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De Foucault a Redolés: Todo preso es un preso político

Por Fernando Sacamuelas

Quizá nos dan hoy vergüenza nuestras prisiones. El siglo XIX se sentía orgulloso de las fortalezas que construía en los límites y a veces en el corazón de las ciudades. Le encantaba esta nueva benignidad que reemplazaba los patíbulos. Se maravillaba de no castigar a los cuerpos y de saber corregir en adelante las almas. Aquellos muros, aquellos cerrojos, aquellas celdas figuraban una verdadera empresa de ortopedia social.
Con estas palabras intenta sintetizar Michel Foucault el recurso de los métodos de control y sus diferentes “estrategias” que desde le Edad media y hasta nuestros días han sido utilizados para moldear al individuo anti-social. Claro, ya no se tortura con caballos tirando hasta desmembrar las extremidades de un cuerpo manchado insalvablemente por el pecado, (condena del joven Damiens en el París de 1752, relatada al comienzo del Cap. I de Vigilar y castigar) o al menos, de hacerse no se llevaría a cabo en medio de la plaza pública. El objetivo ahora es castigar “el alma”, la psiquis, aquella inefable pero existente parte interior que nos lleva a transgredir los límites de la paz social y usurpar la libertad que el pueblo tiene de vivir en tranquilidad. Los barrotes son eso. Son privación que deviene en reencuentro consigo mismo; los legisladores desde siglos quieren hacernos creer que el criminal, una vez encerrado, se dará cuenta de lo desadaptado y mal agradecido que fue al desafiar las normas de un sistema que le otorga todo lo necesario para vivir a quien se porta adecuadamente.
«A los que roban se los encarcela; a los que violan se los encarcela; a los que matan, también». Foucault nos insiste en lo irracional de esta práctica, o mejor dicho, nos previene de la aparente racionalidad jurídica que parece justificar cada encierro y cada condena. La pregunta que el autor francés se hace « ¿De dónde viene esta extraña práctica y el curioso proyecto de encerrar para corregir, que traen consigo los Códigos penales de la época moderna? parece responderla sin mucha complejidad: se trataría de una tecnología nueva basada en «el desarrollo, del siglo XVI al XIX, de un verdadero conjunto de procedimientos para dividir en zonas, controlar, medir, encauzar a los individuos y hacerlos a la vez dóciles y útiles».
Si se criminaliza a una parte del pueblo, inmediatamente se separa, se contrapone a aquel segmento “inocente” de la sociedad (no criminalizada) en su relación concreta de clase con la otra mitad. Lo común entre una y otra se desvanece y sólo aparecen distancias y diferencias entre el trabajador “honesto y

subyugado” y el “flaite lanza” que le gusta la plata fácil. Por eso, si todos los días a las nueve en punto me convencen de lo peligrosa que es mi población, es muy probable que no hable con mis vecinos y no sepa siquiera el nombre de quien ronca a cinco pasos. Menos probable será mantener una discusión o algún tipo de organización dentro de mi barrio. En ese caso, la doble llave también se le pone a las necesarias (pero tan molestosas) “redes sociales”. Por eso, si el refrán político-militar nos dice “divide y vencerás” parece que hoy debiese decir “criminaliza y dividirás”, pues mientras más temor y desconfianza se inserte en la sociedad sobre un grupo que es parte de ella misma, más avalados estarán las prácticas represivas en contra de sus miembros. El criminalizar al pueblo pobre es una acción ideológica con sustento político pero con fines y resonancias económicas. Criminalizar es todo lo contrario a empoderar. Criminalizar es necesario, empoderar a los actores sociales, una tragedia.
Lo bueno y lo malo, lo criminal y lo legal, lo enfermo y lo saludable son conceptos que están cargados de y por circunstancias históricas. Son conceptos tan complejos que de hacer el viaje genealógico al fondo de ellos nos encontraríamos, la mayor parte de las veces, con que ya no responden a su noción originaria. El concepto no es inocente parece decirnos Michel Foucault.
Si el concepto es la convergencia entre la unidad y la multiplicidad, debe estar en él también, incluida la diferencia. Cuando el concepto pasa a manos de los poderosos, cuando acontece desde ellos y le dan por tanto su contenido, aquella diferencia se utiliza con sedimentación y en post del sometimiento. No se trata de la postura filosófico-antropológica de la “otredad” y el necesario reconocimiento del sujeto del-otro y en-el-otro. Lo que aquí se intenta plantear es que la diferencia peligrosa es aquella que me hace creer que lo otro es lo no-yo, aquello otro que debe ser completamente devorado y destrozado por ser «pura negatividad». Foucault parece explicitarnos que al trabajar en la historia genealógica del concepto (sea el de locura, castigo o sexualidad) nos encaminaremos por el sendero que abrirá otros miles senderos de análisis que posibilitan ver la historia no como una historia de la práctica sexual, de los castigos más comunes, o de las distintas posturas sociales sobre la locura. Lo que al pensador de Frankfurt parece interesarle es cómo el concepto de criminalidad criminaliza todo, cómo acontece en sus distintos épocas posibles esta historia como una «historia criminalizada».
Hoy la teoría se ha justificado nuevamente en la realidad y aquellos que persisten en sostener que la palabra escrita es letra muerta, han visto esta madrugada en las celdas humeantes de la cárcel de San Miguel una verdad inocultable. Aquí no se hace necesario un mayor análisis para percatarse de cuanta miseria hay en la manera en que el sector público atiende las demandas legítimas de la ciudadanía. Los oprimidos de siempre siguen muriendo en salas de espera atochadas de orines madrugadores, atrapados por minas derrumbándose desde años o en episodios confusamente explicados por la prensa escrita. Hoy fue el turno del “lanza”, del que andaba en “canadá” por vender CDs en la calle o del que le hace el trabajo sucio en cada esquina al pez gordo del narcotráfico. Hoy murieron calcinados los muertos de siempre.
En nuestro país por ejemplo, ha habido intentos por convencer a la opinión pública y privada de que el terrorismo (si es que existe en otro lado) ha llegado a Chile con equipaje completo. Nos bombardean con noticias sobre la conspiración de un flaco y joven pakistaní que porta restos de componentes químicos explosivos, con los nexos de grupos políticos e indígenas con las guerrillas paramilitares de algún lugar, o que el crimen organizado esta imparable. Mientras de madrugada las casas de una población son reventadas por escuadrillas especializadas que con la excusa de “una operación de limpieza” encarcelan a sus habitantes, pese a que en su interior no hay un mísero gramo de droga, y sólo reposa en silencio solo una artesanal pero “altamente peligrosa” radio comunitaria.
Acabar con la “puerta giratoria” significa criminalizar a todos y a todo. Acabar con la llamada delincuencia significa aumentar la perspicacia y extremar el ojo criminalizante para atrapar a todo lo que se mueva, o más bien, a todo lo que no se mueva al son de su sinfonía gubernamental. Un día como hoy mueren ochenta y uno de los mil novecientos muertos sociales que había dentro de una penitenciaría metropolitana. La sobrepoblación de más del 100% de la capacidad muestra, con la frialdad propia de los números, que el interés va por empujar dentro de las rejas por la razón que sea para después olvidarse rápidamente del bulto entregado. Aquella agotada metáfora de la puerta giratoria parece más un gran artefacto que encierra sujetos al azar, que una suerte de abertura por donde se entra y se sale permanentemente. Ojala hubiese habido alguna salida oportuna, giratoria o no, para esos cientos de reclusos que presenciaron cómo sus cuerpos se derretían entre barrotes y estoques.
Quizás nosotros como sociedad carguemos con cierta responsabilidad frente a los medios de comunicación que tenemos. Parece que una sociedad sin organización, sin cuerpo consciente y político, se merece medios de prensa deformadores y serviles, esos que cada vez que acontece una tragedia se limitan a hacer reportajes emotivos y especiales de prensa con nueva escenografía, melodía e invitados. Las tragedias en este país se enumeran, se reportean, se lloran, se mercantilizan, se usan. Luego se pasa a la otra sin haber hecho un esfuerzo analítico frente a la cuestión, sin discutir sus entrañas y estructuras, sin develar su razón o sinrazón.
Puede que padezcamos el mal de la Onemi, llegamos siempre tarde cada vez que un pobre está muriendo. El tsunami no fue predicho, el derrumbe de la mina era meses antes comprobable, la peligrosidad del hacinamiento en las cárceles llevaba más de 100 reportajes televisivos.
El problema no comienza ni se agota con Foucault, tampoco existen 15 minutos cada vez que se asoma una tragedia. El problema de la criminalización y el manejo jurídico, científico y político de las categorías conceptuales parece ser omnipresente y eterno, o al menos eso es justamente lo que les conviene que creamos. Cuestionarse lo aceptado desde hace siglos parece tan peligroso como salirse de las normas y convertirse en un anti-social que deba ser encerrado. Quizás los primeros barrotes en ser limados deben ser los de la agotada racionalidad post ilustrada, para no resultar esta vez, calcinados por dentro. Si Michel Foucault tiene razón, entonces, el cantautor porteño Mauricio Redolés dice más de lo aparente cuando en una de sus canciones nos reitera que “todo preso es un preso político”.
Extraido de El Ciudadano
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Fiscal de la Suprema: “Habría que construir una cárcel al año para mantener el hacinamiento”

Por Juan Pablo Echenique
Hace un año, la fiscal de la Corte Suprema, Mónica Maldonado, alertó al Senado del grave hacinamiento de las cárceles chilenas. Sólo en San Miguel, había 1664 presos, cuando el recinto tenía capacidad para 800. En octubre pasado, las personas recluidas en ese recinto ya habían aumentado a 1924. En la fatídica torre 5 habitaban 485 reos, 81 de los cuales murieron en el incendio. En esta entrevista, realizada hace dos semanas, la fiscal Maldonado cuenta las condiciones inhumanas en que le ha tocado ver a los presos, analiza las causas del problema y deja claro que la solución no pasa por construir más recintos penitenciarios.
En octubre pasado, Emmanuel Labra recurrió a una comisión de la Corte de Apelaciones que visitaba la Cárcel de San Miguel para pedir ser trasladado a Los Andes. Juzgado por el delito de lesiones graves, cumplía su condena en la Torre 5 de ese recinto penal, donde, según denunció, estaba amenazado de muerte. Sobrevivió ahí hasta este 8 de diciembre, cuando un incendió acabó con su vida y las de otro 80 presos.
Su solicitud quedó registrada en un informe que constató también que a esa fecha eran 1924 las personas que se encontraban recluidas. Sólo un año y medio antes, otro informe, esta vez realizado por la fiscal de la Corte Suprema, Mónica Maldonado, registraba 1664 presos en San Miguel. Ya entonces la población tenía más del doble de su capacidad: 800 cupos. Pero ni las denuncias de hacinamiento y de las “deplorables condiciones de vida”, hechas entonces por la fiscal Maldonado al Senado, sirvieron para evitar que la población penal siguiera aumentando. 
Horas después del incendio se constituyó en la cárcel de San Miguel para inspeccionar en terreno el lugar de la tragedia. En el gimnasio del recinto se reunió con los sobrevivientes y les contó que lleva años denunciando el hacinamiento penitenciario. A la salida conversó con la prensa, esbozando algunas de las críticas que dos semanas antes había hecho, en esta entrevista, al sistema penitenciario.
Chile es el país de América Latina con más presos por habitantes: 318 presos por cada 100 mil habitantes. Según su experiencia, ¿a qué se debe esta cifra?
Es alarmante que seamos el país de América Latina, después de la Guyana Francesa y Surinam, con más presos. Muy por debajo de Chile esta Brasil. Más abajo, con la mitad de los presos que tenemos nosotros, está Argentina, con 150, y de ahí seguimos bajando: Ecuador con 126, Bolivia con 82. Yo me he preguntado ¿a qué se debe esto? ¿Por qué tenemos tal cantidad de personas privadas de libertad?
En parte creo que es debido a las reformas que se han hecho en Chile en los últimos 15 años, la reforma procesal penal, también la reforma penal adolescente, que han cambiado el procedimiento. De un procedimiento secreto, y por estos expedientes que recordamos cosidos a mano, ha sido cambiado por un procedimiento oral, transparente, en que hay un órgano que es el que está investigando, los fiscales. Ellos manejan a Investigaciones y a Carabineros. Entonces es mucho más efectiva la investigación. Y por otro lado están también los defensores, que al proteger y al defender a los imputados, también van consiguiendo una sentencia más rápida, más expedita. Mucho más rápida que lo que se efectuaba con el antiguo procedimiento. Entonces, en este momento, la gran mayoría de nuestros presos son condenados. Hace 6 años atrás, la gran mayoría de nuestros presos estaban procesados.
La otra parte es que somos demasiado rigurosos con las penas. Yo veía un programa de la televisión sobre una cárcel peruana en Tacna, en que se entrevistaba a 2 mujeres que eran traficantes. Ellas habían sido contratadas por bolivianos para traer a Chile cocaína. Y las descubrieron. Chilenas que habían ido a buscar su carga a Tacna. Burreras. Y quedaron presas allá. Mostraban la cárcel, había unas pocas mujeres, todas por tráfico y les preguntaron a ellas cómo estaban y dijeron que estaban bien, que estaban esperando salir porque les iban a bajar la pena a la mitad si tenían buena conducta, y que la pena que habían tenido era de dos años. ¡Y resulta que traían coca a Chile! Y en cantidades de panes de coca. O sea, una cantidad que aquí habría correspondido a tráfico de droga con penas sobre cinco años y un día.
Entonces nuestras penas son muy altas. No quiero decir con esto que hay que rebajar la de tráfico, pero me parece que por mini-tráfico tenemos llenas las cárceles. La cárcel de mujeres está principalmente con mujeres que efectúan mini-trafico. Y no puedes aplicarles sanciones de cárcel, me parece a mí, a personas que venden papelillos para mantener a sus familias y que el varón es el que le pasa, o el hijo, o la pareja el que les pasa para que ellas vendan. Entonces los tenemos con unas sanciones altísimas. También es muy alta la sanción por robos.
Tiene que ver con el sistema, entonces.
Para mí, es el sistema penal, que ya está propuesta una modificación. Hay un Código Penal que fue estudiado por académicos en el tiempo en que era ministro don Luis Bates, en que se reunían todos los jueves, por dos años, académicos del más alto nivel, en la Universidad de Chile. Hicieron un estudio de un nuevo Código Penal, propio de este tiempo. Y no del tiempo de los cuatreros, que ya no existen, pero en que el delito contra la propiedad tenía penas altísimas.
El tercer factor es que los sistemas de libertad intra-penitenciarios que puede dar Gendarmería, son muy exigentes con los internos y piden conductas irreprochables para personas que se encuentran tremendamente hacinadas, encerradas y maltratadas. Entonces el hombre que cae en una violencia, incluso de insultos, ya constituye mala conducta. Permanecen en las cárceles en un nivel mucho más alto que lo que permanecen en Argentina, por ejemplo.
¿Cuál ha sido la evolución que usted ha visto desde que comenzó esta tarea de ver las cárceles hasta hoy?
Desde que soy fiscal de la Corte Suprema (2001), el aumento es considerable. En el sistema cerrado había 32 mil personas y en este momento hay 53 mil. Los detenidos han disminuido en un 92% y en un 11 % los imputados. En cambio, los condenados han aumentado en un 141%. En el sistema abierto, que son los que están cumpliendo en libertad, también han subido de 33 mil a 54 han. Es un alza progresiva.
Hoy en día están ingresando a la cárcel en el país, confirmado por el director nacional de Gendarmería en una entrevista que acabo de tener, 350 personas al mes. Estas 350 personas mensuales significan que en el año ingresan cerca de 4.000. O sea que habría que construir, porque una cárcel no debiera tener más de 3.000 internos, una cárcel al año para mantener el estado de hacinamiento que tenemos ahora. Entonces no pararíamos nunca de construir cárceles si seguimos con este sistema.
¿Y la cifra de gente que sale de las cárceles, está?
Es ciertamente inferior. Es mucho mayor la cantidad de gente que entra que la que está saliendo por pena cumplida. Pero no tengo esa cifra.

¿Qué tipo de irregularidades ha encontrado en el funcionamiento de las cárceles o en el comportamiento de Gendarmería y qué interpelaciones ha hecho si es que no está dentro de sus facultades imponer sanciones?
Ciertamente lo mío es solo supervigilar. Pero no hay otro organismo que supervigile, o sea es EL organismo. Tenemos por un lado la falta de capacidad de Gendarmería de controlar la violencia que existe dentro de las cárceles. No olvidemos que el año pasado hubo un enfrentamiento entre dos bandas y mueren quemados 10 presos. Un gendarme lo ve y avisa a otro gendarme. Pero Gendarmería nunca entró a la parte del patio, que están separados por rejas, para evitarlo. Yo no puedo creer que el gendarme no haya visto que subieron la cocinilla hasta el segundo piso y se las tiraron prendida dentro, donde los tenían encerrados. Y ahí mueren 10.
Tampoco nunca ven las muertes que hay provocadas entre los mismos presos, y el año pasado mueren 30 presos en Colina II. Cuando asumo como fiscal el 2001, se produce un incendio en Iquique, y mueren 22 primerizos. Todos jóvenes. Mueren quemados en el pabellón de los primerizos. Me constituyo para ver este desastre y no puedo comprender cómo todos los guardias perimetrales, la “guardia externa” que llaman, no vieron el fuego, no vieron el humo, no escucharon los gritos. Tampoco funcionaron los extintores. Y 80 gendarmes estaban viendo TV a las 20 horas en los dormitorios de ellos.
¿Y qué facultad tienen como fiscalía para imponer sanciones?
La facultad que tengo, que lo hice en Colina con respecto al módulo Alpha, es llamar inmediatamente al Servicio Médico Legal (SML) para constatar las lesiones. Lo segundo fue llamar al juez de Colina para que se constituyera e investigara. Y lo tercero fue que, como yo iba acompañada de 2 funcionarios de la fiscalía, inicié inmediatamente la primera investigación, interrogué a todos los presos. Antecedentes que fueron pasados al juez de Colina y que se siguió un proceso que terminó hace 2 años atrás, con una condena de 2 de los 7 gendarmes que habrían participado, porque para el resto ya las pruebas habían desaparecido. El SML, estamos hablando del 2001, no tuvo la acuciosidad y no vino rápido.
Eso es lo que hago. Denuncio. En este momento denuncio por recurso de amparo, que se están presentando muchos. Oficio también a la fiscalía en carácter de urgencia.
Pero en el fondo es a través de otros mecanismos. Ustedes como fiscalía de la Corte no tienen esas atribuciones directas.
No.

¿Ha recibido denuncias de internos que han sido amenazados si es que denuncian irregularidades dentro de las cárceles?
Ese tipo de denuncias no he recibido. Lo que sí recibo permanentemente son las solicitudes de que los trasladen, pero yo no tengo facultades para eso. Es facultad propia de Gendarmería, para ser aislados del resto de la población penal. Entre ellos se tienen un tremendo temor. Cuando el ministro Villarroel, en el amparo que se presenta el año pasado en la 7ª sala, precisamente en Colina, por golpes que recibieron de parte de Gendarmería, se constituye allá. Lo que más le llama la atención es la cantidad de heridas que tienen. Sanadas ya. Bueno, fuera por supuesto de los síntomas y los signos de las lesiones provocadas en este caso por Gendarmería.
¿Y temor a Gendarmería?
Las mujeres llegan acá hablando y nombrando gendarmes que las amenazan con castigos, con vigilancia de perros que tienen. Yo no creí que era verdad y efectivamente está dentro de los controles, el efectuarlo con perros. Pero son denuncias que yo comunico a Gendarmería o a fiscalía. Pero las primeras investigaciones las efectúa siempre Gendarmería.
Incluso lo he hablado con el fiscal nacional, Sabas Chahuán, que no es posible que en las cárceles investigue Gendarmería cuando están acusando a Gendarmería. Resulta que hay un artículo que señala que en las reparticiones públicas el primero que va a investigar es el que ha sido víctima. Si esto ocurre en la Contraloría o en el Ministerio de Salud, los propios fiscales de Contraloría o del ministerio son los que investigan los delitos que cometen dentro de ellos. Pero en Gendarmería es un delito contra las personas que ellos tienen que cuidar. Y si ellos castigan a los que tienen que cuidar, y ellos hacen la primera investigación, ciertamente que se diluye.
¿Con las mejoras que anunció el Ministerio de Justicia en octubre pasado, cuáles son las mejoras que se esperan a nivel de hacinamiento, a nivel de calidad de vida de los internos?
Realmente las mejoras se están llevando a cabo. Ahora se presentaron alrededor de 300 amparos en la Penitenciaria. Envié al fiscal Calvo a constatar por qué los trasladaban y por qué pasaban de una galería a otra, y por qué ellos tenían tanto temor con este traslado de ser víctimas de la violencia o de la muerte. Y era porque están sacando gente de algunas galerías, para desocuparlas y están en este momento haciendo todo un nuevo sistema de alcantarillado, tienen literas nuevas de 4 pisos para poder ir, paulatinamente, poniendo a la gente en mejores condiciones de vida, en mejores condiciones de higiene. Se están pintando también esas celdas. Se está implementando un sistema para mejorar el tiempo de encierro. Que no sean 15 horas de encierro y que los internos pasan dentro de sus celdas. Se está implementando eso y dándole una hora y media más de patio, o sea, al aire libre. Esto significa que pueden hacer algo de ejercicio, que tienen más tiempo para comunicarse, más tiempo para comer. Es tremendo estar 16 horas o 15 horas a oscuras, con otros presos, metidos en las celdas. Eso atenta contra la salud mental.
Y lo otro que se ha cambiado era que comían en tambores. Es uno de los reclamos que yo he hecho presente, que la comida se servía en tambores y los más fuertes se servían, dejando a los más débiles con el resto del tambor. Y ahora se está entregando en bandeja, o un plato, con comida caliente, personal a cada uno. Para el sistema chileno es ponerle un “parelé” a ese aspecto.
También es efectivo que se ha mejorado el sistema de salud y se han colocado médicos de turno para que atiendan los casos de los internos enfermos. Aquí se presentan muchos reclamos de parte de los familiares de los presos. Recientemente me ha tocado el traslado de un interno de Arica que está en estado terminal. Lo trajo Gendarmería a Santiago y está en el hospital de la Penitenciaria, atendido por su madre.
La semana pasada, a otro interno terminal imputado, que ni siquiera había sido formalizado, se le permitió la salida por la juez. Pasaron primero por acá, me acompañaron todos los antecedentes y pude orientarlos al mejor camino a seguir, y la juez le dio el traslado al Hogar de Cristo, que es el lugar al que pedía ir a morir. Entonces, hay más humanidad. Hay una actitud de parte Gendarmería, que parte por su director nacional, pero que parte porque el ministro lo está haciendo así. Ahora, no es la panacea.
¿Se refiere a estas reformas?
O sea, estas reformas son muy buenas para mejorar la calidad de vida, pero estas reformas no mejoran el hacinamiento. No he visto mejoras tampoco en el sistema de castigos, se siguen aplicando. Hace muy poco lo vimos en Villarrica. Se filmó desde una casa los castigos que se daban a los internos al sacarlos de sus celdas. Es lo mismo que a mí me ocurrió hace 9 años atrás. A la semana que asumía de fiscal, en el módulo Alpha de Colina II había un motín. Me constituí y resulta que el motín era que se habían auto inferido heridas los presos por el maltrato que recibían. Estaban en un módulo de castigo. Habían sido sacados al patio y habían sido golpeados cruelmente, con oídos reventados, con uno que perdió un ojo…
¿Por gendarmes?
Por Gendarmería, sí. Cuando lo decía en Gendarmería, y lo comentaba con el director nacional, decían “es que esto se hace”, decían en Villarrica. “Es que esto es así”. Lo mismo decían en Alto Bonito, en Puerto Montt, cuando golpearon a dos adolescentes. “Esto ES así”. Es que esto no es así, porque verdaderamente, los tratados internacionales y la legislación nacional te impide los tratos crueles, inhumanos, degradantes de las personas. E incluso es tortura aplicar este tipo de sanción. Entonces, esa parte el ministro no la ha enfocado, como no ha enfocado todavía la rehabilitación y la reinserción social. Ha enfocado la calidad de vida dentro de los penales. Y eso es un gran paso, pero no lo es todo.
¿Usted como fiscal tiene recursos para hacer estudios propios, o se basan en estudios externos, del ministerio o de Gendarmería?
No, no tenemos recursos. Cuando yo asumí la Fiscalía en la Corte Suprema llevaba 20 años de fiscal de Corte de Apelaciones. Yo me había iniciado en Puerto Montt, cuando los fiscales teníamos la facultad de revisar las cárceles. Y ahí fui tomando mi experiencia, por las visitas a Calbuco, Chin Chin en Puerto Montt, Futaleufú. Los retenes también de toda la zona. Y me fui dando cuenta, a medida que transcurría el tiempo, esto fue el 78, de que iban aumentando cada vez más los malos tratos. E iba aumentando paulatinamente la sobrepoblación. Porque cuando hablamos de hacinamiento, estamos hablando de sobre un 200%. Me di cuenta que todo eso iba disminuyendo la calidad de vida de los internos.
En Calbuco, tenían 4 presos y los atendía Carabineros. Y de los 4 presos, uno estaba condenado por violación, sin embargo en el galpón en que estaban, que no tenía piso, estas personas no se encontraban. Uno andaba pescando para los Carabineros. Era el violador. Otro que era un ladrón conocido por todos, que decían que era un poco débil mental, andaba buscando los diarios y revistas, cruzando también en bote al continente. Otro arreglaba los jardines. El alcalde tenía su plaza, con jardín y tenía preocupación de mantener bonita la gobernación.
Ninguno estaba dentro de la cárcel. Los salieron a buscar y conversé con ellos. Se sentían respetados. Estaban felices de trabajar. Incluso les daban propina. Entonces con eso ayudaban a sus familias, que por lo demás eran de Calbuco o de las islas. Se acabó ese tipo de cárcel. Lo mismo encontré en Futaleufú.
Después las cárceles se fueron llenando, se fueron encerrando y cuando yo caminaba por la cárcel de Chin Chin en Puerto Montt, estaban los presos políticos encerrados en sus celdas. Y cuando sentían que pasaba alguien que podía ser relacionado con la magistratura, gritaban “¡justicia, justicia!”.
Y yo empecé a meterme con los fiscales, los intendentes, a pedir que les dieran más horas libres. Entonces cuando ya llegué a Santiago y me constituí en la Cárcel Pública de Santiago, y me constituí en el GOPE o en Investigaciones, ya traía una cantidad de experiencia que fue formando en mí una mayor preocupación por solucionar este estado. Por estudiar los derechos de los presos, las convenciones internacionales, el sistema chileno y darme cuenta de que eran violentados en todas nuestras cárceles en Santiago, a partir del ’83 cuando llego.
Así que el 2001, cuando asumo como fiscal, esto que yo había vivido lo exijo a los 35 fiscales del país. Y la información que tenemos es porque no sólo nos quedamos en visitar al preso, o a los que reclaman, si no que se entra a las celdas de castigo, se ingresa y se conversa con la gente que está en sistema de aislamiento porque ellos lo han pedido. Se entra a la cocina y a las bodegas, y se descubre que hay sustracción y mal uso de los dineros de Gendarmería, se denuncia a Contraloría. Denuncio al Ministerio de Salud cuando estamos llenos de ratones, de fecas y los baños tapados. Entonces no tengo otra información que la que me da Gendarmería, pero constatado por los fiscales en terreno. Y las 84 cárceles son visitadas.

¿Dentro de las visitas anuales que realizan, que irregularidades han encontrado dentro del funcionamiento o de la labor de Gendarmería? ¿Qué interpelaciones o sanciones han impuesto ante estas irregularidades?
Nosotros no podemos, nuestra facultad está además muy mermada, porque con la reforma procesal penal, le entregaron la supervigilancia de las cárceles a los jueces de garantía, y los fiscales fuimos eliminados, por el artículo 353 Nº 2, del Código Orgánico de Tribunales. Son eliminados entonces los fiscales. Solo podemos visitar el sistema que ya son prácticamente puros condenados. Sólo podemos visitar la parte donde están los condenados y procesados del antiguo sistema.
Extraido de CIPER CHILE

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