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Nuevo Sistema de Ingreso a la Universidad para Alumnos Vulnerables Pone en Jaque a la PSU

Por J. Marchant
Los mejores alumnos ingresarían a través de un sistema especial, sin necesitad de los 450 puntos, manifestando las dificultades de la PSU para incluir a los alumnos más desventajados.
Al mismo tiempo que en el Parlamento se aprobaba la reforma educativa impulsada por el gobierno, se firmaba un protocolo de acuerdo entre parlamentarios de oposición y el Mineduc. Uno de los puntos que podría llegar a cambiar más el panorama de acceso a la educación superior en orden a mejorar la inclusión social es el 5.7: en él se establece que se creará “un programa especial de incentivo al 5% de los mejores egresados de enseñanza media de sectores vulnerables para acceder a la educación superior, independiente de su puntaje en la PSU”.

Se trata de una medida que afectaría a unos cinoc mil jóvenes a partir de 2012 y que ha sido calificada por sus impulsores como un paso para reducir las desigualdades sociales que están detrás de los distintos puntajes en la prueba que obtienen alumnos de menores y mayores ingresos. Sólo un botón de muestra: quienes tienen ingresos por sobre los $ 1,5 millones tienen 11 veces más posibilidades de sacar más de 600 puntos que quienes vienen de familias con ingresos menores a $ 144 mil pesos al mes.

La propuesta del Mineduc consiste en replicar una experiencia de inclusión que hasta ahora ha sido exitosa en seis universidades: se trata del sistema de Propedéuticos, donde en cuarto medio se recluta al 5% de mejor rendimiento en colegios vulnerables para que asistan a clases de matemáticas, lenguaje y gestión personal (hábitos de estudio, aprovechamiento del tiempo, etc). Tras ese entrenamiento y si aprueba todas sus materias, el estudiante pasa automáticamente a un programa de Bachillerato que dura un año, tras el cual puede elegir la carrera que desee, dependiendo de los cupos que otorgue la universidad. Este programa existe desde 2006 en la Usach y hoy se replica en las universidades Silva Henríquez, Alberto Hurtado, Católica del Norte, Metropolitana de Ciencias de la Educación y Utem.

Los resultados de este proyecto son notables, al menos en la Usach que es la que ha medido su impacto. Allí entran 50 jóvenes cada año, de los cuáles el 75% se mantiene en el programa y el 80% aprueba el mínimo de materias para pasar al año siguiente tras el Bachillerato. Estos datos, que se pueden encontrar en la página web www.propedeutico.cl, indican que estos jóvenes, que muchas veces no alcanzan siquiera los 400 puntos promedio en la PSU, son capaces de ser universitarios exitosos. Según el rector de la Universidad Católica Silva Henríquez, Francisco Javier Gil, las mediciones muestran que, si uno de ellos repueba un ramo, en el 100% de los casos lo pasa a la segunda vez. Y que entre estos jóvenes el gusto por el estudio es cuatro veces mayor que un alumno que ingresa con buen puntaje a la PSU.

La propuesta del Mineduc partirá con la creación de un fondo concursable o licitación pública para que las instituciones que quieran participar tengan dinero para contratar profesores e implementar este programa.

Este cambio, que al parecer genera bastante consenso entre los rectores, plantea una pregunta de fondo respecto al sistema actual de ingreso a la universidad. ¿Es el correcto para un país tan desigual como Chile? Si la PSU, que ciertamente es el termómetro de una situación, está excluyendo sistemáticamente a los alumnos que se concentran en el sector municipal y que no pueden pagar un preuniversitario, entonces parece razonable estudiar mecanismos alternativos a ella, como considerar el rendimiento de los alumnos en sus colegios, tal como plantea esta nueva iniciativa. Sin embargo, el que el ranking de un alumno en su colegio pese más que una prueba ha sido resistido en ocasiones anteriores por el Consejo de Rectores, organismo que agrupa a las 25 universidades tradicionales. Es probable que este acuerdo, que dicho sea de paso se tomó sin preguntarles a ellos, los dueños de la prueba, los obligue a tomar decisiones en pos de un sistema más diverso de selección universitaria.

Extraido por El Martutino 
via VERSUS 21

Ranking de Colegios PSU 2010: Ve tu colegio en que lugar está.

El siguiente es el Ranking de Colegios según el puntaje PSU promedio, elaborado por la Universidad Católica de Chile. Está basado en la información oficial entregada por el DEMRE y contiene un ranking nacional con los 745 colegios que obtuvieron sobre 530 puntos promedio (lenguaje-Matematica), y el ranking de cada una de las regiones del país.

Ranking de Colegios PSU 2010
(pdf, 36 páginas)

Extraido de SALA DE HISTORIA

Acreditación universitaria por carrera: la cuenta pendiente de las privadas

 Por Trinidad Noguera
Sólo 1 de cada 4 carreras que se imparte en los planteles particulares más grandes está acreditada. ¿Deficiencia del sistema o falta de calidad? Aquí el diagnóstico.

Desde hoy la suerte está jugada para los 289 mil 181 estudiantes que rindieron la PSU el lunes y martes. Ahora sólo les queda esperar los resultados y postular a la universidad deseada.  Pero ¿cuál es la calidad de las carreras que los esperan? 
En Chile, recién en 2006 se creó la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), única institución nacional encargada de certificar las acreditaciones universitarias. Con anterioridad, no había índice alguno de la calidad de la educación superior. El proceso es voluntario, por tanto, es una iniciativa de cada universidad certificarse o no. Hoy, la CNA acredita tanto a las instituciones como a las carreras profesionales, independientes entre sí. Es decir, una universidad puede estar acreditada como institución y no así sus carreras. Salvo el caso de las Pedagogías y Medicina, que por la Ley 20.129, deben estar certificadas.
Cuando una universidad se acredita como institución, se certifica en dos áreas mínimas: gestión institucional y docencia de pregrado; y también pueden optar a tres adicionales, como docencia de postgrado, inveatigación y vinculación con el medio. Eugenio Díaz, presidente (s) de la CNA-Chile, cuenta que en estos casos, “se considera el cumplimiento de la misión institucional junto con la evaluación de sus políticas y mecanismos para la autorregulación y mejoramiento de la calidad”.
Cuando lo que se busca es acreditar los programas de pregrado, se aplica un proceso más profundo que certifica la calidad de todos los elementos asociados al diseño curricular, recursos comprometidos y resultados del proceso enseñanza-aprendizaje. Esto, basándose en la “consistencia entre el perfil de egreso y el plan de estudios, la disponibilidad adecuada de recursos humanos, económicos y materiales y capacidad de autorregulación”, explica Díaz. Tanto la acreditación de la institución como de las carreras, demoran cerca de un año, luego de que se realice una evaluación interna, evaluación externa y juicio de acreditación. En otras palabras, el proceso que realmente refleja la calidad de los estudios particulares a los que se opta es la acreditación por programa, por lo tanto conocer el mapa de estas evaluaciones es indispensable a la hora de hablar de calidad universitaria. 
De hecho, es el propio presidente (s) de CNA-Chile, Eugenio Díaz quien explica a El Dínamo que  la CNA certifica, finalmente, “la calidad de aquellas instituciones y programas que han sido capaces de demostrar estándares apropiados y un nivel académico sólido, promoviendo permanentemente la introducción de buenas prácticas y el mejoramiento de los indicadores de productividad y excelencia académica”.
Con el propósito de dimensionar esta realidad, decidimos ver el nivel de acreditación por carrera de las universidades privadas en Santiago y nos encontramos con la sorpresa de que sólo una de cada cuatro carreras de las universidades que más captan alumnos, está acreditada. Una situación muy distinta a la de universidades tradicionales como la Católica de Chile, en la que 29 de sus 42 carreras cuenta con la certificación. O la Universidad de Chile donde cerca de la mitad de su oferta muestra el distintivo. Claramente, por tanto, la tendencia de las privadas autónomas no se orienta hacia los instrumentos de calidad dispuestos por la CNA.
¿Cuál es la razón? Quienes conocen el sistema, apuntan a dos: falta de calidad de los programas o carencia de voluntad de las instituciones para someterse a un sistema aún nuevo. En este último punto, para Educación 2020, hay que considerar, por un lado, que son las propias universidades las que deben costear monetariamente todo el procesos, y por otro la falta de difusión del propio sistema que conspira contra su éxito.  
“La Comisión Nacional de Acreditación y el Ministerio de Educación ha hecho un pésimo trabajo informándole a la ciudadanía de la existencia de la acreditación y de sus resultados. La mayoría de los alumnos ni sabe que existe, y extraer información de su sitio web, es casi infernal. Eso derrota todo el objetivo de la CNA: proveer información a los estudiantes sobre la calidad de la oferta”, explica Mario Waissbluth de Eduación 2020. 
Y agrega que finalmente una universidad opte por no acreditar sus carreras resulta preocupante. “La explicación benigna sería que quieren creer que tienen un modelo educativo suficientemente ad hoc como para no enmarcarse en los criterios de la acreditación. La menos benigna, bueno… es fácil imaginársela”, sostiene Waissbluth. De hecho, se produce la curiosa situación que varias casas de estudios optan primero por acreditarse antes en instituciones extranjeras que nacionales.
Ese es el caso, entre otros, de la Universidad Adolfo Ibáñez que sólo tiene acreditada, entre su amplia oferta, Ingeniería Civil, pero no así su carrera estrella: Ingeniería Comercial. Fernanda Macintosh, directora de gestión y análisis institucional, explicó a El Dínamo que cuando comenzó este tema en Chile, la UAI ya contaba con la acreditación internacional de la AACBS en Comercial. “El proceso (en Chile) aún está en pañales, pero no descartamos a futuro, incluir más carreras”, sentencia Macintosh, dejando en evidencia una realidad para nada aislada.
Si uno analiza las ocho universidades privadas con más de 10 mil alumnos (*), siguiendo el Ranking de las Mejores Universidades 2010 de América Economía, se llega a la conclusión que sólo el 26% de sus carreras están acreditadas ante la CNA. Esto equivale a cerca de 9 programas de estudio entre los 40 que en promedio ofrece una institución de esas características. En contraste, todas esas casas de estudio sí presentan acreditación por institución.  

Los casos más llamativos de la lista son los de la Universidad del Desarrollo, con sólo tres de sus 44 carreras acreditadas, o el de la Universidad de las Américas, con sólo nueve programas de estudios certificados de los 60 que ofrece. En el otro extremo de la lista, en tanto, la Universidad Diego Portales y la Universidad Central muestran el mayor porcentaje de acreditación con un 47 y 41%, respectivamente. 
Si la cantidad de carreras certificadas en las universidades privadas autónomas llama la atención, los años de acreditación son aún más sorprendentes. Siendo siete años el máximo que se puede recibir, la mayoría de las universidades anteriormente seleccionadas, cuentan con programas con dos o cuatro años de vigencia. Son la excepción las que cuentan con el rango máximo. Y nuevamente la brecha entre las privadas autónomas y la Católica y la Chile resulta evidente. Estas últimas promedian los 6 y 7 años en sus carreras acreditadas.
Un problema significativo es la laxitud con que la Comision otorga la acreditación a partir de los informes. En otras palabras, basta con leer los informes de carreras o universidades acreditadas por dos años, para preguntarse cómo es posible que los hayan acreditado”, sentencia Waissbluth.
Para la Comisión Nacional de Acreditación, la acreditación en un buen instrumento de mejoramiento continuo para las instituciones y sus programas, estableciendo fortalezas y debilidades. Sin embargo, el proceso aún está muy reciente y claramente no ha llegado a cumplir sus objetivos a cabalidad. Aún falta por avanzar, y por sobre todo, incrementar el número de instituciones y carreras acreditadas por cinco años o más. Eugenio Díaz lo admite y agrega: “aún hay desafíos pendientes, principalmente en la dirección de revertir la baja eficiencia de los procesos de formación y de fortalecer la capacidad de las instituciones de desarrollar sus proyectos educativos con mayores niveles de responsabilidad social y perspectiva estratégica”.
(*) Universidad Mayor, Universidad de las Américas, Universidad Santo Tomás, Universidad San Sebastián, Universidad Central, Universidad Diego Portales, Universidad Andrés Bello y Universidad del Desarrollo.
Extraido de EL DINAMO

Prueba de Selección Universitaria ¿La alternativa correcta?

Por Mijaíla Brkovic Leighton

Entre ayer y hoy, 289 mil estudiantes rindieron la Prueba de Selección Universitaria (PSU) a lo largo y ancho de Chile. Para muchos, este constituye uno de los momentos más determinantes de sus vidas para el que se han entrenado psicológica y académicamente durante meses. Pero ¿Qué es lo que realmente mide la PSU?, ¿logra efectivamente seleccionar a los mejores estudiantes? ¿Tienen, algunos de ellos, mayores ventajas que otros en la rendición del test?
Según el estudio “Rendimiento versus aptitud en el ingreso a la universidad: Una nota de advertencia basada en el caso chileno” -realizado este año por los académicos de la Facultad de Ciencias Administrativas y Económicas de la Universidad Católica, Mladen Koljatic y Mónica Silva, junto al ingeniero civil Rodigo Cofré-, desde la implementación de la PSU en 2002, la brecha entre escuelas públicas y privadas sólo ha aumentado.
De acuerdo a los antecedentes recabados para realizar la investigación, existen alrededor de 110 puntos de diferencia entre los estudiantes de menores recursos versus los que salieron de colegios privados, donde la ventaja la tienen estos últimos. Así, el remplazo de la Prueba de Actitud Académica (PAA) por la PSU, no estaría cumpliendo uno de los objetivos centrales que se plantearon al presentar el proyecto, “terminar con el sesgo económico”, según sostuvo David Bravo en el momento, uno de los creadores.
Las conclusiones del estudio son claras: La brecha se explicaría ya que la Prueba de Selección Universitaria integra una mayor cantidad de contenidos en sus pautas, asunto que beneficiaría a los alumnos egresados de escuelas pagadas, quienes poseen una mejor base educacional.
Entonces ¿Qué es lo que mide la PSU? Según concluyeron los expertos, la prueba mediría sólo la cantidad de conocimiento adquirido de primero a cuarto medio. Tal como revela una encuesta elaborada para La Tercera por el Centro de Estudios de Opinión Ciudadana de la Universidad de Talca (http://papeldigital.info/lt/2010/12/05/01/paginas/024.pdf), los estudiantes de escuelas públicas alcanzan a estudiar sólo un 60% de todas las materias que aparecen en la PSU, mientras que los privados un 80%.
Así, si se pregunta ¿Logra la PSU seleccionar a los mejores alumnos? Probablemente la respuesta correcta sea que sacan más puntos quienes han optado a una educación mejor, lo que no significa que sean los más destacados o esforzados estudiantes.
En este sentido, Ariela Herrera, estudiante de 19 años que acaba de rendir Lenguaje, Ciencias y Matemáticas, opina que efectivamente “quienes salen de un colegio privado, como el Colegio Suizo, por ejemplo, pueden esforzarse la mitad”.
Para ella –que egresó de un colegio fiscal subvencionado con promedio 6,9 y su objetivo es estudiar Medicina en alguna universidad estatal de prestigio– lograr el puntaje que requiere, ha sido una verdadera lucha. “La PSU es lo peor que te pueden hacer (…) te someten a un estrés todo el año que se reduce a, más o menos, seis horas en dos días, y además es muy excluyente. A las personas que no tienen plata para pagar un preuniversitario obvio que no les va a ir bien (…) supuestamente, todos deberíamos salir del colegio preparados para dar la PSU, pero eso es mentira”, asegura.
Si nos preguntamos si existen alumnos aventajados al momento de rendir la PSU, Mónica Silva, académica que participó de la investigación para un medio de circulación nacional, puede dilucidar la respuesta: “No se trata de que los públicos bajen su puntaje -su puntuación promedio siempre bordea los 460 puntos, desde el 2002 hasta ahora-, se trata de que una mayor evaluación de contenidos resulta un ‘premio’ para los alumnos de los colegios privados”.
Por otro lado, un panel de análisis a la PSU que se realizó en 2007, Jorge Manzi y Erika Himmel – académicos que fueron parte del equipo creador de la prueba- aseguraron que al implementarse ese test, nunca se aseguró más equidad “lo que se hizo fue una promesa de mayores oportunidades de aprendizaje”, dijo Himmel.
Según explica Jorge Manzi, lo que hace la PSU es motivar a los jóvenes a estudiar en correlación a su currículum escolar: “Cuando mi hija estaba en cuarto medio, la profesora de matemática no sabía cómo motivar a sus alumnos porque ellos sabían que esa materia no entraba en la PAA, así que estaban todos haciendo facsímiles bajo el escritorio”, explicó.
Asimismo, otros estudios (http://www.rinace.net/riee/numeros/vol3-num2/art2.pdf)han recordado que  “las pruebas estandarizadas a gran escala suelen revelar diferencias en los puntajes obtenidos por ciertas minorías étnicas, socioeconómicas o de género”. En este sentido, las brechas presentes en los posibles test “no representan necesariamente un sesgo de las pruebas”. De esta manera, la PSU no provocaría desigualdades, sino que sólo reflejaría la realidad chilena.
EL PROPEDÉUTICO: UNA OPCIÓN INTEGRAL
Propedéutico (http://www.propedeutico.cl/) es un proyecto que surge en 2008 en la Universidad de Santiago de Chile (Usach) y que está dirigido a lograr que estudiantes de escuelas con malos indicadores, puedan entrar a la universidad de manera alternativa, sin requerir de un puntaje sobresaliente.

Según cuenta Máximo González, director del Propedéutico Usach, están convencidos de que “el talento académico está homogéneamente repartido en todos los sectores sociales, por lo que los mejores alumnos de cualquier colegio tienen las capacidades para ser exitosos en las universidades”, asegura.
La iniciativa se encarga de escoger a 50 alumnos de 4to medio que hayan obtenido un promedio que esté entre el 10% de mejor rendimiento de cada curso, y que sean partes de liceos prioritarios. Otro de los requerimientos, es haber rendido la Prueba de Selección Universitaria, aunque el resultado no sea relevante.
Así, el propedéutico funciona como alternativa de ingreso a la universidad, pudiendo cada persona entrar directo a un bachillerato que sirve de nivelación para posteriormente cursar una carrera de pregrado.
Además esta iniciativa se está ofreciendo en la Universidad de Chile, Universidad Alberto Hurtado, Católica Silva Henríquez, Utem, Católica del Norte y la Metropolitana, entre otras, integrando varios cupos que hasta ahora suman 150 liceos intervenidos en todo Chile.
“La PSU no es equitativa (…) todos los estudios que indican el ranking que ocupa entre sus pares es lo más importante. Sin embargo, eso no es percibido en Chile. A nadie le extraña que de un liceo científico humanista municipalizado no ingrese ningún estudiante a la universidad; en cambio, en un liceo particular pagado ingresan todos, esa es una asimetría que lo demuestra”, asegura González.

Extraido de El Ciudadano

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