. Si el consumo como ideología socio-política supone la destrucción, entonces podríamos decir que consumo y educación son dos polos opuestos, podríamos decir incluso que prácticamente antónimos.

Si “consumir” un libro es extinguirlo, si “consumir” un profesor es destruirlo, entonces algo no calza bien en esta filosofía de libre mercado en educación. Y los hechos lo demuestran, la inserción de Chile en la anti-regulación educacional significó un incentivo a la destrucción las escuelas y universidades públicas en todas sus dimensiones (infraestructura, condiciones laborales, violación de la autonomía, etc.). Y este es un componente ideológico, no es una elección meramente gerencial o de buen gobierno. Las políticas educacionales chilenas se encuentran encerradas en la habitación de los espejos, la cual ha posicionado el valor del dinero como la pieza central que debiese mover al sistema. Por eso es que se utiliza con tanta recurrencia la imagen de que las familias “eligen con los pies”, yéndose al sistema escolar privado. Si el Estado de Chile no apuesta, como es el deber de todos los Estados, por la educación de todos/as (la pública), entonces es normal que las familias se defiendan privadamente ante la ausencia de proyecto.

La invitación, por lo tanto, es a recuperar el espíritu educativo del Estado. No de cualquier Estado, sino de un Estado que sea capaz de reconocer y defender los derechos comunes, no los derechos de unos pocos. Educar es construir públicamente.

En la habitación de los espejos ha entrado la protesta.
Columna publicada en Blog Versus 21 facilitada por el autor.

Sepa quién es quién en el manejo de las Universidades Privadas

por El Dinamo
Ex ministros de Pinochet y de la Concertación, reconocidos directores de empresas y, hasta parlamentarios, están en las directivas de los planteles que florecieron al final de la dictadura.
Corrían los últimos meses del régimen militar, y uno de los ministerios más solicitados era el de Educación. ¿La razón? La dictadura se desmoronaba y muchos querían obtener rápido las autorizaciones necesarias para abrir una universidad. El plebiscito ya se había perdido y las ansias privatizadoras cobraban su último impulso. “Se decía que (la apertura de universidades) tenía menos trabas que instalar una botillería”, constataba en su libro, “La Privatización de las Universidades”, la periodista María Olivia Monckeberg, hace sólo un lustro.
Entre octubre de 1988 y noviembre de 1989, es decir en sólo un año, 15 de las 35 universidades privadas que actualmente funcionan, enviaron sus estatutos fundacionales para su aprobación. Y otras 6, lo hicieron entre fines de 1989 y marzo de 1990, cuando la Concertación asumió el poder. En tanto, 3 vieron la luz en los años de gobierno de la centroizquierda.
La gran mayoría nació al alero de influyentes grupos económicos, religiosos o políticos… y en el transcurso de más de dos décadas, poco ha cambiado el mapa de los controladores de las principales universidades del país. Incluso, personajes gravitantes en áreas como los negocios o la política, se vuelven caras conocidas en las juntas directivas de algunas universidades.
En momentos en que se discute la naturaleza y estructura de la educación superior en Chile, aquí entregamos los detalles de las instituciones privadas con más de 5.000 alumnos de pregrado -cifra que se considera el umbral de viabilidad- y de sus juntas directivas, con sus miembros más reconocidos.

Universidad Nacional Andrés Bello
Fecha reconocimieno oficial: 29 de diciembre de 1988
Rector: Pedro Uribe Jackson
Número de alumnos: 29.000 aprox
Fundadores
Víctor Saleh, empresario inmobiliario y hombre vinculado a la hípica, y Francisco Luna. Luego ingresaron a la propiedad tres sociedades ligadas a Álvaro Saieh, Jorge Selume, Miguel Ángel Poduje, Juan Antonio Guzmán y Andrés Navarro. Actualmente, es controlada por el consorcio internacional Laureate Education -fondo que controla Kohlberg Kravis Roberts y que habría desembolsado US$ 250 millones en la compra- al igual que la Universidad de Las Américas y la de Viña del Mar.
Actual Junta Directiva
Miguel Ángel Poduje: ex ministro de Vivienda y Urbanismo y de la Secretaría General de Gobierno durante el gobierno militar. Participación en directorios, entre ellos, el de Clínica Indisa.
Manuel Krauskopf: académico e investigador.
Raúl Rivera: presidente del Foro Innovación.
Jorge Selume: accionista de Corpbanca, ex dueño del Banco Osorno y antiguo socio de Álvaro Saieh, dueño de Copesa (La Tercera, Qué Pasa, La Hora, y La Cuarta) y propietario de SMU. También participa en la Junta Directiva de la Universidad de Las Américas.
Universidad de Las Américas
Fecha reconocimieno oficial: 29 de diciembre de 1988
Rector: José Pedro Undurraga Izquierdo
Número de alumnos: 27.000 aprox.
Fundadores
Familia Antillo, antiguos dueños de supermercados Santa Isabel, Posteriormente la adquirió el consorcio internacional Sylvan International Universities, que luego pasó a llamarse Laureate Education Inc, que también controla las universidades Nacional Andrés Bello y de Viña del Mar.
Miembros destacados de la actual Junta Directiva
Herman Chadwick: actual presidente del Consejo Nacional de Televisión, y ex presidente de la Asociación de Concesionarios de Obras de Infraestructura Pública A.G. (COPSA). Es primo del Presidente Sebastián Piñera.
José Pedro Undurraga Izquierdo: director de la Empresa Nacional de Minería (Enami), nombrado por el presidente Sebastián Piñera.
Pedro Covarrubias Besa: abogado, ex miembro del estudio Barros & Errázuriz Abogados.
Genaro Arriagada: Ex ministro Secretario General de la Presidencia (DC) durante el gobierno de Eduardo Frei y ex Embajador de Chile en Estados Unidos durante la administración.

Universidad Santo Tomás
Fecha reconocimieno oficial: 28 de diciembre de 1988
Rector: Jaime Vatter Gutiérrez
Número de alumnos: 20.000 aprox.
Fundadores
Gerardo Rocha Vera, quien inició su incursión en la educación técnica de la salud. Formó Propam y Cidec, institutos exitosos entre los años 70 y 80, los que fusionó para formar el Centro de Formación Técnica Santo Tomás.
El año 2005, el fondo Econsult adquiere el 15% de la propiedad de la Corporación Santo Tomás, mientras que la participación restante sigue en manos de la familia Rocha. Después de la trágica muerte de su fundador en 2008, se vende el 57% de la corporación a la familia Hurtado Vicuña y al fondo Linzor Capital. Según revista Qué Pasa la operación ascendió a los US$ 70 millones.
Miembros destacados de la actual Junta Directiva
Juan Hurtado Vicuña: presidente del directorio de Entel y dueño de la Sociedad Minera Pucobre.
Tim Purcell: fundador de Linzor Capital, grupo que intentó comprar Chilevisión.
Rafael González Amaral: ex gerente general de Codelco, división Chuquicamata entre 1998 y 2000. Director de las sociedades Alto Cachapoal, Minera y Loma Negra.
Carlos Ingham: participó en los directorios de Cruz Blanca Salud, Isapre Cruz Blanca, y Copec S. A., entre otras.
Universidad San Sebastián
Fecha reconocimieno oficial: 9 de febrero de 1990
Rector: Ricardo Riesco Jaramillo
Número de alumnos: 14.500 aprox.
Fundadores
Raúl Poblete Almendra, ingeniero comercial, y Javier Pivcevic Bayer, Licenciado en Ciencias de Administración de Empresas, Universidad Austral de Chile. Actualmente, los hombres detrás de la institución son Andrés Navarro (Sonda), Alejandro Pérez, ex hombre fuerte del grupo Angelini, Luis Cordero, fundador -hoy ex militante- de la UDI y Luis Ernesto Videla, ex gerente de LAN.
Miembros destacados de la actual Junta Directiva
Alejandro Pérez: ex gerente general de Celco. Actual vicepresidente de Clínica Indisa.
Pilar Zabala Meruane: presidenta del Holding Pie de Monte, que tiene inversiones en educación, entretenimiento, agroindustria e inmobiliaria. Su familia fue gestora del complejo Puerto Velero.
Pablo Longueira Montes: senador UDI, asume en representación de los herederos del fallecido socio Marcelo Ruiz.
Andrés Navarro: presidente de Sonda y del directorio de Clínica Las Condes. Es además director de SalfaCorp y participa como accionista en AFP Modelo.
Patricio Cordero Barrera: director ejecutivo de la Fundación Banigualdad, ex asesor de la Municipalidad de Las Condes, ex administrador de la Municipalidad de Santiago y asesor de Joaquín Lavín en sus candidaturas presidenciales.
Ernesto Videla Cifuentes: ex general de Ejército y subsecretario de Relaciones Exteriores durante la dictadura.
Universidad Autónoma de Chile
Fecha reconocimieno oficial: 31 de enero de 1990
Rector: Teodoro Ribera Neumann, ex miembro del Tribunal Constitucional, del comité asesor de Relaciones Exteriores designado por la Presidenta Michelle Bachelet y del consejo asesor de TVN. Además, fue diputado por RN entre 1994 y 1998.
Número de alumnos: 13.100 aprox.
Fundadores
Teodoro Ribera Beneit y su hijo Teodoro Ribera Neumann junto a otras personalidades del mundo académico y político de Temuco, ciudad en que se originó esta universidad.
Miembros destacados de la actual Junta Directiva
Teodoro Ribera Beneít: Abogado.
José Rosenberg Villarroel: empresario y gerente general de empresas Rosen
Ernesto Schiefelbein Fuenzalida: ex ministro de Educación en el Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Premio Nacional de Educación en 2007.
Universidad Mayor
Fecha reconocimieno oficial: 13 de mayo de 1988
Rector: Rubén Covarrubias
Número de alumnos: 12.300 aprox.
Fundadores
La Corporación fue constituida en 1988 por Rubén Covarrubias -ex director de educación superior del Ministerio de Educación, Eric Villaseñor -ex asesor del Mineduc y René Salamé.
Miembros destacados de la actual Junta Directiva
Ricardo Garcia, ex ministro del Interior entre 1985 y 1987
Mario Arnello Romo: diputado en dos períodos (1973 – 1977 y 1969 – 1973) por el Partido Nacional.
Jorge Prado Aránguiz: ex ministro de Agricultura entre 1982 y 1988, ex presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) y director de empresas.
Sergio Melnick Israel: gerente general y miembro del directorio de varias empresas. Entre ellas SQM, Chilectra, Banco Edwards y Chilefilms, entre otras.
Sergio Bitar Chacra: ex ministro de Minería (Gobierno de Salvador Allende), Educación (Ricardo Lagos) y Obras Públicas (Michelle Bachelet) y senador PPD entre 1994 y 2002.
Cristián Cortés Póo: socio del bufete “Espina, Zepeda & Acosta”, que asesora en varias causas al Gobierno.
Universidad Diego Portales
Fecha reconocimieno oficial: 21 de diciembre de 1982
Rector: Carlos Peña
Número de alumnos: 11.000 aprox.
Fundadores
Manuel Montt Balmaceda, a través del instituto Promoción y Ventas (Ipeve), que dio paso a la fundación Universidad Diego Portales, instancia que da origen a la institución.
Miembros destacados de la actual Junta Directiva
Roberto de Andraca: presidente de la Compañía de Acero del Pacífico (CAP).
Eduardo Rodríguez Guarachi: ex embajador de Chile en Argentina durante el gobierno de Eduardo Frei, militante DC. En la actualidad promueve el corredor bioceánico que uniría Los Andes con Mendoza.
Agustín Squella: abogado, ex rector de la Universidad de Valparaíso y ex miembro del directorio del Consejo de Rectores.
Jorge Desormeaux: ex consejero y vicepresidente del Banco Central. Participa en el directorio de Viña Concha y Toro, firma ligada a las familias Guilisasti y Larraín. Casado con la actual ministra del Trabajo, Evelyn Matthei.
José Joaquín Brunner: ex ministro Secretario General de Gobierno en la presidencia de Esduardo Frei Ruiz-Tagle. Militante PPD y ex presidente del Consejo Nacional de Televisión y ex presidente de la Comisión Nacional de Acreditación de Programas de Pregrado, entre otras.
Juan Pablo Illanes, el ex director responsable de El Mercurio es consejero asesor de la casa de estudios.
Universidad Central
Fecha reconocimieno oficial: 24 de febrero de 1983
Rector: Ignacio Larraechea Loeser (interino)
Número de alumnos: 8.900 aprox.
Fundadores
Gonzalo Hernández Uribe, Hugo Gálvez Gajardo, Luis Flores Vera, Pedro Cruzat Fuschlocher, Vicente Kovacevic Poklepovic, Carlos Blin Arriagada, Omar Mendoza Palominos, y Luis Castañeda Carrasco. La Corporación de la universidad está formada por académicos del plantel.
Miembros destacados de la actual Junta Directiva
Ernesto Livacic Rojas, ex superintendente de Bancos e Instituciones Financieras en el mandato de Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Asesor del ministerio de Hacienda entre 2000 y 2004.
Universidad Adolfo Ibáñez
Fecha de reconocimiento oficial: 13 de enero de 1989
Rector: Andrés Benítez Pereira
Número de alumnos: 6.500 aprox.
Fundadores
Fundación Adolfo Ibáñez, ligada a los descendientes del empresario Adolfo Ibáñez Boggiano.
Miembros destacados de la actual Junta Directiva
Cristóbal Lira Ibáñez: actual subsecretario de Prevención del Delito del Ministerio del Interior.
Sergio Undurraga Saavedra: ex presidente del Fondo de Inversiones Moneda Asset
Nicolás Ibáñez Scott: hijo de Manuel Ibáñez, empresario y controlador del holding D&S hasta su venta a Wal Mart.
Universidad del Desarrollo
Fecha reconocimieno oficial: 22 de febrero de 1990
Rector: Ernesto Silva Bafalluy.
Número de alumnos: 9.300 aprox.
Fundadores
Joaquín Lavín, actual ministro de Educación y ex candidato presidencial de la UDI;
Carlos Alberto Délano, dueño del grupo Penta -controladora de empresas como AFP Cuprum y empresas Banmédica y que administra activos de acuerdo a valoración del mercado que alcanza los 20 mil millones de dólares- , es amigo personal de Sebastián Piñera y miembro del llamado “tercer piso” de asesores informales del mandatario;
Cristián Larroulet, actual ministro secretario general de la Presidencia y ex director ejecutivo de Libertad y Desarrollo;
Hernán Büchi, ex ministro de Hacienda de Augusto Pinochet y actual director de Falabella, y Soquimich, entre otras empresas;
Federico Valdés, actual presidente de Azul Azul, concesionaria del club Universidad de Chile.

Miembros destacados de la actual Junta Directiva
Hernán Buchi, Federico Valdés, Carlos Alberto Délano,
Carlos Eugenio Lavín: fundador de empresas Penta.
Dag Von Appen: responsable de la naviera Ultragas e hijo de Sven Von Appen, integrante del grupo Ultramar y uno de los socios del proyecto minero Isla Riesco.
Rolf Kühlenthal Ressler: director gerente de Merck S.A. y vicepresidente del directorio de Clínica Alemana de Santiago S.A.
UCINF /Universidad de Ciencias de la Informática
Fecha reconocimieno oficial: 9 de marzo de 1990
Rector: Karin Riedemann Hall
Número de alumnos: 5.480 aprox.
Fundadores
Organizada por un grupo de empresarios y oficiales en retiro del ejército en 1990, entre ellos, el general (R) José Fernándo Mutis Puccio y el coronel (R) Víctor Manuel Molina Moscoso. Posteriormente, en 2009, tomó el control del 60 por ciento el grupo Cepech -cuyos socios son los empresarios Eduardo Avayú, Cristian Moreno, Carlos Schaerer y Fernando Camacho- mientras que el resto queda en manos de Rodrigo Rocha Vera.
Miembros destacados de la actual Junta Directiva
Cristian Moreno, director ejecutivo de Cepech y Rodrigo Rocha Vera.
Universidad de Los Andes
Fecha reconocimieno oficial: 9 de febrero de 1990
Rector: Orlando Poblete Iturrate
Número de alumnos: 4.800 aprox
Fundadores
Vinculada al Opus Dei, sus fundadores fueron el sacerdote Juan Ignacio González, el médico Fernando Figueroa Elizalde, el ingeniero comercial Eduardo Guilisasti Gana, el filósofo Jorge Peña Vial, y el abogado Francisco Ruiz-Tagle, entre otros.

Miembros destacados de la actual Junta Directiva
Orlando Poblete Iturrate: asesor de la Presidencia entre 1979 y 1987 y ex ministro secretario general de Gobierno entre 1987 y 1988.
Eduardo Guilisasti Gana: gerente general de Empresas Concha y Toro
Raúl Bertelsen Repetto: abogado, actual miembro del Tribunal Constitucional
Eduardo Fernández León: dueño de Inmobiliaria FFV, Inmobiliaria Las Brisas y socio de Consorcio.
Canio Corbo: hermano del ex presidente del Banco Central, Vittorio Corbo. Ha tenido participación en los directorios de la Compañía Sudamericana de Vapores (CSAV), y fue presidente del grupo belga Eles y de Pizarreño.
Universidad Pedro de Valdivia
Fecha reconocimieno oficial: 2007
Rector: Ángel Maulén Ríos
Número de alumnos: 10.300 aprox.
Fundadores: creada a partir de la compra de la Universidad Mariano Egaña, por el empresario hotelero Ángel Maulén en 2006.
Miembros destacados de la actual Junta Directiva
Alonso Morgado: director general del Preuniversitario Pedro de Valdivia.
Juan Carlos Latorre: diputado DC desde 1990.
Fuente:  
Páginas web institucionales / Ranking de Universidades, Revista Qué Pasa /” La privatización de las universidades. Una historia de dinero, poder e influencias”. María Olivía Mönckeberg. Primera edición, 2005. Editorial La Copa Rota/ El Dínamo.
Extraido de El Dinamo 
Título Original:  “Quién es quién en el manejo de las Universidades Privadas”

Por qué la subvención preferencial puede matar a la educación pública

por Jaime Portales (CIPER)
El sistema permite que los colegios particulares subvencionados puedan seleccionar a sus estudiantes; cobrar financiamiento compartido; destinar los montos de la subvención a fines diferentes al educativo; y que sean escasamente supervisados en su gestión pedagógica y financiera. La ley que los rige no les exige una cuota mínima de estudiantes de escasos recursos para recibir la subvención y tampoco el número de establecimientos subvencionados que un sostenedor podrá tener. El autor analiza los datos del sistema que favorecen al sector privado, dejando a las escuelas públicas en clara desventaja.
Hace algunas semanas el Ministro de Educación, Joaquín Lavín, señaló que el gobierno quería hacer cambios a la educación superior de “común acuerdo” con las fuerzas políticas, los rectores y los estudiantes, de la misma forma como se había hecho la reforma a la educación escolar. ¿Pero de qué reforma escolar estamos hablando? ¿Han sido suficientes los cambios introducidos desde la irrupción de los “pingüinos” en 2006 hasta las actuales manifestaciones, para resolver los problemas de equidad, calidad e integración social que aquejan a la educación escolar pública y al sistema escolar en su conjunto?
La privatización de la educación básica y media en Chile no sólo se inició y promovió en la década de los ‘80 durante la dictadura, sino que también continuó y se fortaleció durante los ‘90 y en adelante en democracia. Desde el inicio de la reforma en 1981, e incluso después de 1990, han aparecido crecientemente en el país escuelas particulares subvencionadas atendiendo un número cada vez mayor de estudiantes. Mientras tanto, el número total de escuelas público-municipales y de estudiantes de colegio público ha disminuido.

Desde 1990 aproximadamente el 93% de los estudiantes chilenos estudian en escuelas público-municipales o particulares subvencionadas, y sólo el 7% estudia en colegios particulares pagados. A pesar de esta estabilidad general en la matrícula, el sistema educativo ha generado una expansión de la matrícula particular-subvencionada de 31,8% en 1990 a 45% en 2005 a nivel nacional, lo que se ha traducido en un aumento del número total de este tipo de establecimientos en el país de 2.425 en 1990 a 3.343 en 2005. Paralelamente, las escuelas público-municipales han sufrido una disminución de su matrícula del 61,2% en 1990 al 48% en 2005 a nivel nacional, lo que se ha traducido en una disminución del número total de este tipo de establecimientos de 6.000 en 1990 a 5.572 en 2005. Estos cambios se han producido fundamentalmente en zonas urbanas y en ciudades de más de 100.000 habitantes.
¿Cuáles han sido los efectos de esta reducción? ¿Qué tipo de familias y estudiantes han emigrado al sector particular subvencionado? ¿Qué ha pasado con las escuelas públicas en este proceso? En general, familias de diferente nivel socioeconómico se han matriculado en diferentes tipos de escuela y una creciente estratificación social se ha generado en el sistema, siendo la educación pública la más dañada en términos de matrícula y subvención recibida.
Debido a que las escuelas particulares subvencionadas están autorizadas a seleccionar a sus estudiantes -sólo desde el 2009 se les prohíbe seleccionar en enseñanza básica- y también pueden cobrar un monto adicional a las familias, o financiamiento compartido, la mayoría de las familias que han emigrado a este tipo de escuelas poseen mayores recursos económicos relativos, son de clase media o sus hijos resultan ser más atractivos académicamente y por ello son aceptados.
La existencia de estos mismos mecanismos -selección y financiamiento compartido- ha provocado que los estudiantes de familias de escasos recursos, o aquellos que resultan ser menos atractivos académicamente, permanezcan en las escuelas público municipales que no seleccionan ni cobran, salvo en aquellos liceos emblemáticos que también están autorizados a seleccionar.
Como consecuencia, se ha producido una creciente segmentación y estratificación socioeconómica del alumnado entre tipos de establecimientos en el país. En el año 2006 mientras el 67% de los estudiantes de escuelas públicas pertenecía a familias en el 40% más pobre de la población, sólo un 47,4% de los estudiantes de escuelas particulares subvencionadas provenía de ese 40% más pobre. Si a esto sumamos la creciente segregación de estudiantes entre escuelas del mismo tipo se configura un complejo panorama de estratificación social entre escuelas. Por ejemplo, se sabe que entre los colegios particulares subvencionados la clase media estudia con la clase media, y los pobres estudian con los pobres.
Junto a la creciente estratificación social, grandes problemas presupuestarios han aquejado a la educación pública, especialmente en aquellos municipios donde la pérdida de matrícula ha sido mayor y/o donde la mayoría de la población estudiantil es de menores recursos, ya que es más caro educarla. Esto se debe a que la subvención educacional paga en función del número de estudiantes que se atienden y asisten a la escuela, y no corrige por el número de estudiantes de menores ingresos atendidos.
La subvención preferencial viene a corregir este problema por la vía de asignar un monto de subvención mayor a las escuelas por cada estudiante pobre que atienden. De esta manera, se espera que debido a que las escuelas públicas poseen más estudiantes de escasos recursos, ahora comenzarán a recibir una mayor subvención, lo que las beneficiará. Además, se espera que este mecanismo contribuya a generar una mayor integración social del alumnado ya que los colegios particulares subvencionados estarían ahora más interesados en captar a los alumnos más pobres mezclándolos con otros más aventajados.
Sin embargo, existen sospechas fundadas para pensar que este mecanismo por sí sólo no fortalecerá la educación pública ni ayudará a generar mayor integración social al interior de las escuelas. Se requiere tomar otras medidas para que ello ocurra. Estas aprensiones se deben a la forma en que el sistema escolar ha sido concebido: fundamentalmente regido por las leyes del mercado, con escasa regulación, y con condiciones muy diferentes para las escuelas privadas subvencionadas y las públicas.
Este libre mercado permite que los colegios particulares subvencionados puedan seleccionar a sus estudiantes; cobrar financiamiento compartido; destinar los montos de la subvención a fines diferentes al educativo; y que sean escasamente supervisados en su gestión pedagógica y financiera. Es más, la ley que los rige específica poco cómo deberá ser el escrutinio público a su manejo financiero, no les exige una cuota mínima de estudiantes de escasos recursos para poder recibir la subvención, ni tampoco regula el número de establecimientos subvencionados que un sostenedor podrá tener, así como tampoco el número de establecimientos privados que se podrá abrir y mantener en una comuna. En otras palabras, existirán tantos colegios privados como el mercado lo permita.
Como contraparte, la mayoría de las escuelas públicas deben aceptar a todos los estudiantes que se inscriben y sólo pueden seleccionar en casos excepcionales; en general no pueden cobrar montos adicionales a los padres; deben destinar el 100% de sus recursos a educación que muchas veces no alcanzan a pagar los costos fijos; y son regularmente supervisadas en sus gastos por la Contraloría. Además, las escuelas públicas se rigen por normativas como el estatuto docente que dan mayor protección a los profesores, pero que al mismo tiempo introducen rigideces a su gestión y administración. Finalmente, la apertura o cierre de este tipo de establecimientos implica muchas veces complejos procesos de cálculo y negociación para los municipios frente a los cuales se prefiere el status quo.
Como resultado de esto, el sistema tiende a facilitar el accionar del sector privado, dejando a las escuelas públicas en clara desventaja. Además, dadas las condiciones de regulación actuales lo más probable es que producto de la implementación de la subvención preferencial ocurran diferentes situaciones. Primero, debido a que los colegios particulares subvencionados buscarán captar a los estudiantes pobres que antes tendían a rechazar, las escuelas municipales seguirán perdiendo matrícula. Segundo, dada la facilidad para abrir y cerrar colegios privados estos estudiantes pobres serán ubicados en nuevas sucursales o establecimientos sin mezclarlos demasiados con sectores medios que se asustarían si un vendaval de alumnos pobres llegase a sus colegios. Tercero, los problemas de financiamiento y recursos de las escuelas públicas sólo se verán solucionados por un tiempo, hasta que la pérdida de matrícula sea tal que se vuelva a condiciones de sub-financiamiento. Cuarto, dado que la matricula particular subvencionada podría seguir aumentando, más y más estudiantes se educarán en este tipo de colegios, perdiéndose definitivamente el aporte que significa contar con una educación pública y laica en el país. Quinto, dada la falta de regulación pedagógica y financiera de los establecimientos privados, la mayoría de nuestros estudiantes se estaría educando en un mercado con grandes disparidades internas; algunos en buenos colegios privados, pero otros en establecimientos que sólo lucran y abusan de la falta de regulación.
En definitiva, la subvención preferencial, y los programas de mejoramiento que ésta lleva asociados, no asegurarán por sí mismos que el sistema educativo actual sea de mejor calidad, más equitativo y más integrado socialmente. Es más, si otras políticas educativas no son modificadas –selección en educación media, financiamiento compartido, etc.- o no se implementan -plan de fortalecimiento de la educación pública, regulación financiera de los colegios privados, tope al número de colegios privados que pueden existir en una comuna, etc.-, este mecanismo puede ayudar a reforzar las inequidades y terminar por matar a la educación pública.
¿Han sido, entonces, suficientes los cambios introducidos desde el año 2006 hasta ahora para resolver los problemas que aquejan a la educación escolar pública y al sistema escolar en su conjunto? El ministro Lavín se equivoca cuando dice que la reforma escolar ya se hizo. Por el contrario, ella está recién comenzando y queda mucho por hacer.
Extraido de CIPER CHILE

Rafael Gumucio: El terremoto ciudadano

por Rafael Gumucio (EL PAÍS)
Tomas de colegio y universidades, bicicletadas nudistas, huelgas de hambres y bloqueos de ciudades enteras. Nunca, ni en la fervorosa unidad popular ni en el épico plebiscito que terminó con la dictadura, tanta gente se había manifestado en las calles de Chile. Los motivos de las protestas son tan diversos como las formas de protestar. Van desde la posible instalación de una central hidroeléctrica en la Patagonia, hasta la reforma radical de un sistema educacional, pasando por la implementación de más ciclovías, o las condiciones de vida de un elefante que jubiló de un circo.
Al terremoto geológico le ha seguido uno ciudadano, cuyo principal damnificado ha sido el palacio de la Moneda y su arrendatario, el presidente Piñera, quien en estos días solo alcanza el 36% de aprobación. Y es que tampoco le ha ido bien al Congreso, donde reina la oposición concertacionista, una Concertación que no alcanza ni el 25% de aprobación ciudadana. En medio de los gritos, no ha faltado quien compare estas manifestaciones con el movimiento de los indignados de la Puerta del Sol. Ambos comparten la misma mezcla asombrosa de reivindicaciones extremadamente domésticas con otras sorprendentemente metafísicas, de pacifismo inicial y de violencia final. Los dos unen a ecologistas, comunistas y anarquistas con ciudadanos sin militancia que intuye que es difícil que un Gobierno dirigido por los mismos haga algo diferente. Los dos movimientos son frutos de una ciudadanía escéptica y sobreinformada que tiene las herramientas tecnológicas suficientes como para saber instantáneamente que muchos están como ellos.

Los dos movimientos, tanto los indignados españoles como el de los disconformes chilenos marcado, son hijos de la segunda fase de la revolución tecnológica. Una revolución que pasó del reinado del computador personal y el blog, herramientas que solían ser solitarias, al del teléfono móvil y las redes sociales; herramientas fatalmente comunitarias. Medios posmodernos que, sin embargo, han resucitado un debate que se parece vertiginosamente a los que sostenían los personajes de Chéjov a comienzos del siglo XX: ecologismo, socialismo utópico, nudismo, nihilismo. Todo ello mezclado con un sentimiento de ansiedad generalizado por algo que va a venir pero no se sabe qué es.
Un debate que tiene, sin embargo, otro compás en Chile, distinto al de España. Porque mientras España sufre una de las peores crisis de sus últimos 30 años, Chile crece al 6%. Porque mientras el indignado de la Puerta del Sol ve recortados sus derechos y sus expectativas todos los días, el disconforme chileno es muchas veces el primero en su familia en estudiar en la Universidad y el primero en viajar al extranjero. Si hemos de seguir jugando al peligroso juego de las comparaciones internacionales, la rebelión chilena se parece más bien a una versión moderada de las protestas en el mundo islámico. Ellas también fueron fruto de una clase media que vio mejorar su nivel de vida en un país donde los medios de comunicación y la clase política poco o nada incorporaron sus demandas de representación. Democracias protegidas o francamente autoritarias, sociedades de castas, cansadas de ver impotentes por Internet o la televisión por cable que el chantaje al cual las sometían sus líderes no era normal ni natural.
Mientras los indignados españoles son los náufragos de un sistema que hizo agua, los disconformes chilenos son el costo inesperado de un experimento -el de la implementación de un neoliberalismo atenuado por políticas asistenciales- que está empezando a dar frutos inesperados. Y es quizás lo más interesante del movimiento; la desigualdad abismante de la sociedad chilena (la más desigual de la OCDE, por encima de Turquía y México) ha dejado de ser una herramienta de control para las élites, y ha pasado a convertirse en un factor de descontrol. Así, reivindicaciones aparentemente tan lejanas como la preservación del paisaje virgen de la Patagonia chilena se convierten, moduladas por una población descontenta de su lugar dentro de la inamovible escala social, en una protesta contra los monopolios empresariales y su poder sobre la política y la prensa. Bajo esta lógica, la lucha por el matrimonio gay se convierte también en una lucha contra la desprestigiada Iglesia -hundida en una serie de casos de abusos a menores- y su veto moral sobre el concubinato y la sexualidad adolescente. Entonces, los colegios agrietados por el terremoto y que aún no han sido reconstruidos les permiten a sus alumnos pedir un cambio en la Constitución que apele a la reestatización de la educación chilena.
“De la sala de clase a la lucha de clase”, reza un cartel en el Liceo de Aplicación, recién tomado por sus estudiantes. Mientras, los chilenos, con un fervor también inédito, compran y consumen sin complejo ni culpa más y más electrodomésticos, al mismo tiempo que se sienten en el derecho, y quizás en el deber, de impedir la instalación de una planta de energía hidroeléctrica que facilitará sus vidas. Quizás tampoco quiera ya esta ciudadanía curiosamente despierta que le faciliten la vida. Quizás no quiera esperar a estar indignada, como ya lo están los españoles, para preguntarse ¿por qué?, ¿cómo?, ¿cuándo? Y sobre todo, ¿cuánto?
Extraido de EL PAÍS

El gen ideológico de Piñera y Lavín contra la educación pública

por Jaime Retamal (El Mostrador)
¿Nada hay peor que estar atrapado por fantasmas propios, miedos propios o ilusiones propias? Pues sí. Estar atrapado por ideologías propias.
Las tenazas de la ideología forjada por Jaime Guzmán -y por todo el espectro del gremialismo- al fuego de los años 70 primero, y al sopor de los 80 después, tienen hoy por hoy a todo el sistema educativo en una especie de agobio claustrofóbico.
Pero, especialmente claustrofóbico y agobiado, al Ministro de Educación. Claustrofóbico de sus propias ideologías, por cierto.
El fundamentalismo ideológico del Ministro lo hace acusar de “ideologismo” a quienes están, que duda cabe, mucho más allá de las ideologías; es decir, a jóvenes post-dictadura y post-concertación, a jóvenes que miran con otros códigos el “negocio” de la educación chilena, y exigen justicia, igualdad y mejores garantías de una educación significativa y de calidad. A esos jóvenes, los acusa de “ideologismo”, de haber traspasado las fronteras de “lo técnico”.
Como si “lo técnico” y “lo real” del sistema educativo chileno no fueran producto de una serie de concatenaciones ideológicas, con enemigos ideológicos, pensadas ideológicamente y puestas en marcha, al amparo de la dictadura y el totalitarismo ideológico de Pinochet, desde el año 81 en adelante.
Contra el Marxismo
La revista Qué Pasa de diciembre del año 1973, dirigida a la sazón por Gonzalo Vial Correa, trae en su portada a los tres hombres del año: primero, a don Luis Álamos, que tiene a la selección nacional de fútbol lista y dispuesta para viajar al mundial de selecciones en Alemania,

después de una serie de altibajos; segundo, al presbítero Raúl Hasbún, director de Canal 13, por rescatar a dicho canal del “control marxista”, convirtiéndolo en una “trinchera anti-UP”, y por ser un “juntista de tomo y lomo” al declarar asertivamente que “para mí, el gallo cantó, en Chile amaneció y las pesadillas de la noche se esfumaron”; y tercero, era que no, a Augusto Pinochet, “símbolo de la nueva presencia militar”;” “intelectual con varias obras publicadas”; “militar mil por ciento”; hombre de “actuar directo y franco”.
Pues bien, en esa –en apariencia- inocua revista, viene uno de los leitmotiv de toda la “revolución educativa”, especialmente del sistema universitario, llevada en adelante desde el año 81 por la dictadura y auspiciada por el gremialismo ideológico de Jaime Guzmán que atenaza hoy a Joaquín Lavín.
La editorial se pregunta “¿Qué falló?” en el proyecto de la Unidad Popular liderada por Salvador Allende. Falló -argumenta- catastróficamente el “marxismo”, el “marxismo chileno”, que en tres años despilfarró –entre otras cosas- la “penetración en la intelectualidad y en las Universidades” que ya llevaba produciendo desde hace medio siglo.
Ahí está, en ciernes, para decirlo suavemente, una de las claves de la intervención universitaria en Chile, vigente hasta hoy.
Es bueno recordarlo. Todo el ensamblaje de políticas públicas en educación tuvo como adversario político, el “totalitarismo marxista”, al que se le vinculó mágicamente con el llamado “estatismo”, y el “sovietismo”, y el “terrorismo” y el “ateísmo”. Contra toda esa mixtura imaginaria, se cohesionó y aglutinó toda una ideología ataviada de “libertad individual de elección”, de “libre mercado”, de “neoliberalismo” y de “conservadurismo moral”.
Para Jaime Guzmán, para toda su doctrina más ambiciosa y penetrante, ideológicamente hablando, la “revolución universitaria del 81” era clave en su lucha contra el “marxismo” que siempre fue concebido como una amenaza constante, larvada a veces, pero constante, que podía, por qué no, llevar a Chile de nuevo a la encrucijada de los 70.
El lobby político
En Mayo de 1986, Augusto Pinochet le encomendó a su Ministro del Interior, Ricardo García, una serie de “reuniones políticas” del más alto nivel, con las fuerzas políticas correctamente institucionalizadas en el país, es decir con la Unión Nacional y con la UDI.
Uno de los problemas más importantes que tenían preocupado a los medios oficialistas por aquel entonces era el llamado a Referéndum que un grupo de académicos de la Universidad de Chile había realizado para elegir a un nuevo rector, pero democráticamente.
Pues bien, el Ministro del Interior se reúne el 7 de Mayo con los líderes de la Unión Nacional, fundamentalmente con Andrés Allamand, quien planteó cuestiones más bien de orden político. Nada sobre la “coyuntura” universitaria.
El 15 de Mayo se reúne el Ministro del Interior García, con Jaime Guzmán. Líder de la Unión Demócrata Independiente. De lo que se habló, él mismo se encarga de dejarlo por escrito, en una columna de opinión de Mayo del 86 en la revista Ercilla, la que titula “La UDI y una agenda de trabajo”.
Dice que “por la naturaleza misma del encuentro, éste no apuntaba a la presentación de un petitorio a la autoridad, sino que la UDI planteara una agenda de temas de trabajo, cuyo análisis se profundice en reuniones futuras”.
¿Cuál es el tema nº1 en las preocupaciones de Jaime Guzmán? Ahí vemos, de nuevo su consideración estratégica en vista a una lectura y re-lectura constante del juego de acontecimientos en el devenir nacional.
Su primera preocupación para esta agenda de trabajo, que incluye reuniones futuras, es “la urgente implementación integral de una institucionalidad universitaria que incluya una efectiva gravitación de los académicos –debidamente jerarquizados- en el rumbo de nuestras universidades. Junto a ello, sugerimos que se refuerce el financiamiento estatal a la educación superior, pero favoreciendo su uso eficiente y que él se canalice hacia planteles privados existentes o que se creen, para mejorar la calidad académica de las universidades y dificultar su instrumentalización política”.
¿Fue solo Jaime Guzmán a esa reunión –lobby diríamos hoy- con el Ministro? Pues, claro que no. Fue con Pablo Longueira, Guillermo Elton, Javier Leturia y Luis Cordero.
Los atavismos mentales
La Universidad es uno de los temas centrales de la acción política de la élite gremialista de los 80. En sus revistas de divulgación política, fundamentalmente en la Revista Realidad; en sus intervenciones en prensa y columnas de opinión; en sus intervenciones públicas y en sus acciones e iniciativas prácticas, vemos que la estrategia de usar a la Universidad como instrumento de lucha ideológica y política está presente. Y Jaime Guzmán, el primero: el inspirador, el articulador, el fundamento –a estas alturas- mítico de esa lucha.
Ahora bien, a las reuniones con el Ministro del Interior, prontamente el 23 de Mayo del año 86, Pinochet responde a los políticos. Lo hace a través de una entrevista, y claro, la Universidad estará al centro de las preocupaciones del “presidente de Chile”.
Dada la lucha ideológica por el control y seguimiento de los cambios revolucionarios en educación superior, plasmado en innumerables acciones en los 80 ¿Qué es lo que puede hacer hoy Joaquín Lavín ante tanta evidencia histórica? ¿Alguien que es UDI “mil porciento”? ¿Cómo resuelve el Ministro sus atavismos ideológicos ochenteros? ¿Puede renunciar “al padre” y tirar todo al tacho del inconsciente?
¿Puede hoy el Ministro negar uno de los ejes fundantes del gremialismo, a saber, el eje cargado de ideología que encierra la “revolución universitaria del 81”?
Es bueno saberlo también. Tan preocupado estaba el gremialismo a comienzos del año 1980 de que los cambios educativos tuviesen una línea correcta -correcta en función de sus planteamientos ideológico-políticos-, que publican un extraordinario documento –que adjuntamos por su relevancia histórica- del economista formado en Harvard, especialista en economía de la educación, a la sazón flamante Gerente General del Banco de Talca, Sebastián Piñera.
Este “Paper Piñera” es sugerente e ilustrativo por donde se le mire.
El joven economista sugiere de entrada que su visión se enmarca “en el contexto de un Estado subsidiario, cuyo propósito no es el logro de estos objetivos (los educacionales) a través de la provisión directa por parte del Estado de todos los servicios educacionales, sino que a través de la acción conjunta del sector privado y del sector público”.
Y para que no queden dudas del gen ideológico al que pertenece, Piñera insiste en lo siguiente, al decir que “la participación del Estado en esta acción conjunta puede limitarse a la fijación de normas que regulen la acción del sector privado, puede incluir financiamiento con recursos públicos de la acción del sector privado…”
No quedan dudas de que el “Paper Piñera” debió de significar un aporte sustantivo (científico) a la transformación del modelo educacional que se llevó adelante desde los 80 bajo el paraguas ideológico del neoliberalismo.
¿A quién se le pregunta en el país de los 80, sino a un especialista en el tema, doctorado en economía de la educación (es decir en economía del capital humano) cuando lo que se trataba de imponer científicamente era una gran transformación, a escala nacional, del principal sistema de producción de recurso humano, el sistema educativo?
Una pregunta importante, hoy por hoy, es ¿por qué nuestro Presidente ha guardado tanto silencio si es un experto en el tema?
¿Qué decir? Tal vez es indudable. Estar atrapado por las propias ideologías es peor que estar atrapado de los propios miedos, fantasmas e ilusiones.
¿Sobre todo, si me toca gobernar con excelencia?
Quién sabe, tal vez es una pregunta sin respuesta.
Ante esto, no esta de más recordar que la revista Qué Pasa de diciembre del año 1973, también traía, a toda página, las predicciones para el año 1974 de la mentalista Yolanda Sultana Halabi Readi. Muy concentrada mirando las cartas predijo “se harán muchas reformas en los planes de educación durante este año 1974 por lo que los estudiantes pondrán un mayor interés en sus estudios”.
…¿y si le preguntamos a ella?
Orientaciones de políticas en materia educacional

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Extraido de El Mostrador

Si no consumes, no participas, y si no participas, no eres feliz

por Benito Baranda F. (THE CLINIC)
Las últimas semanas han estado muy convulsionadas en nuestro país. La cantidad de personas que se han movilizado manifestando su malestar, exigiendo sus derechos y expresando la urgencia de transformaciones más radicales en la manera de organizar la sociedad, han sido mucho más de las que nos imaginábamos. A esto se suma la situación creada por la crisis de La Polar, que es sólo la punta del iceberg de la angustiante situación que viven miles de personas y familias por deudas de consumo que los asfixian, con manejos financieros de cobranza que son claramente usureros y que se multiplican con todos aquellos servicios públicos básicos que la sociedad ha tenido crecientemente que financiar. Este proceso de mercantilización de todo lo público, donde todo se cobra, todo se paga, y donde, además, si no consumes, no participas, y si no participas, no eres feliz, ha llevado a muchas familias y comunidades a vivir una agonía permanente, con altas tensiones familiares y con un elevado número de personas con trastornos psicoafectivos.
La prensa en general –también mercantilizada- ha mantenido una cierta distancia con estos movimientos (algunos con una grosera imparcialidad política), su cercanía con los diversos tipos de poder la hace centrar la atención más en los desórdenes, destrucciones, vandalismos y delitos, que en las demandas de igualdad, de justicia y de una carga más equitativa para llevar adelante el desarrollo del país, inclusive han cedido espacios demasiado extensos a las autoridades de gobierno o a los actores político-económicos, y muy poco a quienes están en el corazón de estos movimientos: los ciudadanos, esos simples habitantes de nuestro país que ya no soportan más.

Por otra parte, la prensa en general no se anticipó a lo que venía, engolosinada con las tensiones en el poder político, económico o eclesial, o presa de la farándula, no vio el malestar ciudadano que se venía incubando desde hace décadas en Chile. Resulta muy claro: cuando te enseñan que lo que importa eres sólo tú, que ojalá pagues la menor cantidad de impuestos para disfrutar tu dinero, que se te medirá la felicidad por los bienes materiales que posees y que, sin importar cómo logres el anhelado prestigio material (aunque explotes a otros, evadas tributos o vulneres derechos), serás aplaudido por los poderosos y homenajeado, es muy difícil escaparse a mirar otro horizonte y va ocurriendo un progresivo deterioro de nuestra propia humanidad. Eso es exacerbado por la misma prensa, por la publicidad -leí hace poco que un producto alimenticio se arroga que es el alma de Chile-, donde no puedes envejecer, ni ser pobre, ni pertenecer a un pueblo originario, ni tener un cuerpo que no parezca de modelo, sino serás infeliz.
¿Cuánto saben los periodistas que no pueden publicar, cuánto nos podrían contar del estilo de vida de la alta sociedad (escandaloso) que difícilmente les permitirían editar y que contribuye a este ambiente de injusticia y sensación de abuso? Los invito a que investiguen a fondo las medidas económicas, sociales y culturales que se llevan hoy adelante y que averigüen de verdad que tal funcionan y si efectivamente nos ayudarán a construir una sociedad más justa y con igualdad de oportunidades. Difícilmente una política basada en bonos, asignaciones y fondos concursables permitirá mayor justicia. La política social universal requiere estar basada en derechos y oportunidades igualitarios y, sólo en ese contexto, las transferencias adquieren sentido, generan participación ciudadana, aportan dignidad y hacen crecer en sentido de justicia a la sociedad. Tienen tarea los medios para abrirnos los ojos y los oídos a lo que hoy está ocurriendo en Chile; hemos comenzado y ojalá no terminemos como los indignados de Europa, desilusionados de los políticos, cansados de los subsidios y profundamente dolidos por que las cargas de la crisis no fueron asumidas de manera igualitaria por todos los actores de la sociedad.
Extraido de THE CLINIC
Título Original: ¿Sordos y Ciegos?

El error de pedir la renuncia de Lavín

por Jamadier Uribe (El Ciudadano)
colaboración de Ana María Olivera
En estos días de revuelta estudiantil y popular, en que la legitimidad del Gobierno se pone en duda constantemente, ha surgido, con gran apoyo entre algunos sectores del movimiento rebelde (heterogéneo y multiforme), una moción que, a nuestro juicio, es por lo menos riesgosa. Moción que no ha sido lo suficientemente discutida y que puede convertirse en un elemento que eche por tierra toda la acumulación de fuerzas lograda por el movimiento estudiantil. Hablamos de la iniciativa de pedir la renuncia al ministro de Educación Joaquín Lavín Infante.
Hoy se torna imperioso, mucho más que antes, comprender que el Estado como aparato represivo constituye mucho más una lógica de relaciones de poder entre clases, que entre individuos o que entre individuos y una clase. Con un parlamento en funciones y una estructura jurídica que ha asegurado, desde los 90, la prosperidad de los propietarios de los medios masivos de producción, resulta un ejercicio torpe intentar personalizar en una sola figura (nuestro señor ministro) al “enemigo”. Ya no estamos peleando contra una dictadura militar, ahora lo hacemos contra su forma evolucionada: la democracia burguesa. ¿Cuál es la diferencia? La diferencia es que, en términos fácticos, hoy el poder reside mucho menos en un sujeto particular y mucho más en el conjunto de los aparatos del Estado, en que los gobernantes cada vez son más síntoma que enfermedad, en que la dominación ya no tiene un sustantivo propio (aún cuando, en el caso de Chile, la dictadura militar tenía perfectamente claro su contenido de clase, la porción de poder que detentaba Pinochet era mucho mayor que la que hoy detenta el Presidente) y su rostro se ha difuminado en cientos de rostros (cada uno más déspota e hipócrita que el anterior).

Ciñéndonos a la cuestión del presente escrito, aquí el problema no es quien encabeza el ministerio, sino el modelo sociopolítico que puso a esa cabeza ahí. Una vez comprendido esto, la demanda por la renuncia del jefe de cartera se vuelve una pelea a hachazos contra la Hidra de Lerna. Veamos por qué…
Al pedir la renuncia del ministro, se aduce que éste está facultado para responder a las demandas por la educación. Se apela a algo así como a “su voluntad” o a la posibilidad política del mismo para dar razón y acción al petitorio de los demandantes, sino ¿para qué y quién se tomaría la molestia de emplazarlo a dimitir? Pero la historia nos habla, nos enseña y si la miramos desde abajo veremos que un cambio tan profundo, como por el que se lucha hoy, JAMÁS será iniciativa de un Estado que es en esencia burgués. Para un cambio social de la magnitud esperada sólo nos queda, sino una revolución (de la cual estamos muy lejos aún, por lo menos en “nuestro” país), acorralar, con el pueblo en su conjunto -a través de la comprensión generalizada de que el problema educativo es un problema transversal- al poder político, de manera tal, que le salga más caro reprimirnos e ignorarnos, que modificar sus instituciones. Y eso no pasa por un ministro en particular, sino por nuestra capacidad de intervenir de forma eficiente en el escenario político, con una ciudadanía organizada, con claridad y esperanza en la victoria; pasa por nuestra capacidad para modificar el marco legal en el que se mueve el ministerio, no por cambiar su rostro.
No estamos diciendo, bajo ningún punto de vista, que en la dinámica de la lucha cotidiana (quizás la más decisiva) el nombre del ministro da lo mismo, no lo da. Estamos señalando que en un sentido histórico y estructural (que es hacia donde se dirige el movimiento) el problema no reside, ni converge en él.
Apostamos a que la estrategia para lograr nuestros objetivos y para el triunfo de la rebelión es golpear al Gobierno con la densidad de un peso pluma, con las limitaciones que un poder que no busca la reestructuración de las relaciones de propiedad (que no busca la revolución) tiene, pero con la ventaja de una fuerza amplia que si bien no tumbará al Estado ni al Capital le soltará los derechos que le niega, con las ventajas de una fuerza que ganará por la insistencia de sus golpes. Para eso es fundamental no dar descanso a nuestro adversario. Poner a otro ministro significaría comenzar nuevamente un proceso que ya está bastante avanzado.
Ante la eventual abdicación del ministro, en respuesta a nuestra petición, podemos proyectar algo así: 1) Joaquín Lavín renuncia, algunos hablarán de una victoria importante del movimiento estudiantil en particular y de los movimientos sociales en general, otros seguiremos sosteniendo que no resolverá nada. 2) Llegará un nuevo ministro de Educación, un rostro desconocido, que contará con el beneficio de la duda ante la opinión pública, y en un tono, quizás amigable, llamará a deponer las movilizaciones, dirá que ahora las cosas van a ser distintas y que nos sentemos a conversar sin medidas de presión. 3) Ante eso tendremos dos salidas posibles: 3.a) Deponemos las movilizaciones, y comenzamos un nuevo proceso de negociación que no conducirá a nada diferente de lo que se ha obtenido hasta ahora (ya que, como hemos visto, el Gobierno no cederá por voluntad los derechos expropiados que hoy reclamamos), nos enojaremos y nos volveremos a movilizar. Sólo que esta vez será con un mes de movilizaciones en el cuerpo, con la gente cansada y desgastada, por lo que los ánimos y la moral no serán iguales (y vuelta a esperar tres años más para que se produzca una reposición de fuerzas y un renuevo generacional). O 3.b) Se hará caso omiso al llamado a deponer las movilizaciones, pero aún así se tendrá que comenzar un nuevo proceso de negociación, perdiendo tiempo valioso y doloroso para toda la base del movimiento.
Además de esto, suceda “3.a” o suceda “3.b”, aparte de comenzar un nuevo proceso de negociación, tendremos que darnos nuevamente el trabajo de deslegitimar ante la opinión pública a la nueva autoridad de Gobierno (trabajo que está bastante avanzado y en el que contribuye activamente nuestro ministro), ya que sin ella las condiciones para el cambio serán mucho más adversas.
En resumen, nuestra opinión es que pedir la renuncia de Joaquín Lavín es un GRAN ERROR, ya que salta a la vista que el problema aquí no es el ministro sino el sistema económico, político y social que lo puso ahí (así como pudo poner a muchos otros). Que para lograr nuestro propósito es indispensable contar con el apoyo de un amplio porcentaje de la ciudadanía, de manera que el acto de no atender nuestra demanda sea un acto de no atender la demanda de la sociedad en su conjunto (que se expresa mediante la rebelión estudiantil), y que para lograr dicho objetivo resulta más eficaz, en términos mediáticos, negociar con una persona que ya ha perdido credibilidad y seriedad, que hacerlo con alguien cuya exposición en los medios respecto al tema ha sido baja o nula y que al menos contará con el beneficio de la duda ante la opinión pública. Y que el movimiento debe avanzar como avalancha, creciendo a cada paso, para golpear fuerte no sólo al Gobierno, sino al Estado y su estructura jurídica, lo que en términos estratégicos no admite perder el tiempo en revanchismos de poca monta.
Extraido de El Ciudadano

Sinopsis Aulas en Penumbras: Estudiantes secundarios y su resiliencia

Un documental que muestra el empeño de estudiantes secundarios chilenos exigiendo igualdad y dignidad, una muestra del abandono y resiliencia.

“…cuando se lee poco, se dispara mucho…” Calle 13

Dirección, guión y producción: Víctor Gomez y Pablo Villagra

Producción: Carolina Espinosa

Cámara y Sonido directo: Víctor Gómez y Pablo Villagra

Edición y montaje: En la quebrá del aji.tv

Asistente producción: Gonzalo Rodriguez

Entrevistados:

Eduardo López
Presidente Centro de Alumnos Liceo Frías Valenzuela, La Granja.

Alfredo Bielma
Vocero ACES

Tania
Vocera Liceo Técnico Clelia Clevis Dinator.

Cristóbal Espinoza
Vocero Centro de Alumnos Liceo A90, San Miguel.

Felipe Aceituno
Vocero Liceo Amunátegui, Santiago Centro.

PORFIA2 HECHOS PRODUCCIONES

EL IRREVERENTE: http://www.elirreverente.cl

Educación: Fin al lucro

por Nicolás Grau (El Post)
La consigna de fin al lucro ha estado presente en cada una de las movilizaciones sociales de los últimos años, tanto en el ámbito escolar como en el universitario. Frente a tal demanda, la respuesta de las autoridades y “expertos” (tanto de derecha como del sector que ha dominado el debate educacional en la Concertación) ha sido: el lucro no es el problema, si lo que importa es la calidad de las instituciones, no nos debería importar si estas lucran o no, la demanda por el fin al lucro es netamente ideológica.
Cabe notar que en este tipo de respuestas el adjetivo ideológico tiene una connotación negativa, equivalente incluso a la ausencia de argumentos serios. Habría que preguntarse por qué realizar una crítica desde una visión general, comprehensiva y coherente de cómo queremos vivir (esto es, desde una perspectiva ideológica) constituiría una debilidad de la crítica. Me imagino que aquello se debe a que se espera que los individuos discutan en nuestra democracia desde una posición despolitizada, donde no existan diferencias de fondo, donde todos queremos lo mismo y el único debate es el cómo lograrlo.
Desde mi punto de vista existen buenas razones para estar contra el lucro en la educación, razones que por cierto son parte del sentido común de un sector mayoritario del estudiantado. Por una parte, hay una razón ideológica, de carácter anticapitalista (¡qué horror!). Por otra parte, hay argumentos de peso para pensar que la existencia de lucro puede dificultar la capacidad de nuestro sistema educativo de asegurar calidad.

A las personas de izquierda, en general, no nos gusta el capitalismo, sobre todo nos desagrada el mecanismo que explica su desarrollo. Es decir, no aceptamos que la lógica de beneficio y ganancia personal sea la mejor entre todas las formas posibles en que la humanidad pueda organizarse. Somos tercos y pensamos que sería viable, y mejor, un orden social que se basara en los principios de comunidad, cooperación y solidaridad. Dicho esto, que es parte importante de nuestra ideología, muchos reconocemos en el capitalismo, en particular en el mercado, una capacidad aun sin alternativa de organizar una porción considerable, diría mayoritaria, del quehacer económico de nuestra sociedad.
Así, bajo el prisma de una ideología de izquierda resulta directo tratar de restringir el espacio de acción del mercado, y sus lógicas de enriquecimiento personal como motor de desarrollo, a los sectores de la economía en los cuales no parece existir una mejor alternativa, donde este constituye un mal menor. De esta manera, la pregunta que cabe hacerse en el debate presente es: ¿constituye el afán de lucro una característica indispensable para el aseguramiento de calidad en el sistema de educación chileno? La respuesta, basada en la evidencia (pues la realidad tiene un rol importante incluso para los desquiciados que tenemos ideología), es claramente negativa.
En Chile las mejores universidades, privadas y estatales, no tienen fines de lucro, lo que en nuestro contexto significa respetar la ley. En Estados Unidos, que se suele indicar como un ejemplo donde la educación privada ha logrado altísimos estándares, muchas de las universidades de mayor prestigio son privadas, pero tales universidades son justamente lo opuesto a un negocio, los privados en vez de sacar rentas de ellas dan suculentas donaciones que permiten llevar a cabo investigaciones al más alto nivel. Es una lógica opuesta al lucro lo que permite el desarrollo de estas universidades. A su vez, existe en el contexto escolar internacional un sinnúmero de experiencias exitosas que no tienen el lucro como motor de su desarrollo.
Por otro lado, como hemos dicho, el afán de lucro puede dificultar el aseguramiento de calidad. La razón es simple, para que una universidad o colegio cuyo interés sea el lucro tenga buena calidad se requiere que la regulación del Estado y la presión de la demanda logren que aun cuando al dueño del establecimiento le gustaría retirar todos sus ingresos como utilidades este no pueda hacerlo pues aquello le significaría perder la acreditación o bien quedarse sin demanda (a esto llamaremos disciplinar la oferta). Pues bien, no es difícil imaginar como ambos mecanismos son sumamente débiles en el caso de la educación. Por una parte, las familias tienen muy poca información de la calidad de lo que están recibiendo, entre otras cosas pues ésta no será evaluada hasta haber terminado su carrera, hagamos lo que hagamos nunca le podremos dar a la familia suficiente información como para lograr que la demanda efectivamente discipline a la oferta.
Por otra parte, la experiencia chilena ha demostrado los múltiples problemas que puede tener un sistema de acreditación. El sistema de acreditación chileno puede y debe mejorar (pues se requiere para todas las instituciones, las que lucran y las que no), pero hay muchas razones para pensar que no será suficiente para disciplinar a la oferta: se necesita una capacidad inexistente para acreditar a todas las carreras (pues hay universidades buenas en algo pero muy malas en otras áreas); no es claro que es lo que se debe acreditar (¿calidad, coherencia institucional, pertinencia?) y aunque se sepa, acreditar un aspecto permitirá que los dueños con afán de lucro puedan extraer utilidades debilitando las áreas menos relevantes para la acreditación; los acreditadores son agencias que obviamente provienen de las universidades (y no creo que haya otra manera) lo que se presta para tráfico de influencias y corrupción, etc.
En otras palabras, dada la tremenda complejidad del bien educación parece poco creíble que dos establecimientos con el mismo potencial, pero uno con afán de lucro y otro sin, vayan a lograr los mismos niveles de calidad: el carácter de los controladores del establecimiento sí importa. A menos que pensáramos que los potenciales controladores que sí tienen afán de lucro tuvieran un mayor talento para manejar instituciones educacionales, cuestión que no tiene ninguna base lógica ni empírica.
Los estudiantes, algunos desde una ideología de izquierda otros simplemente desde su sentido común, no quieren que las lógicas capitalistas dominen los colegios y universidades donde ellos estudian. Desean ser formados en ambientes donde el objetivo último sea su desarrollo y el desarrollo del conocimiento en general, no quieren confiar sus deseos de surgir y aprender a personas que les darán una buena educación en la medida que se vean forzados por la regulación y los mecanismos de mercado.
Los estudiantes tienen buenas razones para pedir lo que piden, ¿alguien los escuchará?
* Estudiante PhD en Economía, UPenn.
Extraido de El Post
Título Original: “Fin al lucro”

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