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Patagonia

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Hidroaysén quiere inundar la Patagonia, pero antes inundó las calles…

por El Reno

Hace un buen tiempo que quería escribir sobre este tema, que hoy está en la boca de muchos. Un proyecto energético que hizo (o ha hecho) mucho más de lo esperado, y del cual uno debe sacar muchas lecciones. No explicaré el proyecto, porque me imagino que ya todos saben algo, ya sea las cosas buenas como las cosas malas. 
Quiero empezar con una autocrítica (aquél que se sienta identificado, critíquese también). Este proyecto empezó a gestarse el 2008 mas menos. Durante 3 años, estuvo bajo un silencio general, en donde los únicos que alegaban contra la mega-represa era el grupo Patagonia Sin Represas (muchos habrán visto una calcomanía con la misma leyenda). Por mi lado, había escuchado de esto, pero no había leído nada, tanto a favor como en contra, y solo me vine a informar ahora último, cuando estábamos a 2 semanas de aprobarlo. Aquí la crítica, es que como sociedad no debemos dejar todo a último minuto. Debemos tomar las “armas” (no tomar en sentido bélico) antes y no a última hora (como es muy característico de nuestra idiosincrasia), porque al hacer esto sucede lo otro. Siendo bien objetivo, todas las manifestaciones populares se están produciendo después de la aprobación. Si uno es bien autocrítico, hubo un error aquí, ya que las manifestaciones se deben hacer antes para producir cambios significativos. 
Espero que las manifestaciones populares que hoy se producen, logren buenos resultados, pero la lección ya debe estar aprendida. (ojo, que en el norte se acaban de aprobar 2 termoeléctricas, además de la gran termoeléctrica Castilla, la más grande de Sudamérica). Junto con esto aprovecho de sacar otra lección. Aquí hay muchos que votaron por el sr. Piñera porque con el veían un cambio en lo que sería la forma de administrar el estado. Mucho se dijo en las campañas presidenciales, de que la Concertación no había hecho nada en 20 años, y que con la llegada de “nuevos” aires, las cosas se empezarían a hacer de forma correcta (eficiente era la palabra más ocupada). 
Muchos, creyeron (siempre hago la mención especial de Leonor Varela, actriz chilena que creyó en las promesas medioambientales de Piñera), y hoy se deben sentir algo engañados, porque el candidato presidencial que dijo que no aprobaría termoeléctricas o hidroeléctricas, ya lleva 3 termoeléctricas aprobadas y una central hidroeléctrica, y en relación a investigación sobre las energías renovables no convencionales (ERNC), nada se ha hecho (o dicho). Aquí hay otra lección que sacar, y no solo me refiero a las presidenciales, si no que me refiero a toda elección. Muchos votan hoy porque la persona es simpática, porque es de uno u otro partido, o porque simplemente una vez me miró bonito. Como población votante nos debemos involucrar en los ideales de los que nos van a gobernar, para que el día de mañana, un diputado-senador-alcalde-concejal o presidente, no salgan con algo con lo que no estamos de acuerdo. Claro, uno no puede saber todo lo que piensa, pero algo debemos investigar sobre los candidatos.

Uno de los comentarios que más se repite hoy en día (y que se usan para defender el proyecto de HA) es el que Chile necesita más energía. Esto, debido a que el país crecerá considerablemente en los próximos años, por lo que los requerimientos energéticos también lo harán. Hoy, el sistema interconectado central (SIC) se abastece con aproximadamente 6.500 mega-watts. Esto quiere decir que en los próximos 10 años, Chile llegará a necesitar unos 13 mil mega-watts. También es necesario decir que del 100% del SIC, solo un 12% corresponde a consumo domiciliario. Primero, el decir que Chile necesita energía no defiende al proyecto. Poniendo otro ejemplo, yo puedo decir “tengo hambre” o “necesito plata”. La forma rápida y fácil llenar dichos requerimientos sería robar, por ejemplo. Otros dirán que tengo que trabajar, o que debo ahorrar plata. Pero, como lo que necesito, lo necesito HOY, lo más fácil es robar. Si bien, eso llena mis requerimientos, no lo hace bien. En cierta forma, creo que sucede lo mismo con HA. El solo hecho de decir “necesitamos energía” con la solución de inundar casi 6 mil hectáreas de terrenos vírgenes que son únicos en el mundo no me parece bien. Además que el comentario es “necesitamos energía”, pero no hay un análisis más allá del solo hecho de necesitarla. 

Volviendo al ejemplo anterior, el “tengo hambre” tiene un análisis. Algunos dirán que el hambre se produce porque no maneje bien mis dineros, o comí alimentos que no eran nutritivos, o que nunca tuve un plan a futuro para asegurar que no tuviera hambre. Lo mismo sucede hoy. La discusión no debería ser tanto “necesitamos o no la energía”, sino que lo que hay detrás de dicho comentario. Por ejemplo, acaso los gobiernos de Chile han tenido alguna vez un plan energético, en donde el proponente fuera el estado y no el sector privado?. Con la memoria que tengo, debo decir que no (si usted tiene mejor memoria, por favor, hágamelo saber). Los gobiernos de la Concertación se equivocaron en este punto, ya que ellos nunca pusieron en la mesa la investigación que se debía hacer o los planes a futuro. Lo que ocurrió fue que el sector privado llegó con propuestas, y el estado se limitaba a aprobar (o en muy pocos casos, desaprobar), y cuando esto pasa, las decisiones no las toma la gente, si no que un pequeño grupo de personas (que en muchos casos, suelen ser de otros países. Esto no lo digo con sentido xenófobo, si no que tiene su crítica. Lea mi opinión sobre castilla para que me entienda). En el ejemplo de “tengo hambre”, si yo no me propongo un plan de alimentación, dependo de lo que me ofrezcan. Si viene McDonalds y Dominos Pizza, y me ofrecen comida, claro, ya no tendré hambre, pero pronto sufriré de obesidad, hipertensión, sedentarismo y hasta de infartos cardiacos. Por eso, la importancia de que el estado debe ser un proponente y no un observador. El estado vela por la seguridad de TODOS los chilenos, cosa que no pasa.

También, muchos repiten la frase “bueno, si no estas de acuerdo con HA, apaga el computador, la luz, y no ocupes energía”. En el fondo, si uno no esta de acuerdo con un proyecto que generará energía, no debe ocupar energía (algo que hoy en día es practicamente imposible). Para rbatir dicha frase yo les digo que uno como consumidor energético (en donde pagamos las cuentas e impuestos) tiene el derecho de exigir que el origen de la energía sea limpia y sustentable. Si yo no estoy de acuerdo con algo, siempre habrán dos caminos, en doende el primero es no usar dicho servicio y el segundo es alegar o exigir que dcho servicio se haga en forma correcta. Si uno dejara de usar todos los servicios y productos en donde uno no este de acuerdo en algún punto, nos tendríamos que mudar todos a una isla desierta.

Otro comentario que se usa para defender al proyecto, es que la cantidad de hectáreas que se inundarán son solo un 0,1% del terreno total de la región de Aysén. Aquí es cuando llegamos al punto de los números. Yo, con mi corta vida, he aprendido que con números se puede hacer de todo. He sabido de empresas multimillonarias que manejando los números en forma correcta, al final de año, pueden aparecer con números rojos. Además que el comentario de que “solo es un 0,1%” busca quitar importancia, y lleva algo físico al mundo matemático. Siguiendo esta misma lógica, uno podría decir que el terremoto en Chile no mató a nadie, ya que los 500 fallecidos representan como un 0,003% de la población total del país, pero solo un insensible podría decir que nadie murió. Aún cuando el porcentaje es bajísimo, gente sufrió y perdió a sus seres queridos. Con esto, trato de establecer el “peligro” que puede ser el que se lleve algo físico (o algo que no se puede evaluar con números) al rango matemático. Se inundarán terrenos que son vírgenes en el mundo, que ningún otro país los tiene, y creo que eso hay que considerarlo. Además, si nos vamos a los números, se podrían poner el 1% de paneles solares en el desierto de Atacama para dar energía a todo Chile. El porcentaje no es solo un número, si no que tenemos que ir mas allá. No es lo mismo 5 mil hectáreas en Aysén a 5 mil hectáreas en el desierto de atacama. No es lo mismo un sismo de 5 grados acá en Chile que un sismo de 5 grados en España. No es lo mismo inundar la Patagonia que inundar Santiago u otra ciudad. Debemos hacer un análisis más profundo y no quedarnos solo en los números.

Otro de las defensas es que con HA se potenciará la región. Aquí mostraré mi lado mas paranoico. Con la construcción de este proyecto, se necesitarán aproximadamente unos 5 mil trabajadores. Muchos de ellos vendrán de otras regiones, y conociendo el nivel socio-cultural del trabajador promedio obrero de Chile (disculpe si generalizo o si soy muy despectivo) las ciudades de Aysén se convertirán. Ya se hablan de proyectos de hoteles, casinos (de juegos), prostíbulos, etc. La basura aumentará, el tráfico, la delincuencia, etc. En decir, no solo se habla de convertir el medio-ambiente, sino que también la ciudad en si sufrirá una transformación. Considerando que los ingresos de la región dependen del turismo, me gustaría saber cómo afectará esto en dicho ingreso.

Otro tema es que se habla de que las ERNC no son eficientes y son muy caras. Pero, y las investigaciones sobre esto?. Acaso el estado (pasado o presente) ha entregado estudios en donde se evalúa la factibilidad de impulsar dichas energías?. Chile es un país que cuenta con todo: mar, montañas, desierto, viento, etc., pero a la hora de construir algo, nos vamos a lo más simple, a lo más rápido. Es necesario tener una política energética, que sea a largo plazo, con visión de futuro. Porque hoy, nos arrepentimos de las termoeléctricas construidas, pero las seguirnos construyendo. Solo espero que en 10 años más, no nos arrepintamos de haber construido una mega central.

Por último, hoy se demuestra la necesidad de implantar plebiscitos. Cuando la gente, la masa, la “plebe” se da cuenta de que aquellos políticos que fueron elegidos para “algo”, no cumplen con ese “algo”, la gente se toma las calles y exige lo que cree que se merece. Dicha exigencia se cubriría con los plebiscitos. Además, hay temas nacionales que no pueden ser decididos por 120 diputados y 38 senadores, si no que deben ser decididos por 15 millones de chilenos.

Al final, usted tiene la última palabra.

Texto publicado originalmente en El Reno
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Energía 20/20: Una vista de la Actualidad Energética

por Sebastián Rivas (QUE PASA)
Con o sin HidroAysén, las energías renovables no convencionales surgen hoy por primera vez como una opción competitiva en el mercado chileno. Sólo para este año hay proyectos en proceso de aprobación que una vez en marcha aportarían cerca de 1.000 MW al sistema. Las grandes mineras ya están trabajando con ellas. Y el gobierno ha fijado una ambiciosa meta: que sean el 20% de la matriz al 2020. Sin embargo, todavía existen trabas para que den su gran golpe de corriente.
Chile está sentado sobre una mina de oro. O mejor aun: de una fuente inagotable de energía. El movimiento de su tierra, con terremotos y erupciones volcánicas periódicos, es el indicio de algo que se esconde y que recién se comienza a descubrir. Así lo resume el subsecretario de Energía, Sergio del Campo: “Según los expertos, Chile es el país con el potencial geotérmico más relevante del mundo”. Las estimaciones más conservadoras hablan de 3.300 megawatts de capacidad de generación. Casi 25% más de lo que tiene presupuestado generar HidroAysén (2.750 megawatts).
Este ejemplo es sólo una muestra de una realidad que está a la vuelta de la esquina. En las próximas dos décadas, las energías renovables no convencionales (ERNC) debieran jugar un rol importante en el desarrollo de Chile. Hoy apenas alcanzan el 3º% de la matriz energética del país. Pero por ley, en 2024 deberán representar el 10%. Sin embargo, el presidente Piñera en el pasado discurso del 21 de mayo fue un paso más allá: propuso llegar al 20% del total en 2020.
No es un dato menor: en un país con escasas fuentes de combustibles fósiles -como gas o petróleo-, tener energías que no dependan de elementos importados para funcionar es un factor importante de seguridad energética e, incluso, un tema estratégico. Así lo explicó a mediados de esta semana el ministro de Defensa, Andrés Allamand: “Chile tiene una objetiva vulnerabilidad energética que puede terminar impactando en la seguridad del país. Más del 70% de los componentes primarios para producir nuestra energía son de origen externo, fundamentalmente petróleo, gas y carbón”.

Hasta ahora, el problema central para el desarrollo de estas energías ha sido su alto costo de instalación. Pero eso está en pleno proceso de cambio. Hace dos semanas, la consultora Bloomberg New Energy Finance presentó un informe sobre el panorama energético chileno de cara a 2025. El estudio fue encargado por la National Resources Defense Council (NRDC), la organización ecologista estadounidense vinculada a Robert Kennedy Jr., que ha sido una fuerte opositora al proyecto HidroAysén.
Al analizar el costo nivelado de las diversas energías, la consultora determinó que varias de las ERNC ya son competitivas en términos de mercado. Por ejemplo, señaló que el costo promedio de la energía geotérmica en Chile oscilaría entre US$ 56 y US$ 91 megawatts/hora; y la energía eólica varía entre US$ 51 y US$ 259 MW/h. Como referencia, el mismo estudio marcó que una termoeléctrica fluctúa entre US$ 73 y US$ 155 MW/h, mientras las “grandes hidroeléctricas de Aysén” se mueven entre US$ 45 y US$ 137 MW/h.
Este informe se sumó a otro realizado en 2009 por la Agencia Internacional de Energía, organismo vinculado a la OCDE, que destacaba el potencial único de Chile en energías renovables no convencionales. La zona norte y central, por ejemplo, tienen condiciones claras para el desarrollo de la energía solar y eólica. En la zona sur, las empresas forestales generan biomasa y los ríos son aptos para pequeñas centrales hidroeléctricas de paso. A eso se agrega la energía geotérmica que se encuentra desperdigada a través de toda la cordillera de los Andes.
Con todo, hay matices. Hugh Rudnick, profesor del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Católica, reconoce que las ERNC son “las energías del futuro”, pero afirma que las proyecciones hasta 2030 muestran costos muy elevados. Para él, Chile debe apuntar a una meta moderada, como alcanzar el 10% de la matriz energética en 2024, e invertir en investigación para estar preparados. “Los costos han ido bajando notablemente. Pero con las cifras proyectadas a 2030, hasta entonces no es viable”, afirma.
Alta potencia
Las últimas semanas han sido movidas para Alfredo Solar, presidente de la Asociación Chilena de Energías Renovables (Acera). La polémica por la construcción de HidroAysén hizo que, casi sin proponérselo, la entidad que agrupa a 60 empresas ligadas a las ERNC pasara a ser un protagonista central de la discusión. Esto porque uno de los principales argumentos de los opositores a la megacentral patagónica es que se podría generar la misma cantidad de energía, o incluso más, apostando a proyectos en áreas no convencionales.
Las cifras son auspiciosas. Hoy, todos los proyectos de ERNC operativos suman 612 MW. Pero sólo en lo que va de 2011, un tercio de los 37 proyectos presentados al Sistema de Evaluación Ambiental son de energías renovables no convencionales. La lista la encabezan iniciativas de energía eólica y minicentrales hidroeléctricas, con cinco cada uno. Todos estos en conjunto podrían generar casi mil megawatts.
“Hoy existen más de 2.500 MW aprobados. De aquí a 10 años hay una cartera potencial de entre 4.000 y 5.000 MW. Hay muchos inversionistas internacionales mirando e interesados en trabajar acá”, explica Solar. En comparación, se espera que cuando HidroAysén esté en plena operación, aporte alrededor de 2.700 MW al sistema. Pero el propio Solar plantea que éstas no son alternativas excluyentes. “La matriz debe ser complementaria, pero con una proporción cada vez mayor de ERNC, porque a la larga son más baratas para el sistema”, sentencia.
La explicación es que si bien en general sus precios de instalación son más altos que las plantas convencionales, luego su costo de generación de energía es más bajo, pues no requieren combustibles fósiles de precios fluctuantes, como el petróleo o el carbón. De hecho, según Acera, en 2010 Chile ahorró US$ 130 millones en importación de dichos combustibles, con apenas un 3% de su matriz alimentada por ERNC.
Hay dos factores que hacen hoy más viables estas iniciativas. El primero es que la evolución del mercado de ERNC a nivel mundial, principalmente en países desarrollados, ha generado un descenso en los costos de instalación. Y el segundo es que con el alza de los precios de los combustibles -como el gas natural, el carbón o el petróleo-, una planta que no dependa de ellos está produciendo electricidad a un costo casi igual o incluso más bajo.
Roberto Román, académico de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y vicepresidente de la International Solar Energy Society (ISES), agrega que el tiempo de instalación de estas plantas representa otra ventaja: mientras una central como HidroAysén podría estar operativa recién en el 2020 -lo mismo que una eventual planta nuclear-, la mayoría de los proyectos con las nuevas energías requieren, como máximo, un tercio de ese período para entrar en funcionamiento.
Las grandes barreras
El panorama es auspicioso. Pero todavía persisten barreras de entrada poderosas para los nuevos actores del mercado eléctrico chileno. La principal radica en la naturaleza de los contratos del área. Solar explica que las grandes empresas -como las mineras y las principales distribuidoras, entre ellas Chilectra, Chilquinta y CGE- ya tienen acuerdos de suministro de energía a largo plazo con las generadoras convencionales: según estima, alrededor del 94% de ese mercado tiene contratos hasta el 2022 o el 2025.
En ese escenario, las empresas de energía renovable tienen dos alternativas. La primera es buscar negocios con nuevos proyectos industriales. Sin embargo, Solar reconoce que para ellos aún es complicado competir en esta línea, porque estas compañías requieren suministro estable de electricidad, algo que aún no es posible de asegurar con ERNC, pues son fundamentalmente proyectos de generación intermitente. Y la segunda es colocar la energía en el mercado spot (sin contratos preestablecidos), en que los precios fluctúan de acuerdo a variables como la oferta que exista y los precios de los combustibles. Esto tampoco ayuda a las empresas de energías renovables no convencionales, porque no les permite proyectar un precio base para su producción, con lo cual se hace más difícil conseguir financiamiento.
Por eso, Solar afirma que más que ayuda estatal, requieren cambios en la regulación que les permitan tener un valor fijo: “Lo que nosotros pedimos es que nos aseguren un precio base, no subsidios: hoy a las ERNC les cuesta, en promedio, US$ 100 producir un MW/hora, y a las energías convencionales, como el petróleo, entre US$ 200 y US$ 250”.
Según sus estimaciones, un esquema de precios estables en el tiempo permitiría que las empresas de energía renovable pagaran su inversión en un plazo de una década, lo que tendría efectos a futuro en los precios de la energía para los consumidores, pues les permitiría competir de igual a igual a las ERNC con las generadoras convencionales y con ello impulsar las cifras a la baja. “Hoy tenemos uno de los precios más caros de América. A partir de 2025 se podría reescribir la historia”, agrega Solar.
Otro problema que se plantea es la intermitencia de algunas de estas energías, como la eólica y la solar fotovoltaica. Pero Roberto Román contrarresta esta noción. “Son variables, es cierto. Pero eso no significa que sean aleatorias: se puede predecir su rendimiento con antelación. Y hoy ya hay centrales solartérmicas que producen las 24 horas del día”, señala.
El tema de las líneas de transmisión es otro punto complicado: cada proyecto debe construir una línea para llegar con su energía a un centro de despacho y carga. Pero a diferencia de las plantas termoeléctricas, a gas o diésel, las ERNC no pueden escoger dónde instalarse, sino que deben funcionar en el mismo lugar en que se encuentra el recurso. Y eso tiene mayores costos. Por eso, las empresas del área están atentas a la forma en que se concretará la “carretera pública” de transmisión de electricidad anunciada por el presidente Piñera el 21 de mayo pasado.
Las cuentas del gobierno
El tema es prioridad para el gobierno. A inicios de mayo, el Ministerio de Energía, encabezado por Laurence Golborne, convocó una comisión formada por ex ministros del sector y expertos del área para evaluar posibilidades de desarrollo eléctrico. La instancia debe entregar sus conclusiones en septiembre. Y en la cuenta pública del 21 de Mayo, Piñera remarcó su importancia: “Tenemos la más firme intención de priorizar las energías limpias y renovables”, planteó, aunque agregó a continuación que no se puede renunciar a proyectos hidroeléctricos y termoeléctricos: “Aquellos que dicen que en las energías limpias y renovables está la solución a nuestro problema, están induciendo a error a nuestros compatriotas”, fue su postura.
La ministra de Medioambiente, María Ignacia Benítez, asegura que se está trabajando para impulsar rápidamente el crecimiento de las energías renovables. “La meta del 20% al 2020 es una aspiración. Tenemos que hacer el esfuerzo”, dice. Para ello, este año se destinarán US$ 85 millones al desarrollo de las ERNC, que irán, entre otras cosas, a investigación, subsidios para proyectos y el mejoramiento de la línea de transmisión.
Además, hay proyectos que podrían cambiar radicalmente el panorama actual. Uno de los más interesantes es el que se refiere al net metering. Este sistema consiste en que los propios ciudadanos sean generadores de energía: si tienen un panel solar, por ejemplo, podrían producir energía renovable en su casa e inyectarla al sistema eléctrico, bajando la cuenta de la luz o incluso recibiendo algunos incentivos. Aunque suena complejo, ya es una realidad en países como Alemania y el gobierno está impulsando una ley en el Congreso en esa misma línea. ¿Podría funcionar? Según Roberto Román, tiene buenas perspectivas: “Almería, en España, es el mejor lugar de Europa para recibir energía solar. Y Santiago es como Almería”.
Extraido de QUE PASA
Título original: Energía 20/20

Echele un Vistazo a la Patagonia Desconocida

Miles no podemos estar equivocados en defender la Patagonia chilena de represas

Amigos


Comparto con ustedes este hermoso y sentido texto de Francisco Fantini.

La Patagonia Chilena merece el esfuerzo de defenderla, a pesar de ser el botín de empresarios que solo ven en ella recursos gratis para lucrar con un bien que no solo nos pertenece a todos los chilenos, sino patrimonio de toda la Humanidad.
Miles no podemos estar equivocados en defender la Patagonia chilena de represas.
Los invito a seguir manifestando su rechazo a las represas en la Patagonia, sino también al megatendido que amenaza los 2300 kms del territorio nacional.

Ginnia Silva Amaya.

Leer publicación “Patagonia sin Chile” de Francisco Fantini

Patagonia sin Chile

por Francisco Fantini J. (*)
Basta mencionar la palabra “Patagonia” para que la conciencia despierte la fantasía de un mundo inexplorado y puro. Durante estas últimas semanas, en que las masas se han sacudido del letargo consumista, hemos advertido cómo los chilenos se han apoderado de esta denominación histórica. En todo el país la Patagonia ha sido aclamada por multitudes y ya representa los ideales de varias generaciones que jamás han sido escuchadas.
 
Pero sabemos realmente lo que representa la Patagonia en la historia de Chile?

Desde que los españoles trazaron sus mapas en el Nuevo Mundo, los territorios patagónicos se ubican al sur de una línea imaginaria que cubre el cono sur del continente americano siguiendo el curso del Río Negro en Argentina y el Río Calle Calle en Chile. En nuestro país estas extensiones son equivalentes a un tercio del territorio.

A nivel mundial la Patagonia es un destino conocido y posicionado tanto como Amazonas, Sahara o Himalaya. Asimismo estos territorios australes encarnan la idea del “Fin del Mundo”, concepto que genera fascinación planetaria por representar una alternativa de vida al ciudadano moderno y esencialmente urbano.

Pese a estos atributos Chile ha renegado de la Patagonia propiciando abusos contra sus pueblos originarios y el entorno natural. A comienzos del siglo XX los chilenos perpetraron la extinción de los pueblos yamana, selknam, aonikenk y kawésqar. Luego la codicia de los oligarcas motivó el incendio de miles de hectáreas de bosque nativo provocando pérdidas irreparables. En tanto los dominios marinos han sido devastados por años de pesca de arrastre y la proliferación de cultivos de salmones sin ninguna exigencia medioambiental.

En los tiempos de la dictadura, con el famoso trazado de la carretera austral, los apóstoles de Pinochet se adueñaron de inmensas porciones de tierra que hasta entonces estaban deshabitadas. Con la venta de estas propiedades fiscales, los militares en retiro enriquecieron su pensión y elevaron su estatus social. De este modo los territorios patagónicos quedaron en pocas manos, con escasa conectividad y fuera de la conciencia colectiva nacional.

Hasta la fecha poco les ha importado a las autoridades chilenas que la Patagonia conecte dos océanos, sea la plataforma a los dominios antárticos, posea tierras jamás fertilizadas ni contaminadas, ostente la reserva de agua más importante del planeta, tenga amplia gama de recursos alimenticios, esté posicionada como destino turístico de clase mundial y ofrezca inmensas posibilidades de desarrollo sustentable.

Mientras los chilenos se esmeran en la destrucción de su patrimonio natural, en las escuelas públicas argentinas se enseñan las particularidades de su Patagonia. El Estado trasandino fomenta el acceso a libros que estimulan el conocimiento de la geografía, la historia, la biología y la gastronomía patagónica. De este modo los argentinos saben lo que tienen y se han posicionado como un país patagónico acaparando millones de turistas al año. Esta política comprometida con el conocimiento, el cuidado y la soberanía también les ha permitido adueñarse de gran parte de la Patagonia chilena sin que vuele una bala.

En tanto las autoridades chilenas se han limitado a organizar el país a partir de las divisiones políticas administrativas heredadas de la dictadura abusando del centralismo, depreciando el territorio y oscureciendo el horizonte del conocimiento. Aún no ha habido un pronunciamiento oficial sobre la Patagonia chilena, sus límites y su historia. Tampoco la Patagonia chilena ha figurado entre los bienes nacionales ni se ha trazado una estrategia para su posicionamiento mundial. Menos se ha garantizado su cuidado ni tampoco se ha estimulado su desarrollo sustentable.

En su discurso del 21 de mayo, el Presidente chileno evitó utilizar la palabra “Patagonia” porque le teme a la potencia que encierra esta denominación histórica que ha llenado las calles de manifestantes. Cuando se refirió a las cuestionadas megacentrales hidroeléctricas se limitó a decir que era un proyecto en una región del sur de Chile, eludiendo la discusión por el tremendo negocio que destruirá la Patagonia por siempre.

Este oscurantismo de las autoridades ha mantenido a la población ignorante de sus recursos. De esta forma el Estado chileno ha cometido todo tipo de abusos contra el medioambiente, la propiedad pública, la conectividad y el conocimiento.

La única solución que se vislumbra es la Patagonia sin Chile. Bastante han sido los daños ocasionados y que quiere seguir ocasionando nuestra bandera tricolor. Mientras sean los mismos los que deciden por todos, más vale una Patagonia sin Chile y así preservar los recursos que le pertenecen a toda la humanidad.

 (*): Licenciado en Comunicación Social y Periodista UC, franciscofantini@gmail.com

Aportado por Ginnia Silva Amaya @ginniasa

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