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Los Problemas de las Becas otorgadas por el MINEDUC y la JUNAEB

por FECH

Impresentables atrasos, reducción de los montos, cambios desfavorables en las condiciones de postulación y falta de transparencia son los principales problemas que presentan las ayudas del Estado a las que postulan los estudiantes de los primeros quintiles.

Un completo desorden impera hoy en el sistema de becas de aranceles otorgadas por el Ministerio de Educación y en las becas de alimentación otorgadas por la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas, JUNAEB. De la promesa de eficiencia sobre la que se funda el gobierno no hemos visto nada y, peor aún, la celebrada y anunciada “focalización” comienza a mostrar su verdadero rostro.
A los ya conocidos atrasos en la entrega de muchas becas (que se detallan a continuación) se suma la negativa a entregar de forma transparente y oportuna la información sobre estos problemas que son de evidente interés público. A continuación les dejamos un análisis beca por beca indicándoles quiénes pueden acceder al beneficio, el monto que cubren y principalmente la carencia que adolecen.
Becas de arancel otorgadas por el MINEDUC
Fondo Solidario de Crédito Universitario: el FSCU cubre del 100% al 50% del arancel de referencia de aquellos estudiantes pertenecientes al 3er y 4to quintil, es decir, los estudiantes donde los ingresos familiares fluctúan de $ 102.397 a290.696 per cápita.

Las asignaciones de la beca se realizan solo durante el primer año de estudio y no consideran cambio de situaciones para mayor asignación durante la vida estudiantil. Además, asigna una cobertura por arancel de referencia la que es insuficiente para las necesidades de los estudiantes y solo se tiene plazo durante el primer año de estudio para apelar a las mejoras de las asignaciones de fondo.


Beca Bicentenario: cubre el 100% del arancel de referencia. Beneficia a aquellos estudiantes que se ubican en el 1er y 2do quintil, es decir, ingresos familiares hasta $102.326 per cápita.
La problemática que presenta la beca Bicentenario tiene que ver con que la brecha entre arancel de referencia y el real es imposible de cubrir y no quedan favorecidos los grupos pequeños. Asimismo, quienes apelan al Fondo Solidario si bajan de quintil, tras las evaluaciones de las asistentes sociales, no tienen derecho a postular a esta beca. Como si fuera poco, a contar de este año no podrán postular a esta beca los estudiantes de nacionalidad extranjera con residencia en Chile.

Beca de Excelencia Académica: la BEA tiene actualmente una cobertura de $ 1.150.000 que favorece a estudiantes con ingresos familiares de $ 102.397 a 290.696, o sea, estudiantes del 3er y 4to quintil. La beca es complementaria a la FSCU hasta el arancel de referencia, sin embargo, no se tiene el beneficio de asignación de becas de alimentación ni beca en dinero. Si presentan problemas en cuanto a la asignación de los fondos, el estudiante solo puede apelar durante el primer año de estudio y no se puede mover asignación de becas. Por otra parte, en caso de pérdida de beca por sobrepasar la duración oficial de la carrera o avance académico insuficiente, no existe cobertura del FSCU.

Becas de mantención complementarias otorgadas por la JUNAEB


Beca de Alimentación de la Educación Superior: la BAES funciona con una tarjeta con sistema de cheque restaurant con un monto de $ 26.000 mensuales y se entrega a estudiantes del 1er y 2do quintil, donde el tramo de ingreso familiar es hasta $102.326 per cápita. La beca presenta problemas en la cantidad de los montos, los cuales son insuficientes para cubrir alimentación, pues no se reajusta desde 2007.

Además, la red de compra es restrictiva y el sistema de validación es poco oportuno. Existe un excesivo número de operadores funcionando, JUNAEB, MINEDUC, Sodexho. Por otro lado, se pierde el beneficio si se pierde la beca de arancel.

Beca de Mantención de la Educación Superior (BEMES): la beca se da por un monto de $15.500 mensuales y va dirigida al 1er y 2do quintil. Funciona a través de un organismo distinto a la beca de alimentación, lo que genera descoordinación. Por otro lado, los montos son insuficientes, se pierde beca arancel y existe atraso en los pagos.
Beca Presidente de la Republica: beca de 1,24 UTM (aprox. 54 mil pesos). Las postulaciones se hacen en la enseñanza media, dándole una continuidad en la educación superior. El tramo favorece al 1er y 2do quintil clasificado por puntaje. Funciona a través de un organismo distinto de BAES y BEMES y da sanciones económicas a estudiantes que postergan fuera de plazo y además existe un retraso en los pagos. Por otro lado, la aplicación de la nueva normativa que fijará el piso de nota 6,0 como promedio anual durante todos los años de estudio, dejaría fuera al 90% de los beneficiarios, en el caso de la Universidad de Chile se existen 660 estudiantes.

Asimismo, esta beca no permite la postulación en educación superior, teniendo como principal problema el retraso en la entrega de la información del proceso.

Beca Indígena: posee una asignación anual de $600.000 aprox., la cual es pagada en cuotas, favoreciendo al 1er y 2do quintil. Funciona a través de un organismo distinto de BAES y BEMES. El principal problema de la beca son las sanciones económicas a estudiantes que posterguen fuera de plazo, también existe retraso en los pagos y tiene reducidos los cupos.

Revisa una breve presentación en http://tinyurl.com/65bk4lf

Extraido de Federación de Estudiantes Universidad de Chile
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Acreditación universitaria por carrera: la cuenta pendiente de las privadas

 Por Trinidad Noguera
Sólo 1 de cada 4 carreras que se imparte en los planteles particulares más grandes está acreditada. ¿Deficiencia del sistema o falta de calidad? Aquí el diagnóstico.

Desde hoy la suerte está jugada para los 289 mil 181 estudiantes que rindieron la PSU el lunes y martes. Ahora sólo les queda esperar los resultados y postular a la universidad deseada.  Pero ¿cuál es la calidad de las carreras que los esperan? 
En Chile, recién en 2006 se creó la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), única institución nacional encargada de certificar las acreditaciones universitarias. Con anterioridad, no había índice alguno de la calidad de la educación superior. El proceso es voluntario, por tanto, es una iniciativa de cada universidad certificarse o no. Hoy, la CNA acredita tanto a las instituciones como a las carreras profesionales, independientes entre sí. Es decir, una universidad puede estar acreditada como institución y no así sus carreras. Salvo el caso de las Pedagogías y Medicina, que por la Ley 20.129, deben estar certificadas.
Cuando una universidad se acredita como institución, se certifica en dos áreas mínimas: gestión institucional y docencia de pregrado; y también pueden optar a tres adicionales, como docencia de postgrado, inveatigación y vinculación con el medio. Eugenio Díaz, presidente (s) de la CNA-Chile, cuenta que en estos casos, “se considera el cumplimiento de la misión institucional junto con la evaluación de sus políticas y mecanismos para la autorregulación y mejoramiento de la calidad”.
Cuando lo que se busca es acreditar los programas de pregrado, se aplica un proceso más profundo que certifica la calidad de todos los elementos asociados al diseño curricular, recursos comprometidos y resultados del proceso enseñanza-aprendizaje. Esto, basándose en la “consistencia entre el perfil de egreso y el plan de estudios, la disponibilidad adecuada de recursos humanos, económicos y materiales y capacidad de autorregulación”, explica Díaz. Tanto la acreditación de la institución como de las carreras, demoran cerca de un año, luego de que se realice una evaluación interna, evaluación externa y juicio de acreditación. En otras palabras, el proceso que realmente refleja la calidad de los estudios particulares a los que se opta es la acreditación por programa, por lo tanto conocer el mapa de estas evaluaciones es indispensable a la hora de hablar de calidad universitaria. 
De hecho, es el propio presidente (s) de CNA-Chile, Eugenio Díaz quien explica a El Dínamo que  la CNA certifica, finalmente, “la calidad de aquellas instituciones y programas que han sido capaces de demostrar estándares apropiados y un nivel académico sólido, promoviendo permanentemente la introducción de buenas prácticas y el mejoramiento de los indicadores de productividad y excelencia académica”.
Con el propósito de dimensionar esta realidad, decidimos ver el nivel de acreditación por carrera de las universidades privadas en Santiago y nos encontramos con la sorpresa de que sólo una de cada cuatro carreras de las universidades que más captan alumnos, está acreditada. Una situación muy distinta a la de universidades tradicionales como la Católica de Chile, en la que 29 de sus 42 carreras cuenta con la certificación. O la Universidad de Chile donde cerca de la mitad de su oferta muestra el distintivo. Claramente, por tanto, la tendencia de las privadas autónomas no se orienta hacia los instrumentos de calidad dispuestos por la CNA.
¿Cuál es la razón? Quienes conocen el sistema, apuntan a dos: falta de calidad de los programas o carencia de voluntad de las instituciones para someterse a un sistema aún nuevo. En este último punto, para Educación 2020, hay que considerar, por un lado, que son las propias universidades las que deben costear monetariamente todo el procesos, y por otro la falta de difusión del propio sistema que conspira contra su éxito.  
“La Comisión Nacional de Acreditación y el Ministerio de Educación ha hecho un pésimo trabajo informándole a la ciudadanía de la existencia de la acreditación y de sus resultados. La mayoría de los alumnos ni sabe que existe, y extraer información de su sitio web, es casi infernal. Eso derrota todo el objetivo de la CNA: proveer información a los estudiantes sobre la calidad de la oferta”, explica Mario Waissbluth de Eduación 2020. 
Y agrega que finalmente una universidad opte por no acreditar sus carreras resulta preocupante. “La explicación benigna sería que quieren creer que tienen un modelo educativo suficientemente ad hoc como para no enmarcarse en los criterios de la acreditación. La menos benigna, bueno… es fácil imaginársela”, sostiene Waissbluth. De hecho, se produce la curiosa situación que varias casas de estudios optan primero por acreditarse antes en instituciones extranjeras que nacionales.
Ese es el caso, entre otros, de la Universidad Adolfo Ibáñez que sólo tiene acreditada, entre su amplia oferta, Ingeniería Civil, pero no así su carrera estrella: Ingeniería Comercial. Fernanda Macintosh, directora de gestión y análisis institucional, explicó a El Dínamo que cuando comenzó este tema en Chile, la UAI ya contaba con la acreditación internacional de la AACBS en Comercial. “El proceso (en Chile) aún está en pañales, pero no descartamos a futuro, incluir más carreras”, sentencia Macintosh, dejando en evidencia una realidad para nada aislada.
Si uno analiza las ocho universidades privadas con más de 10 mil alumnos (*), siguiendo el Ranking de las Mejores Universidades 2010 de América Economía, se llega a la conclusión que sólo el 26% de sus carreras están acreditadas ante la CNA. Esto equivale a cerca de 9 programas de estudio entre los 40 que en promedio ofrece una institución de esas características. En contraste, todas esas casas de estudio sí presentan acreditación por institución.  

Los casos más llamativos de la lista son los de la Universidad del Desarrollo, con sólo tres de sus 44 carreras acreditadas, o el de la Universidad de las Américas, con sólo nueve programas de estudios certificados de los 60 que ofrece. En el otro extremo de la lista, en tanto, la Universidad Diego Portales y la Universidad Central muestran el mayor porcentaje de acreditación con un 47 y 41%, respectivamente. 
Si la cantidad de carreras certificadas en las universidades privadas autónomas llama la atención, los años de acreditación son aún más sorprendentes. Siendo siete años el máximo que se puede recibir, la mayoría de las universidades anteriormente seleccionadas, cuentan con programas con dos o cuatro años de vigencia. Son la excepción las que cuentan con el rango máximo. Y nuevamente la brecha entre las privadas autónomas y la Católica y la Chile resulta evidente. Estas últimas promedian los 6 y 7 años en sus carreras acreditadas.
Un problema significativo es la laxitud con que la Comision otorga la acreditación a partir de los informes. En otras palabras, basta con leer los informes de carreras o universidades acreditadas por dos años, para preguntarse cómo es posible que los hayan acreditado”, sentencia Waissbluth.
Para la Comisión Nacional de Acreditación, la acreditación en un buen instrumento de mejoramiento continuo para las instituciones y sus programas, estableciendo fortalezas y debilidades. Sin embargo, el proceso aún está muy reciente y claramente no ha llegado a cumplir sus objetivos a cabalidad. Aún falta por avanzar, y por sobre todo, incrementar el número de instituciones y carreras acreditadas por cinco años o más. Eugenio Díaz lo admite y agrega: “aún hay desafíos pendientes, principalmente en la dirección de revertir la baja eficiencia de los procesos de formación y de fortalecer la capacidad de las instituciones de desarrollar sus proyectos educativos con mayores niveles de responsabilidad social y perspectiva estratégica”.
(*) Universidad Mayor, Universidad de las Américas, Universidad Santo Tomás, Universidad San Sebastián, Universidad Central, Universidad Diego Portales, Universidad Andrés Bello y Universidad del Desarrollo.
Extraido de EL DINAMO

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