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Barras Bravas

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Barras Bravas: ¿Terminaremos ocultando nuestra verguenza?

por KROK
Hace unas semanas, fui con mi familia al Estadio, a ver jugar a mi equipo de fútbol preferido, aunque no es uno de los más populares, lo acompaño, tarde, mal y nunca. Ahí me encontré – en un elevado tono – gritando por el accionar del injusto arbitro, por la lentitud de los jugadores y por mi visión relativa de la justicia deportiva. Cuento todo esto, pues al otro día me sentí relajado, como que el stress de mi trabajo había pasado al olvido, volvió el ánimo y las ganas de trabajar, cual medicina, la energía desatada en aquel estadio sirvió para botar la mala vibra.
Guardando – por supuesto – las proporciones, evalué los desmanes, de hace unas semanas, generados por una de las Barras Bravas y trate de entender esa rabia violenta y justificarla, pronto le sumé resentimiento, angustia,  pobreza moral y pecuniaria, falta de educación, oportunidades y lideres, como resultado, obtuve una mezcla peligrosa e incontrolable, explosiva y radical. ¿Cómo el fútbol canaliza este enjambre de descontento y lo manifiesta de la manera más grosera e irrespetuosa? ¿Por qué la masa descontenta peyorativamente denominada lumpen o flayte desata su furia en algo tan básico como una pelota de fútbol?
Creo tener las respuestas en la carencia de cultura, en la mala educación, en el nefasto legado de la irrespetuosa y arribista sociedad moldeada a base de ignorancia por Pinochet en los ’80, pretendo también, no dejar de lado la desmovilización ciudadana de la Concertación en las décadas posteriores, pero en ánimo de ser más contemporáneo, culpo además, a los rascas dirigentes que por dinero se reparten el alma futbolera como un botín, delincuentes al fin y al cabo.
¿Qué espero de todo esto?, pues absolutamente nada, nos llenaremos de pacos imbeciles que reprimirán sin distinción. Por medio del terror este caudal de insatisfacción será contenido por un breve lapso, talvez hasta a mas de alguno se le reconozca el hecho. Pero en definitiva, la familia no volverá al estadio y otra vez habremos escondido nuestra vergüenza, que regresará disfrazada de quien sabe como y quien sabe por donde.
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