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Hessel, Indignate

¡Indignate! de Hessel: Crear es Resistir, Resistir es Crear

por Carlos Espinoza

Redactor de la Declaración de Derechos Humanos, Hessel luchó en la Resistencia contra el régimen nazi. El año pasado publicó “Indignez-vous”, ya ha vendido más de un millón de ejemplares y en las concentraciones españolas se exhiben imágenes con su rostro. Presentamos fragmentos escogidos de su texto, que ayudan a entender los recientes movimientos ciudadanos.

Stéphane Hessel nació en Berlín en octubre de 1917, pero vive desde los 7 años en París. Es hijo de Franz Hessel, un destacado intelectual alemán de principios del siglo XX. Sus padres vivían en un entorno culto y eran amigos de Picasso, Duchamp y Walter Benjamin. Se dice que el affaire de su madre con el escritor y art dealer Henri-Pierre Roché habría inspirado la película “Jules et Jim” de Truffault.

Es que la vida de Hessel da para una novela. En 1940 se rebela contra Petain, se une a la Resistencia francesa y se pone bajo las órdenes del general De Gaulle en Londres. Trabaja como espía en Francia y es apresado por la Gestapo en 1944. Es torturado y escapa de la muerte en Buchenwald al cambiar su identidad por la de otro encarcelado. Tras la guerra se convierte en diplomático, colabora con las Naciones Unidas y forma parte del equipo redactor de la Declaración Universal de Derechos Humanos, en 1948. Más tarde llamó la atención sobre la causa palestina y viaja varias veces a Gaza.

Escrito a los 93 años, su breve manifiesto “Indignez-vous” -que muchos califican de “panfleto”- fue publicado el año pasado en Francia por la minúscula editorial Indigène y se convirtió sorpresivamente en un bestseller. En español, la versión editada por Debate tiene un prólogo del escritor ibérico José Luis Sampedro, titulada “Yo también”. Una serie de países europeos se aprontan a traducirlo y está en curso su publicación en Estados Unidos y China.

En su manifiesto, Stéphane Hessel recuerda que “el motivo de base de la Resistencia era la indignación” y llama a las jóvenes generaciones a tomar el relevo a través de la resistencia pacífica. “No me sorprende que la palabra ‘indignaos’ haya sacudido las cabezas: es una palabra muy política en el contexto actual. Los pueblos se sienten dirigidos de forma imperfecta por sus gobernantes y quieren una renovación de la democracia”, subraya Hessel desde Berlín.

Fuente de inspiración de un movimiento ciudadano nacido en España, también expresa su confianza en la juventud española y “en su forma de comunicarse y movilizarse”, como la masiva acampada en la madrileña Puerta del Sol, autodenominada “Los indignados”, en referencia a las palabras de Hessel.

Aunque aclara que “no he recibido ningún mensaje de ellos directamente, constato que muchos tienen el librito. En España ha sido traducido a las cuatro lenguas: castellano, catalán, vasco y gallego”, precisa Hessel. En la ciudad de Figueras (Cataluña) “vimos una foto gigante de Stéphane Hessel junto a la de Gandhi en la plaza donde se ven reunidos los jóvenes contestatarios”, explica Jean-Pierre Barou, uno de los responsables de la editorial Indigène.

“No esperaba participar en este despertar de los apartados de la sociedad y no siento un orgullo personal. Pero constato con mucha satisfacción que el mensaje que intenté transmitir ha recibido el apoyo de los jóvenes europeos”, asegura Hessel.

Según él, el movimiento ciudadano que se está extendiendo por otras ciudades europeas “es por supuesto una consecuencia de la primavera árabe que tendrá repercusiones en otros países, en particular en España, pero no sólo allí”.

“Mi mensaje a esta juventud es el siguiente: estén atentos a todo lo que ponga en riesgo o pueda perjudicar el buen desarrollo de la democracia. Respeten los valores de la Resistencia: el respeto hacia el más débil y el rechazo a dejarse manipular por las fuerzas del dinero”, dice el autor de “Indignez-vous!”.

Según el New York Times, el manifiesto ha sido criticado por ser simplista, carecer de valor literario y limitarse a criticar el statu quo . De acuerdo con el filósofo francés Luc Ferry, la indignación es el último sentimiento que necesita Francia hoy. “Se aplica sólo a los demás, nunca a uno mismo y la verdadera moralidad comienza con las exigencias que la persona se formula a sí misma”.

También se ha acusado a Hessel de antisemita, lo que él niega con vehemencia. Mientras tanto, “Indignez-vous”, sigue esparciéndose por el mundo a una velocidad insospechada.

(Myriam Chaplain Riou, AFP)

Fragmentos escogidos del libro

Noventa y tres años. Es la última etapa. El fin no está lejos. Qué suerte poder aprovecharla para recordar lo que ha servido de base a mi compromiso político: los años de resistencia y el programa elaborado hace 70 años por el Consejo Nacional de la Resistencia. A Jean Moulin le debemos, dentro del marco de este Consejo, el agrupamiento de todos los componentes de la Francia ocupada, los movimientos, los partidos, los sindicatos, con el fin de proclamar su adhesión a la Francia combativa y a su único jefe reconocido: el general De Gaulle. Desde Londres, donde me reuní con el general De Gaulle, en marzo de 1941, me llegó la noticia de que el Consejo había puesto en marcha un programa (adoptado el 15 de marzo de 1944) que proponía para la Francia liberada un conjunto de principios y valores sobre los que se asentaría la democracia moderna de nuestro país.

Estos principios y valores los necesitamos hoy más que nunca. Es nuestra obligación velar todos juntos para que nuestra sociedad siga siendo una sociedad de la que podamos sentirnos orgullosos, y no esta sociedad de indocumentados, de expulsiones, de sospechas con respecto a la inmigración; no esta sociedad en la que se ponen en cuestión las pensiones, los logros de la Seguridad Social; no esta sociedad donde los medios de comunicación están en manos de los poderosos. Todas estas son cosas que habríamos evitado apoyar si hubiéramos sido verdaderos herederos del Consejo Nacional de la Resistencia.

A partir de 1945, después de un drama atroz, las fuerzas internas del Consejo de la Resistencia se entregan a una ambiciosa resurrección. Se crea la Seguridad Social como la Resistencia deseaba, tal y como su programa lo estipulaba: “un plan completo de Seguridad social que aspire a asegurar los medios de subsistencia de todos los ciudadanos cuando éstos sean incapaces de procurárselos mediante el trabajo”; “una pensión que permita a los trabajadores viejos terminar dignamente su vida”. Las fuentes de energía, electricidad y gas, las minas de carbón y los bancos son nacionalizados.
El programa recomendaba “que la nación recuperara los grandes medios de producción, fruto del trabajo común, las fuentes de energía, los yacimientos, las compañías de seguros y los grandes bancos”; “la instauración de una verdadera democracia económica y social, que expulse a los grandes feudalismos económicos y financieros de la dirección de la economía”. El interés general debe primar sobre el interés particular, el justo reparto de la riqueza creada por el trabajo debe primar sobre el poder del dinero. La Resistencia propone “una organización racional de la economía que garantice la subordinación de los intereses particulares al interés general y que se deshaga de la dictadura profesional instaurada según el modelo de los Estados fascistas”, y el gobierno provisional de la República toma el relevo.

Una verdadera democracia necesita una prensa independiente; la Resistencia lo sabe, lo exige, defiende “la libertad de prensa, su honor y su independencia del Estado, de los poderes del dinero y de las influencias extranjeras”. Esto es lo que, desde 1944, aún indican las ordenanzas en relación a la prensa. Ahora bien, esto es lo que está en peligro hoy en día.

La Resistencia llamaba a la “posibilidad efectiva para todos los niños franceses de beneficiarse de la mejor instrucción posible”, sin discriminación; ahora bien, las reformas propuestas en 2008 van contra este proyecto. Jóvenes profesores, a los cuales apoyo, han peleado hasta impedir la aplicación de estas reformas y han visto disminuidos sus salarios a modo de penalización. Se han indignado, han “desobedecido”, han considerado que estas reformas se alejaban del ideal de la escuela republicana, que estaban al servicio de la sociedad del dinero y que no desarrollaban suficientemente el espíritu creativo y crítico.

Es la base de las conquistas sociales de la Resistencia la que hoy se cuestiona.

El motivo de la resistencia es la indignación

Se tiene la osadía de decirnos que el Estado ya no puede asegurar los costes de estas medidas sociales. Pero cómo puede faltar hoy dinero para mantener y prolongar estas conquistas, cuando la producción de la riqueza ha aumentado considerablemente desde la Liberación, periodo en el que Europa estaba en la ruina, si no es porque el poder del dinero, combatido con fuerza por la Resistencia, no ha sido nunca tan grande, tan insolente y tan egoísta con sus propios servidores, incluso en las más altas esferas del Estado. Los bancos, una vez privatizados, se preocupan mucho por sus dividendos y por los altos salarios de sus dirigentes, no por el interés general. La brecha entre los más pobres y los más ricos no ha sido nunca tan grande, ni la búsqueda del dinero tan apasionada.

El motivo principal de la Resistencia era la indignación. Nosotros, veteranos de los movimientos de resistencia y de las fuerzas combatientes de la Francia libre, llamamos a las jóvenes generaciones a vivir y transmitir la herencia de la Resistencia y de sus ideales. Nosotros les decimos: tomad el relevo, ¡indignaos! Los responsables políticos, económicos e intelectuales, y el conjunto de la sociedad no deben dimitir ni dejarse impresionar por la actual dictadura de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia.
Os deseo a todos, a cada uno de vosotros, que tengáis vuestro motivo de indignación. Es algo precioso.
Cuando algo nos indigna, como a mí me indignó el nazismo, nos volvemos militantes, fuertes y
comprometidos.
Volvemos a encontrarnos con esta corriente de la historia, y la gran corriente de la historia debe perseguirse por cada uno. Y esta corriente nos conduce a más justicia y libertad; pero no a la libertad incontrolada de la zorra en el gallinero. Estos derechos, recogidos en 1948 en un programa de la Declaración Universal, son universales. Si conocéis a alguien que no los disfruta,compadecedlo, ayudadle a conseguirlos.

(…)

La no violencia, el camino que debemos aprender a seguir

Estoy convencido de que el futuro pertenece a la no violencia, a la conciliación de las diferentes
culturas. Por esta vía, la humanidad deberá franquear su próxima etapa. Y aquí coincido con Sartre: uno no puede excusar a los terroristas que arrojan bombas, pero puede comprenderlos. Sartre escribió en 1947: “Reconozco que la violencia bajo cualquier forma que se manifieste es un fracaso.
Pero es un fracaso inevitable porque estamos en un universo de violencia. Y si es verdad que el recurso a la violencia hace que la violencia corra el riesgo de perpetuarse, también es verdad que es el único medio de hacerla cesar”. A lo que yo añadiría que la no-violencia es una manera más segurade hacerla cesar. No se puede apoyar a los terroristas como Sartre lo hizo, en nombre de ese principio, durante la guerra de Argelia, o a propósito del atentado de los juegos de Munich, en 1972, cometido contra atletas israelíes.
No es eficaz, y Sartre mismo acabará por preguntarse al final de su vida por el sentido del terrorismo y a dudar de su razón de ser. Decirse “la violencia no es eficaz” es más importante que saber si se debe condenar o no a aquellos que la utilizan.

El terrorismo no es eficaz.

En la noción de eficacia, es necesaria una esperanza no-violenta. Si existe una esperanza violenta es la de la poesía de Guillaume Apollinaire: “Que l”esperance est violente”; no en política. Sartre, en marzo de 1980, tres semanas antes de morir, declaraba: “Hay que intentar explicar por qué el mundo de hoy, que es horrible, no es más que un momento en el largo desarrollo histórico, que la esperanza ha sido siempre una de las fuerzas dominantes de las revoluciones y de las insurrecciones, y cómo todavía siento la esperanza como mi concepción del futuro”.

Hay que entender que la violencia vuelve la espalda a la esperanza. Hay que preferir la esperanza, la esperanza de la no-violencia. Es el camino que debemos aprender a seguir. Tanto por parte de los opresores como por parte de los oprimidos, hay que llegar a una negociación para acabar con la opresión; esto es lo permitirá acabar con la violencia terrorista. Es por eso que no se debe permitir que se acumule mucho odio.

El mensaje de alguien como Mandela, como Martin Luther King, encuentra toda su pertinencia en un mundo que ha sobrepasado la confrontación de las ideologías y el totalitarismo. Es un mensaje de esperanza en la capacidad que tienen las sociedades modernas para sobrepasar los conflictos por medio de una comprensión mutua y de una paciencia vigilante. Para llegar a ello, es necesario basarse en los derechos, cuya violación, sea quien sea el autor, debe provocar nuestra indignación. No debemos consentir la transgresión de estos derechos.

(Traducción de María Belvis Martínez García)

Extraido de YANKY……Carlos Espinoza Jara
Título Original: “¡Indígnate!”, el manifiesto de Stéphane Hessel que inspira las protestas en España, llega a Chile.

Texto Integro en PDF

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